Una izquierda perdida

Las conspiraciones y deslealtades que han vuelto a aflorar esta semana en Podemos y la OPA hostil del PSOE a la alcaldesa morada de Madrid explican por qué en pleno hundimiento del PP sólo emerge como alternativa Ciudadanos

Una izquierda perdida
ALBERTO AYALA

Si alguien albergaba todavía alguna duda de por qué en pleno hundimiento del Partido Popular la única alternativa que emerge en todas las encuestas se llama Ciudadanos, el partido que lidera Albert Rivera, y la izquierda -tanto el PSOE de Pedro Sánchez como Podemos, el grupo de Pablo Iglesias- ni está ni de momento se le espera, los acontecimientos de esta semana le habrán resultado clarificadores.

Con Mariano Rajoy contra las cuerdas por el 'mastergate' de la presunta tramposa Cristina Cifuentes y puede que hasta rezando en la intimidad a ver si el PNV de Andoni Ortuzar y del lehendakari Iñigo Urkullu deja sus remilgos catalanes y le apoya los Presupuestos, a cambio de una buena dote con la que seguir financiando una política tan inteligente como clientelar, no se les ocurre nada mejor a nuestros progresistas que permitir que se filtren dos noticias letales para sus intereses.

La primera, la oferta de Carolina Bescansa a Íñigo Errejón para unir fuerzas y derrocar al caudillo Iglesias. Propuesta que era rápidamente descartada por el presidenciable podemita a la Comunidad de Madrid. La segunda, el sondeo exploratorio del PSOE a la actual alcaldesa de la capital de España, Manuela Carmena, allá por el mes de diciembre, para que no repita por la coalición morada -de algunos de cuyos miembros está literalmente harta- y encabece la plancha socialista.

Por una vez, y ya veremos si sirve o no de precedente, los morados han sabido guardar los cuchillos a tiempo y buscar la solución menos perjudicial para sus intereses. Así, Iglesias y Errejón daban por superado el 'incidente' en unas horas y pactaban una lista de integración a la comunidad. El daño derivado del ruido de sables ya estaba hecho, pero al menos no se cobrará nuevas víctimas por ahora.

El PSOE, por su parte, también ha intentado dejar atrás el episodio Carmena rápidamente, ya que no parece que la alcaldesa esté por ponerse a tiro. Lo que no ha podido evitar es transmitir la sensación de que el socialista se ha convertido en un partido tan venido a menos que carece de un candidato medianamente aceptable para aspirar con opciones a hacerse con el sillón que un día ocupó el 'viejo profesor' Enrique Tierno Galván. Aunque fuera porque el limitado respaldo popular que obtuvo en las urnas su PSP y las deudas que acumuló forzaron su integración en el partido que apoyaba la Internacional Socialista, el PSOE de Felipe González.

Izquierda en España se sigue escribiendo, pues, con 'd' de división, con 'c' de confusión y con 'f' de fragmentación. Los partidos de Sánchez y de Iglesias no sólo se siguen mostrando incapaces de plantear una oferta política capaz de ilusionar a una mayoría de la sociedad española, que parece cansada de la inacción tras las políticas de ajuste duro y los escándalos del PP. Es que ni tan siquiera logran zanjar sus cuitas internas. Sánchez con la vieja guardia y Susana Díaz. Iglesias con los perdedores del cónclave de Vistalegre II y los anticapitalistas.

Caídas a los infiernos

Si no llega pronto el golpe de timón, las izquierdas españolas, en especial el PSOE, podrían seguir el camino hacia la progresiva pérdida de influencia de otros partidos socialistas y socialdemócratas europeos. Como el histórico SPD alemán, el moderno PD (Partido Democrático) italiano y, sobre todo, el PSF francés.

El socialismo francés, que ha sufrido importantes deserciones en pocos meses -incluido el liberal Manuel Valls, hoy pretendido por Ciudadanos como alcaldable para Barcelona-, apenas representa en este momento al 6,5% de los franceses y sólo tiene 27 diputados en una Asamblea Nacional de 577 escaños. El SPD, tras caer al 21,6% de los votos, acaba de aceptar repetir gran coalición con Angela Merkel, tras jurar y perjurar a su electorado que no lo volvería a hacer. El PD de Matteo Renzi ha perdido el poder definitivamente en Italia pese a aprobar deprisa y corriendo una nueva ley electoral acorde a sus intereses.

Si el PNV apoya finalmente el Presupuesto a Rajoy en mayo, como arde en deseos de hacer, y sigue la legislatura, Sánchez e Iglesias tendrán unos meses más para reencauzar el rumbo de sus organizaciones y volver a conectar con cientos de miles de antiguos votantes. Si no es así y la legislatura acaba de manera abrupta no parece descartable que las fuerzas de izquierda se vieran desplazadas al tercer lugar y cuarto lugar del escalafón tras PP y C's o C's y PP.

Hace relativamente pocos años hubiera resultado impensable la desbandada que ha sufrido el PSC, en este momento cuarta fuerza política del Parlamento catalán con apenas 17 escaños de un total de 135. O que el PSE ocupara el mismo lugar en la Cámara vasca -tras PNV, la izquierda abertzale e incluso Elkarrekin Podemos- con apenas 9 parlamentarios de 75.

El socialismo catalán es oposición y no parece que vaya a tocar poder en poco tiempo dada la persistencia de una política de bloques en Cataluña. El PSE endulza las hieles de su pérdida de peso compartiendo poder con el PNV en la mayoría de las instituciones vascas en una posición de evidente supeditación política.

De ser tercero en las urnas, ¿veremos plantearse al PSOE ser el socio menor de C's en un Gobierno presidido por Rivera con tal de desalojar al PP de La Moncloa?

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