El independentismo asume que la secesión va para largo

Cientos de personas con banderas de estelada este miércoles en Barcelona./EP
Cientos de personas con banderas de estelada este miércoles en Barcelona. / EP

Casi todos los sectores admiten que el independentismo necesita al menos el 50% de los votos en unas elecciones

CRISTIAN REINO

La ANC afirmó en 2015, en la previa a la Diada, que la manifestación de ese año sería la última de Cataluña como comunidad autónoma. Ya estaban convocadas las elecciones del 27-S, que el independentismo presentó como comicios plebiscitarios y como el referéndum definitivo. Tras la victoria secesionista, Puigdemont prometió la independencia en 18 meses. Era cuando Gabriel Rufián decía que estaría año y medio como diputado en Madrid, haciendo labores de diplomacia internacional, y que luego regresaría a Cataluña al nuevo Estado catalán. Al año siguiente, la ANC insistió en la inmediatez de la secesión: «Estamos a punto».

Mucho ha llovido desde entonces: un referéndum ilegal, una declaración unilateral de independencia, la destitución de todo un gobierno, la aplicación del 155 y el encarcelamiento y juicio de los responsables del 'procés'. Cataluña sigue siendo una comunidad autónoma y el independentismo empieza a asumir sus límites. Ni la independencia está a punto, ni a tocar con los dedos ni ha llegado la hora. Sin embargo, lo que se admite en privado sigue sin tener un relato similar en público.

Quim Torra, cuando no aún era presidente de la Generalitat, admitía, en privado, que el 47% era el gran talón de Aquiles del independentismo. 47% es el porcentaje de votos que han obtenido las fuerzas secesionistas en las dos últimas elecciones catalanas. Ese es su tope histórico. ERC fue la primera fuerza que asumió que mientras el independentismo no supere, como mínimo, el 50% del apoyo social, no podrá aspirar a volver a plantear un desafío al Estado. Los republicanos hablan de ampliar la base y son conscientes de la debilidad del independentismo en algunas zonas metropolitanas de Cataluña.

ERC no renuncia ni ha desertado del objetivo de la independencia, afirmó ayer Pere Aragonès, máximo ejecutivo de los republicanos. Era la respuesta a las acusaciones que recibe la formación desde las filas secesionistas de haberse plegado al autonomismo. El propio Aragonès plantea el pulso al Gobierno en términos de financiación autonómica. Y Marta Rovira, huida en Ginebra, y que fue quien más apretó a Puigdemont para que declarara la independencia desde el argumento de que el 1-O les daba un mandato democrático, admite ahora que el 1-O no tenía la suficiente legitimidad.

La propia ANC, que en público mantiene un discurso contundente y que meses atrás apretaba a Torra para que hiciera efectiva la República declarada el 27-O, reconoce que ya no hay respuestas «automáticas ni mágicas», como se pensaba que serían el 1-O y el 27-O.

La presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, admitió ayer que la vía unilateral solo tendrá legitimidad a su juicio si el independentismo supera el 50% de los votos en unas elecciones catalanas, lo que no ha ocurrido nunca.