Los gobiernos central y vasco y los jueces exigen a Bildu que salde su «deuda ética» y «deslegitime» a ETA
Los actos del Día de la Memoria y el homenaje a Lidón sirven para alertar del peligro de que la violencia regrese a las calles de Euskadi
Con un recuerdo explícito a las víctimas del terrorismo, en un día marcado por el acto que la Delegación del Gobierno en el País Vasco ... impulsa dentro de las convocatorias del Día de la Memoria y el celebrado en homenaje al juez José María Lidón, asesinado por ETA hace justo 24 años, las principales instituciones vascas apostaron ayer por una «explícita deslegitimación» de la banda terrorista y por recordar quiénes y «por qué asesinaron», y las razones por las que «muchos los defendieron o jalearon». Los mensajes tenían un destinatario claro que expuso de forma directa Imanol Pradales en el Parlamento al subrayar que la izquierda abertzale tiene «una tremenda deuda ética con la sociedad vasca».
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La exigencia generalizada para que tanto Sortu como EH Bildu den un paso más en lo que el lehendakari definió como su «viraje» para «incorporarse al sistema institucional vasco» llegó en un momento en el que se ha reabierto el debate sobre la radicalización de un sector de la juventud vasca y el temor a un rebrote de la kale borroka tras los incidentes vividos en las últimas semanas en Vitoria y Pamplona. Y, además, en una jornada con dos ceremonias que traían el recuerdo de lo vivido durante cinco décadas en Euskadi.
La primera, la celebrada en Ermua dentro del Día de la Memoria. La jornada se celebra oficialmente el 10 de noviembre. Se eligió esa fecha porque en ese día nadie ha sido asesinado por ningún grupo terrorista. El lunes habrá un acto en Vitoria presidido por el lehendakari y habrá otros más reducidos en varias localidades e instituciones. Pero desde hace unos años se realiza otra convocatoria complementaria impulsada por el centro con sede en Vitoria, que en esta ocasión se desarrolló en Ermua y que buscaba homenajear a unos colectivos muy concretos.
A aquellos grupos formados por personas de procedencias profesionales y vitales muy diferentes que en la Euskadi azotada por el terrorismo de los años ochenta y noventa se formaron con un único objetivo, el de «alzar la voz» contra la sinrazón de la violencia que literalmente desangraba a la sociedad vasca. Sus protestas silenciosas terminaron siendo multitudinarias y se convirtieron en la mejor respuesta que dio la ciudadanía de Euskadi a los fanáticos, y por ello sufrieron amenazas, coacciones y ataques directos.
Durante el acto, la delegada del Gobierno fue clara. Marisol Garmendia recordó que «solo desde la verdad se construye la convivencia, conociendo lo que pasó, quiénes fueron las víctimas y los victimarios». Un compromiso que «exige mantener viva la conciencia democrática de una sociedad vasca que todavía tiene deberes pendientes». Y añadió, en un claro mensaje a la izquierda abertzale: «Algunos vascos tienen más deberes pendientes que otros, todo sea dicho».
Garmendia se centró en los que «alzaron la voz pidiendo la paz y la palabra frente a la barbarie terrorista». En Gesto por la Paz, que con su «atronador silencio, en minoría para vergüenza de la mayoría, y con serenidad, recordó que la firmeza democrática no necesita vociferar». En Cristina Cuesta (directora de la Fundación Miguel Ángel Blanco), «cuya valentía personal y compromiso son ejemplo de ética cívica». En Imanol Zubero, «cuya reflexión serena ha sido guía para construir una cultura de paz». Y en los Escolapios e Itaka, porque «en tiempos de violencia, la escuela fue refugio».
«Cerrar la página»
A todos ellos se les recordó en un homenaje con un trasfondo similar al que se vivió poco después en Bilbao, en la sede del Tribunal de Justicia del País Vasco, donde colegas y autoridades recordaron a Lidón, asesinado por ETA el 7 de noviembre de 2001 al salir de su casa. Los discursos del presidente del TSJPV,Iñaki Subijana, y de la presidenta de la Audiencia de Bizkaia, Reyes Goenaga fueron en la misma línea. Contundente.
Subijana aseguró que la muerte de Lidón «se produjo en un contexto que conviene recordar por la semejanza que alguno de sus elementos tiene con lo acaecido en los últimos meses», en alusión al aumento de la violencia callejera. Por ello reclamó «la necesidad» de una memoria «que posibilite construir un presente y futuro» que «no tenga como ingrediente el olvido de lo sucedido» y que «garantice que el cierre de la página de ETA venga precedido de la explicita deslegitimación de su existencia y del nítido rechazo de los valores antidemocráticos en los que se asentó».
Goenaga, por su parte, confesó que «resulta descorazonador comprobar que en algunos ámbitos se sigue justificando la violencia», «que desde posiciones que justificaron o alentaron las acciones criminales se nos ofrecen lecciones frente al fascismo» y que «nuestros jóvenes no saben nada de esta realidad que fue tan profundamente injusta para tantos sectores del País Vasco».
A este marco se sumó el lehendakari. Fue escueto a una pregunta de Vox en el Parlamento, donde subrayó que la izquierda abertzale «mantiene una tremenda deuda ética con la sociedad vasca y un largo camino por recorrer en la deslegitimación de la violencia», tal y «como hemos podido comprobar recientemente».
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