Gobierno y Generalitat rebajan el tono, pero sin llegar a acuerdos sobre seguridad

El ministro Grande Marlaska accede al Palacio de la Generalitat acompañado del president Torra y del conseller Miquel Buch. /REUTERS
El ministro Grande Marlaska accede al Palacio de la Generalitat acompañado del president Torra y del conseller Miquel Buch. / REUTERS

El ministro se marcha de Barcelona sin conocer qué van a hacer los Mossos en la 'guerra de los lazos' y si actuarán ante el 'otoño caliente'

C. REINO / M. SÁIZ-PARDOBARCELONA | MADRID

Dicen, desde una parte y desde la otra, que lo más positivo de la junta de seguridad de Cataluña celebrada ayer fue el tono. En el Ministerio del Interior sorprendió, y mucho, ver a un Quim Torra metido en su papel institucional y con un discurso muy alejado de sus últimas intervenciones públicas. Dicen que, incluso, fue amable. Fernando Grande Marlaska también causó una buena impresión a los responsables de la Generalitat y en particular al consejero de Interior, Miquel Buch, hasta el punto de que ambos accedieron a comparecer juntos, algo que no estaba, ni mucho menos, cerrado antes de la cumbre.

Pero hasta aquí la sintonía, porque el único acuerdo real entre ambas partes fue no hacer públicos sus profundos desacuerdos y ocultar la negativa reiterada de los responsables de la Generalitat de comprometerse a nada. Escudándose una y otra vez en que las competencias de seguridad en Cataluña son «exclusivas» de los Mossos, ni Torra ni Buch aceptaron la ayuda que Marlaska ofreció a la Generalitat en forma de antidisturbios de Guardia Civil y Policía para el caso de que la amenaza del 'otoño caliente' que prometen los Comités de Defensa de la República (CDR) se haga realidad. Y eso que era uno de los puntos que Interior había logrado incluir en el orden del día.

El president y su consejero -apuntaron diversos participantes en el encuentro- esquivaron cualquier promesa y, sobre todo, se esmeraron con celo en no desvelar sus cartas. Marlaska y su equipo se marcharon de Barcelona sin saber si los antidisturbios de las Fuerzas de Seguridad del Estado se verán solos frente a los radicales llegado el caso.

Casi triunfalista

Y no solo. El ministro y los suyos cogieron el AVE de vuelta a Madrid sin tener la más mínima pista de qué actitud van a tomar a partir de ahora los Mossos en la denominada 'guerra de los lazos'. De nuevo, argumentaron desde la Generalitat, de haber incidentes por la puesta o retirada de símbolos, éstos serían una cuestión de exclusiva seguridad ciudadana que solo incumbe a la Policía autonómica.

El mensaje oficial de Interior, sin embargo, fue casi triunfalista. «Los acuerdos marcan la Junta de Seguridad de Cataluña», rezaba el título de la nota de prensa remitida por el Gobierno central a media tarde, esgrimiendo como gran logro del encuentro la incorporación de la Policía catalana al Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), un acuerdo prácticamente cerrado desde hace meses por el departamento que entonces dirigía Juan Ignacio Zoido.

Que el Ejecutivo central estaba mucho más interesado que el Govern en dar un mensaje positivo del encuentro lo demostró Grande Marlaska en la comparecencia con Buch, donde se mostró mucho más optimista que su interlocutor. «Esta junta es una manifestación clara de la voluntad de ambos de cooperar» y una muestra de la «lealtad institucional», llegó a afirmar. Buch, por su parte, también habló en términos de «colaboración» y «trabajo conjunto», pero poco más. A parte de la delegación del Gobierno central las palabras de Buch le sonaron más a las de un ministro extranjero en una cumbre bilateral.

En el controvertido tema de los lazos (escondido en el orden del día tras el eufemismo «convivencia en el espacio público») también el ministro fue más allá. Marlaska anunció que el Gobierno y la Generalitat han acordado garantizar la «neutralidad» en el espacio público. Habló en términos de «compromiso de garantizar un espacio público neutral» y le recordó al consejero de Interior que los Mossos deben actuar para que el espacio público no esté «monopolizado» por ninguna ideología, en este caso el amarillo que defiende la libertad de los dirigentes secesionistas que están en prisión. Eso sí, el ministro del Interior no precisó de qué manera se asegurará esa neutralidad ni qué pautas deberán seguir los Mossos.

El consejero catalán, en cambio, evitó referirse a acuerdos o compromisos y se limitó a decir que los Mossos intervendrán cuando alguien «busque algo más que un debate». Además, quiso marcar distancias respecto al pacto adelantado por el ministro y negó que en Cataluña haya un problema de convivencia.

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