La familia Buesa advierte de que las heridas «no sanarán hasta que el otro nos vea»

La esposa y las hijas de Fernando Buesa, en el acto en su memoria y en la de Jorge Díez celebrado ayer en Vitoria./igor aizpuru
La esposa y las hijas de Fernando Buesa, en el acto en su memoria y en la de Jorge Díez celebrado ayer en Vitoria. / igor aizpuru

Allegados y políticos recordaron ayer al dirigente del PSE y a Jorge Díez, asesinados por ETA hace 19 años

Lorena Gil
LORENA GIL

«Nació en Bilbao. Amante de su tierra, nunca quiso dejar el País Vasco». Hablando de su padre. Así arrancó ayer Sara Buesa su discurso durante el acto en memoria del socialista Fernando Buesa y su escolta, Jorge Díez, en Vitoria. Hoy se cumplen 19 años de su asesinato a manos de ETA. Recordó a la persona que se involucró en «la lucha por la libertad» en la época franquista y al político que se afanó en «tejer acuerdos» y «respetar» al que pensaba diferente. «Fue un hombre de paz», subrayó. Pero en sus palabras también dejó hueco para un doble mensaje. Abogó por una sociedad «abierta e inclusiva» que supere la división identitaria de años atrás y advirtió, con la vista puesta en la izquierda abertzale, de que las heridas de las víctimas «no sanarán hasta que el otro nos mire y 'nos vea'».

Una frase se le quedó grabada a Sara Buesa después de que ETA asesinara al empresario José Mari Korta en agosto de 2000, tan solo seis meses después del atentado contra su padre. La pronunció «el entonces diputado de Gipuzkoa», en alusión al jeltzale Román Sudupe. «ETA ha matado a un abertzale de verdad, a uno de los nuestros», espetó. «Esa frase fue demoledora», dijo ayer la hija del que fuera parlamentario del PSE. Para ella fue un ejemplo de cómo «no toda la ciudadanía era considerada parte de la comunidad vasca». Sara Buesa lamentó que sobre la base del ser nacionalista o no nacionalista «se configurara un 'nosotros' vasco cerrado, incapaz de integrar al otro». Incluso de llegar a «despreciarlo». En un principio esos «otros» fueron las fuerzas de seguridad 'opresoras' y años más tarde llegaría la 'socialización del sufrimiento'. «Fue entonces cuando la sociedad se sintió interpelada porque tenían a alguien cercano o conocido entre las víctimas», afirmó.

La hija de Fernando Buesa, en plena adolescencia, se sentía «encorsetada»: «¿Podía conectar con las reivindicaciones sociales, feministas etcétera del grupo de Ikasle Abertzaleak y al mismo tiempo espantarme con su defensa de la lucha armada y no secundar las huelgas que convocaban?», se preguntó. «Recuerdo en una ocasión, cuando ya habían matado al aita y yo estaba preparando el EGA, una persona me dijo: '¿Cómo puedes estudiar euskera después de lo que os ha pasado?' Yo pensé, qué tendrá que ver», reveló ayer Sara en su discurso. Al homenaje en el Artium de Vitoria, en el que también participó la catedrática de Ética y Filosofía Jurídica, Moral y Política Adela Cortina, acudieron allegados de las víctimas y políticos de diferente signo.

«Espina clavada»

La vicepresidenta de la fundación que lleva el nombre de su padre reivindicó «una nueva manera de entender la identidad» y emplazó a los ciudadanos a «sentir empatía» más allá del «círculo de personas que son parte de nuestra comunidad». Y es precisamente ahí donde entra la cercanía hacia las víctimas. «Yo he vivido el duelo por la pérdida de aita y he hecho mi propio proceso personal de superación, pero en el fondo de mi corazón hay clavada una espina que me produce dolor cuando veo que hay personas que no fueron, ni son a día de hoy, capaces de ver en aita, en Jorge y en tantos otros a los seres humanos únicos e irrepetibles que eran; que no fueron, ni son capaces todavía de ponerse en nuestra piel y comprender el daño que nos hicieron», lamentó Sara Buesa, en alusión a la izquierda abertzale. «Muchas heridas no curadas no van a sanar mientras el otro no nos mire y 'nos vea'».