El esposo de Pilar Goya

Iñaki Anasagasti
IÑAKI ANASAGASTI

Así nos dijo un día Rubalcaba lo que era. Ni químico, ni jefe del comando Rubalcaba, sino el esposo de alguien de la saga gasteiztarra de «Vasquitos y Neskitas». Por eso, una vez que  le acompañé a Xabier Arzalluz a hablar con él, le llevamos una cajita de estos chocolates. Me acuerdo de su cara pícara al recibirla y sus risas cuando Xabier le decía que tenía pinta de judío ropevejero. Nunca nos clavó nada por la espalda como decían de él. «Rubalcaba, te das la vuelta y te la clava». Todo lo contrario. Cada cierto tiempo organizaba en Madrid una reunión con María Antonia Iglesias, Benegas, y varias periodistas. Le fascinaba la claridad de Arzalluz. Todos han fallecido. Se clarean las filas. Impresiona.

Además de inteligente y un maestro del regate en corto era un tipo que tenía mucho sentido del humor, relativizaba las cosas y no se las tomaba a la tremenda. Con él se podía negociar y además te explicaba el por qué no podía transferir esto o lo otro y quien era el malo de la película y los esfuerzos que hacía para vencer resistencias e inercias seculares. No él, que era de Solares, pariente de nuestro Pepe Rubalcaba y un  socialista que nos apreciaba. Y, a pesar de ser vicepresidente del gobierno, portavoz parlamentario, ministro del interior o lo que fuera, no te miraba nunca por encima del hombro. Eso se agradece cuando hay tanto chiquilicuatro que le dan un galoncito y se creen San Dios.

Le conocí nada más llegar a Madrid en 1986. Era el secretario de estado de Educación con Solana y me citó en el Ministerio para hablar de la LODE. Fui con Iñaki Zarraoa y en una tarde dimos cuenta de todas las enmiendas. Era un negociador duro, pero comprensivo y se ponía en tus zapatos. Desde entonces, a pesar de todas las discrepancias, mantuvimos un hilo caliente de relación y hace poco me llamó para tener una reunión de viejos rockeros en Madrid. Pospuse el viaje y me arrepiento de ello.

Negocié con él en media hora la transferencia  de aguas hace veinticinco años. Me pidió tiempo para hablar con Felipe González y lograr el permiso político, con Jerónimo Saavedra el de Administraciones Públicas  y con Josep Borrell para la financiación de la transferencia y en hora y media estaba lista una competencia estancada catorce años, fuímos la última Autonomía en lograrlo,

pues estaba estancada como el agua de una piscina en invierno y fue gracias a él porque hoy en día en Madrid ni se lo plantearían. Como consecuencia de esto Jon Zabalia fue presidente de la Comisión y nosotros logramos, en virtud de esta transferencia el que ya no se produzcan inundaciones ni en Getxo, ni en Basauri, Etxebarri, ni en el Urumea y se hayan podido realizar los saneamientos de Donostialdea, Urdaibai y espero que en breve el Alto Nervión pues han aprobado hace tres semanas la licitación de las obras. Si, ya sé que lo hicimos como en un zoco, y que es una ley orgánica, pero es que desgraciadamente en Madrid o actúas así o te quedas para vestir santos.

La última vez que le vi estaba atribulado por lo que estaba viviendo en su partido y me dijo  poniendo la mano en el pecho. «Iñaki, he llegado a la conclusión que solo se puede hacer política en serio con los de tu misma generación. Ahora nada vale nada y eso lo trastoca todo».

Siento su prematuro fallecimiento, aunque como él mismo decía «España sabe enterrar muy bien a sus muertos». Lástima no lo consideraron más en vida. Ocurre en todos los partidos. Y nadie desgraciadamente aprende en cabeza ajena.