ESPAÑA UNIDA Y POLíTICOS UNIDOS

El presidente de VOX, Santiago Abascal (2i), el líder del PP, Pablo Casado (4i), y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera (d), junto a otras personalidades de la política española./efe
El presidente de VOX, Santiago Abascal (2i), el líder del PP, Pablo Casado (4i), y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera (d), junto a otras personalidades de la política española. / efe
DIEGO CARCEDO

La manifestación e la plaza de Colón ha sido un éxito de público, de banderas españolas y de fervor patriótico. No voy a discutírselo a sus promotores: todo el arco del centro derecha, la derecha constitucional y la extrema derecha que en los últimos tiempos vuelve a levantar la cabeza, concitaron una gran concentración de personas de todas las condiciones. Viendo las imágenes queda claro que unas cuantas decenas de miles de españoles, si es que no centenas, quieren una España unida, como la inmensa mayoría, y que el Gobierno convoque elecciones inmediatas.

Bien, pero y, ¿después de este éxito? Llegado el momento del análisis y la reflexión las preguntas se agolpan entre las letras del ordenador. Una es ¿por qué esto no se debatió en el Parlamento? Es el lugar adecuado donde todos estamos representados. En el centro de todo está, por supuesto, el conflicto catalán; es la mayor preocupación y se impone la búsqueda de fórmulas para resolverlo. Hasta ahora no se han encontrado ni apenas se han buscado. Y la opinión general, exceptuada la de algunos exaltados, coincide en que la solución tiene que llegar por el diálogo.

No por la fuerza de ninguna de las partes. Es lo primero que se impone evitar y desde luego a través del entendimiento; con la razón. Nunca a través de las bravatas de Torra o las actuaciones filo terroristas de los CNR, con quienes resulta evidente que es imposible entenderse. Los políticos constitucionalistas tienen que conseguirlo desde su unidad y negociando la Constitución de todos en las manos. No es una obligación exclusiva del Gobierno sino de todos y esto no ha ocurrido. Exhibiciones de exaltación de pequeñas diferencias sólo llevan a abrir más la división existente. Se impone recuperar la unidad de los que participaron en la manifestación y de los que se quedaron en sus casas.

La manifestación de hoy por el contrario ha dejado en el aire la imagen del enfrentamiento entre la derecha y la izquierda ante algo que debe unirles. El detonante último fue la propuesta de un relator en las conversaciones entre los partidos de uno y otro ámbito. Craso error del Gobierno de Sánchez que no aprendió que con los hooligans del independentismo debe actuar con todas las cautelas. Era una sugerencia con trampa, que sólo serviría para proporcionarles argumentos a los independentistas en sus campañas internacionales. Ahora se impone que los líderes que comparten la defensa de la unidad de España se sienten a discutir y buscar estrategias conjuntas. Es decir, a hacer política de Estado, por encima de las diferencias partidarias.

No se ha hecho hasta ahora y quizás más que disculpar a alguien por el fallo lo que habría que hacer es culpabilizarnos todos. El conflicto abierto no debe ser abandonado a su suerte. Los convocantes de la manifestación estarán satisfechos de su capacidad de convocatoria, es lógico, mientras que muchos ciudadanos, también españoles, se preguntarán si habrá servido para que todos aprendamos la lección de que, ante el conflicto catalán se impone la unidad, que tantos compartimos.