España aspira a la vicepresidencia de la Comisión y a liderar la Eurocámara en la renovación de la UE

España aspira a la vicepresidencia de la Comisión y a liderar la Eurocámara en la renovación de la UE

Sánchez, que jugará las bazas de Josep Borrell y Nadia Calviño, ha sido elegido negociador jefe de los socialdemócratas europeos de cara al gran baile de sillas de este año

Adolfo Lorente
ADOLFO LORENTE

Comienza el gran baile de sillas en la cúpula de la Unión Europea, cuyo sanedrín quedará descabezado casi en su totalidad en la segunda mitad del año tras la celebración de las elecciones comunitarias del día 26. Se busca presidente de la Comisión, del Consejo, del Parlamento, del Banco Central Europeo, para la Alta Representación Exterior... Es el momento de la 'finezza' diplomática, de reivindicarse, de tocar poder. Llega la hora de la verdad.

El tren no volverá a pasar hasta dentro de cinco años y España, después de muchísimo tiempo, vuelve a estar muy bien colocada para subirse a los primeros vagones. «España puede. Pedro Sánchez tiene muchas cartas y puede jugarlas. Veremos», asegura a EL CORREO una alta fuente europea. El hombre a seguir es el ministro de Exteriores y cabeza de lista del PSOE para las europeas, Josep Borrell, aunque el nombre de Nadia Calviño, titular de Economía, sigue estando en las quinielas. Respecto a los puestos más 'realistas' que podría alcanzar España, son dos: una de las grandes vicepresidencias de la Comisión (incluso la primera) y la presidencia de la Eurocámara. También es posible, aunque más difícil, la Alta Representación para la Política Exterior que ocupa Federica Mogherini y antaño lideró el socialista Javier Solana.

El jueves, en la cumbre que los jefes de Estado y de Gobierno celebraron en Sibiu (Rumanía), Sánchez fue elegido por sus colegas para que asuma el rol de negociador jefe de los socialdemócratas en el proceso que arrancará dos días después de la celebración de las elecciones. El 28 de mayo, el presidente del Consejo, Donald Tusk, ha convocado una cumbre extraordinaria 'ad hoc'. Veintiocho países y media docena de cargos de cierta enjundia por repartir. No será fácil. La guerra ha comenzado y por lo visto en Sibiu, será cruenta.

España, la quinta potencia de la Unión y la cuarta del euro, sigue boxeando muy por debajo de su peso en el cuadrilátero comunitario. ¿Qué es lo que ocurre? «Debemos trabajárnoslo como país. A veces, se peca en exceso de personalismo e incluso de provincianismo, como ocurrió en 2012 con la vacante en el comité ejecutivo del BCE proponiendo candidatos imposibles». Son palabras de Joaquín Almunia, uno de los grandes referentes en Bruselas de la última década. Fue comisario de Asuntos Económicos y de Competencia en dos periodos diferenciados, quizá las dos carteras más importantes del Ejecutivo comunitario. Y lo fue, además, siendo vicepresidente, cargo que se perdió hace cinco años con la elección del exministro popular Miguel Arias Cañete como comisario de Clima y Energía.

Solana, Marín, Loyola....

En círculos bruselenses, se da por hecho que España recuperará esta vicepresidencia y que podría ser, incluso, la vicepresidencia primera, puesto que ahora ocupa el holandés Frans Timmermas, la mano derecha de Jean-Claude Juncker. Timmermans es, precisamente, el candidato de Sánchez para presidir la futura Comisión, como él mismo recalcó el jueves en Rumanía. «Con Borrell, España no puede aspirar más allá de la vicepresidencia. Presidente podría ser Sánchez», subrayan estas mismas fuentes, que recuerdan la ley no escrita de que los grandes puestos de la UE estén liderados por ex primeros ministros o jefes de Gobierno. Juncker, sin ir más lejos, lo fue más de veinte años en Luxemburgo. Y Donald Tusk, el presidente del Consejo, lo fue de Polonia.

Cuando se habla del rol de España en la cúpula de la UE no queda más remedio que recurrir a la nostalgia, al manido «cualquier tiempo pasado fue mejor». Para muestra, Javier Solana, secretario general de la OTAN entre 1994 y 1999, y Alto Representante de la Política Exterior y de Seguridad Común entre 1999 y 2009. También los tres presidentes del Parlamento europeo que se han tenido desde 1989: Enrique Barón, José María Gil-Robles y Josep Borrell, actual ministro de Exteriores. «El hecho de que ya lo haya sido prácticamente le descarta. No a otro socialista español, cuyo grupo será muy fuerte en la Eurocámara, pero sí a él», recalcan estas fuentes.

Además de Loyola de Palacio, que fue vicepresidenta de la Comisión y dejó una profunda huella en Bruselas, otra de las grandes figuras fue Manuel Marín, que llegó a ser presidente del Ejecutivo comunitario en funciones después de la renuncia de Jacques Santer y hasta la elección de Romano Prodi.

La 'operación retorno' a la cúpula de la UE comenzó hace ahora un año con la designación de Luis de Guindos como vicepresidente del BCE. El rescate de 2012 lastró mucho la imagen de España y el club, que es implacable, se lo hizo ver apartándola del centro de decisión. Berlín, París o el Benelux llevan la voz cantante y son ellos los que deciden cuándo y cómo levantan o bajan el pulgar de la UE. Y ahora, el momento es «idóneo para que España gane peso», como explica Jaume Duch, director general de Comunicación del Parlamento.

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