La diputada riojana de Podemos que mantiene en vilo al PSOE

Romero atiende el teléfono, elemento icónico de la investidura. / JUAN MARÍN/
Romero atiende el teléfono, elemento icónico de la investidura. / JUAN MARÍN

La formación morada rescató a Romero de su 'exilio' en Berlín para entregarle, sin primarias de por medio, la cabeza de cartel autonómica. En sus manos está que gobiernen los socialistas

LUIS J. RUIZ

La única diputada de Podemos en La Rioja, Raquel Romero, vuelve a tener en su mano este jueves si la socialista Concha Andreu se convierte en presidenta de esta Comunidad, ya que su escaño sigue siendo decisivo en la segunda votación, como lo fue en la primera, en la que su voto en contra tumbó a la candidata. Así es esta diputada riojana que culpa al PSOE y a Andreu de falta de voluntad negociadora.

Cuando Podemos aterrizó en el Grupo Parlamentario de la Rioja las cosas no acabaron de salir como sus afines confiaban. Entre dimes y diretes, procesos judiciales, acosos, amenazas y acusaciones de tácticas dictatoriales de alguna diputada, el Grupo acabó por escenificar un sainete de primer orden en la Cámara regional durante la anterior legislatura. «Somos un equipo renovado», defendía durante la campaña electoral Raquel Romero, dando así por concluida la etapa de dislates morados.

Logroñesa de la cosecha de 1982 (año en que se aprobó el Estatuto de Autonomía de La Rioja que dio luz verde a la creación del Parlamento regional), licenciada en Periodismo por la UPV y, recuerda siempre que puede, emigrante en Alemania durante una década, en Logroño tuvo un primer y muy embrionario contacto con Podemos para después, desde la capital federal e integrada en el Círculo de Berlín, colaborar con Podemos Exterior.

Con ese currículo bajo el brazo (y un contrato con Podemos) regresó a Logroño y acabó por integrarse en el ala oficialista del partido. Lo de ser la cabeza de cartel en las elecciones autonómicas fue algo así como un imprevisto. No estaba destinada a ello y las bases moradas no le votaron. Con el proceso de Primarias en los tribunales, Madrid (desde donde ahora dicen que no tienen poder alguno sobre las organizaciones autonómicas) aplicó el artículo 33 y la situó al frente de una candidatura autonómica que purgó de raíz al sector crítico. La coalición con Izquierda Unida y Equo terminó de matizar la lista definitiva que concurrió a los comicios y que le entregó un escaño con poco más del 6% de los votos.

En calidad de candidata, cuando el aparato del partido le permitía hablar con la prensa local sin filtros previos (desde el lunes sólo lo ha hecho en medios nacionales), Romero defendía un programa «progresista» con infinitas coincidencias con el acuerdo de gobierno suscrito entre Izquierda Unida (la otra parte de la agonizante coalición Unidas Podemos) y el PSOE: el fin de los conciertos sanitarios, la integración de la Fundación Hospital de Calahorra en el Seris, la revisión de los conciertos en determinados centros educativos...

Tiempos en los que las líneas rojas que sobre la mesa ponían Unidas Podemos y Raquel Romero eran meramente programáticas. Tiempos en los que aseguraba que no era quien para impedir un gobierno del PSOE. «Ni por acción ni por omisión», Romero dixit.

Quizá una de las pocas coincidencias entre la Romero pre y post elecciones (o pre y post aterrizaje de Francis Gil y Mario Herrera, según se vea) es que ya adelantó su intención de no regalar sus votos «al gobierno que apoyemos o formemos» con matices: «Nuestra exigencia dependerá de la fuerza que nos dé la gente», decía el 16 de mayo en estas páginas.

Romero (aficionada al monte, vinculada a Anguiano y Pedroso y que se sigue moviendo por las calles de Logroño en una bicicleta que aparca frente al antiguo convento de la Merced) insistía, ya con el escaño en las manos, en la necesidad de «un acuerdo programático que demuestre que nos encontramos ante un cambio real de políticas. Esa va a ser nuestra exigencia», decía.

Esa línea roja se difuminó en menos de diez días. La veleta giró y empezó a apuntar hacia un Ejecutivo de coalición: «Es más complicado un gobierno estable en el que no esté Unidas Podemos». A partir de ahí todo se encalló pero durante este tiempo Romero no ha perdido una sonrisa perenne que le acompaña cada vez que comparece en público pese a llevar 72 días en el centro del debate y en el que hasta su propio jefe en Madrid ha cuestionado su actuación (crítica que ella ha interpretado que se dirige hacia Andreu).

Haga lo que haga este jueves en el Parlamento, de lo que no cabe duda es que su intervención del martes estará subrayada en el diario de sesiones del Hemiciclo. Ese es su primer mérito. El segundo, el de estrenarse en la Cámara hablando de zorras y cabrones... con Esopo de por medio.