«'Condenar' es una palabra maldita para quien no quiere reconocer el error»

«'Condenar' es una palabra maldita para quien no quiere reconocer el error»

Intervendrá este jueves en el acto en memoria de Fernando Buesa con un discurso sobre la importancia del lenguaje a la hora de deslegitimar el periodismo

LORENA GIL

Este jueves, 22 de febrero, la Fundación Fernando Buesa celebrará en Vitoria el homenaje anual en memoria del político socialista asesinado por ETA hace dieciocho años. El acto contará en esta ocasión con la intervención de Victoria Camps. Catedrática emérita de Filosofía Moral y Política de la Universidad Autónoma de Barcelona y exsenadora por el PSC, su discurso versará sobre la importancia del lenguaje a la hora de mirar al pasado y deslegitimar el terrorismo.

– ¿Por qué cuesta tanto llamar a las cosas por su nombre?

– Porque durante mucho tiempo ni siquiera al terrorismo se le llamó terrorismo. Se hablaba de lucha política, conflicto vasco... Había términos que engañaban y que la sociedad asumía como válidos. La idea de deslegitimar el terrorismo de raíz es encontrar un lenguaje donde todo el mundo pueda reconocerse. Sobre todo, aquellos que siempre se han opuesto a la violencia, pero no han hablado, bien por miedo o por indiferencia. Ese trabajo de reflexión hay que hacerlo. Aquí nos está pasando casi lo mismo con el tema de la independencia, salvo que aquí es diferente porque no ha habido muertos.

– La existencia de múltiples relatos o puntos de vista sobre la violencia en Euskadi, ¿dificultará su deslegitimación?

– Sí. Da la sensación de que a la hora de deslegitimar algo tan grave como ha sido el terrorismo lo que algunos quisieran es pasar página y no hablar de ello más. Palabras como reparación, perdón o reconciliación no son suficientes. Hay que ir más al fondo, intentar que toda la sociedad reflexione sobre aquello que no se ha dicho, por qué se ha callado y por qué ha habido pasividad. Pero también ha existido una distorsión del lenguaje para beneficiar a quienes dominaban el discurso, que eran los terroristas. De ahí que se hablara de movimiento de liberación en lugar de banda armada, de muerto y no de asesinado, de financiación o impuesto revolucionario en lugar de extorsión. Ese lenguaje no puede seguir existiendo.

– ¿Por qué es tan difícil decir la palabra 'condena'?

– Porque es una forma de decir nos hemos equivocado, está mal lo que hemos hecho. Es más fuerte que rechazar, en "condenar" está el cambio de actitud frente a algo. Debe ser, además, una condena a nivel político y moral. Y eso ni siquiera se ha hecho explícito del todo. 'Condenar' se ha convertido en una palabra maldita para quien no quiere reconocer el error.

– ¿Qué supone llamar preso político a un preso de ETA?

– Los terroristas son asesinos. En Cataluña está pasando también con el independentismo. Las personas que han sido detenidas son delincuentes políticos, se han saltado la Constitución y el Estatut. No son presos políticos, eso tiene otra connotación. Preso político es cuando se condena a alguien por su forma de pensar, no tiene nada que ver con vulnerar la ley en una democracia.

– ¿Es una forma de enmascarar la realidad?

– Claramente. Ese lenguaje entra de lleno en la post-verdad, que es en realidad una mentira. Por ejemplo, a los zulos se les llegó a llamar 'cárceles del pueblo'. Son formas de dar a la realidad una pátina de algo mucho más atractivo y que tiene que ver con la libertad e incluso con la justicia. De ahí que diga que las palabras abstractas son fáciles de manipular.

– ¿Qué le sugiere la palabra victimario?

– Es una palabra fea. Víctima sabemos lo que es, victimario es el que produce víctimas.

– Pero que a la vez es víctima...

– Detrás de todo eso está también esa teoría de que todas las víctimas son iguales. De que hay un terrorismo de ETA y otro de Estado. Clasificar de esa forma es burdo. El Estado se sobrepasó en algún momento, hubo asesinatos y torturas, pero considerar que es terrorismo de Estado el tener "colonizada a la sociedad vasca" es absurdo, además de una mentira.

– La izquierda abertzale siempre habla de que "el Estado vulnera los derechos del pueblo vasco".

– Exacto. Una democracia es un Estado de derecho. Nunca es perfecta, pero no es una dictadura. Hablar del pueblo vasco es como hablar del conflicto vasco. Los derechos no son del pueblo, son de las personas, son individuales.

¿Presos políticos? Los terroristas son asesinos. Y los detenidos en Cataluña, delincuentes políticos vulnerar la ley

Mientras no haya una rectificación explícita, no habrá reconciliación real. O mejor dicho, convivencia Izquierda abertzale

«Miedo a no expresarse»

– A la hora de construir la convivencia, ¿qué papel diría que tiene el lenguaje que utilizamos?

– Hay que devolver a las palabras el sentido que merecen, el auténtico. Para recuperarlo hay que cambiar actitudes, como el miedo a no expresarse. Ese miedo ha perdurado incluso ahora. También esa indiferencia cómplice. De decir esto no va conmigo. Eso es complicidad.

– ¿Sigue habiendo indiferencia?

– Incluso equidistancia. A veces es una postura justa, pero cuando de un lado lo que hay es muerte, violencia y terror, no se puede ser equidistante.

– ¿Puede una palabra mal usada ser más peligrosa que el silencio?

– Sí, porque engaña, confunde y manipula. Por ejemplo, hablar de 'libertad'. La libertad no se puede perseguir matando. Y eso hay que decirlo, romper el silencio. De lo contrario, se puede seguir creyendo que ETA era un movimiento de liberación.

– ¿Echa en falta más contundencia en el discurso de la izquierda abertzale?

– Yo no vivo en el País Vasco y quizás me cueste más entrar en el día a día, en las expresiones que sigue utilizando la izquierda abertzale y que ofenden a las víctimas. Mientras no haya una rectificación explícita, no habrá reconciliación real. O quizás no haya que aspirar a tanto y sería mejor, al menos de momento, hablar de convivencia.

«Ni Euskadi ni Cataluña han sido pueblos colonizados»

– ¿Cómo vive la situación de Cataluña?

– Estamos tan bloqueados... A mí me parece un error el independentismo, pero no diría que es inmoral defenderlo. Es una opción política muy complicada y que no se puede llevar a cabo si no es pactada con el Estado.

– ¿Qué le parece la actitud de Carles Puigdemont?

– Es como una terquedad, y por eso estamos paralizados. No hay Gobierno. Espero que esto se acabe sin que haya nuevas elecciones, pero no pondría la mano en el fuego.

– Fue en las listas del PSC de forma simbólica. ¿Qué le pareció el papel de los socialistas?

– Creo que se defendió un programa de conciliación, pero la situación estaba tan pervertida...

– ¿Es un eufemismo hablar de derecho a decidir cuando es derecho de autodeterminación?

– Totalmente. El derecho a decidir lo empezaron a utilizar cuando vieron que el derecho a la autodeterminación no les valía para Cataluña. Y consiguieron que la gente se apuntara. El derecho de autodeterminación es un derecho muy preciso que iba destinado a los pueblos colonizados. Pero ni Cataluña ni Euskadi han sido nunca pueblos colonizados por España.

– En Cataluña y en Euskadi a veces parece que da miedo decir 'España'. Siempre se habla del Estado o de Madrid.

– ¡Y decir españolista! Aquí estamos acostumbrados a decir Cataluña y España, como si fueran dos realidades distintas, ajenas. Eso es algo que está muy asimilado por las generaciones más jóvenes, que ni siquiera se dan cuenta de que está distorsionado. Eso crea hostilidad, rivalidad e incluso odio mutuo.

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