El ciudadano Valls

Ya se verá si es el candidato a batir o un bluff. Eso sí, algunos partidos ya se han lanzado a por exsocialistas para sus listas

Manuel Valls./Efe
Manuel Valls. / Efe
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Estamos ante otra de tantas operaciones de laboratorio que termina en fracaso? ¿O en el inicio del resurgir de una estrella cuyo fulgor parecía haber declinado posiblemente para siempre?

Manuel Valls es desde el martes, como saben, precandidato a la Alcaldía de Barcelona. El ex primer ministro francés, de origen catalán, liderará una plataforma con vocación transversal, que de momento sólo cuenta con el apoyo explícito de Ciutadans, pero que aspira a atraerse el apoyo de antiguos votantes del PP, del PSC-PSOE y hasta de sectores catalanistas no independentistas.

Desde que el político galo regresó a su tierra natal para apoyar a los antiindependentistas y se supo que algunos empresarios habían hecho caja común para retribuir generosamente las charlas del exdirigente socialista contra el 'procés', Valls fue tildado de «oportunista sin escrúpulos». Cuando, además, se conoció que sopesaba el ofrecimiento de Albert Rivera para aspirar a la Alcaldía de la Ciudad Condal, pasó a ser considerado también un «paracaidista».

Es pronto para saber si sus detractores están o no en lo cierto. Él ha asegurado que sea cual sea el resultado que obtenga en las municipales del 28 de mayo, se quedará, echará otra vez raíces en Barcelona. Ya veremos. De momento da clases en Esade y hasta parece haber encontrado el amor por tercera vez con una acaudalada señora.

Que estamos ante una persona que antepone su interés a demasiadas cosas, vamos que es lo que se conoce como un oportunista, resulta bastante más evidente. Y basta con repasar su trayectoria política reciente en Francia.

Alcalde, ministro del Interior y primer ministro, siempre por el PSF, en 2016 se presentó a las primarias de su partido para convertirse en el candidato socialista a la presidencia de la República Francesa. Fracasó. Entonces rompió el carné del PSF y se arrimó a Emmanuel Macron en busca de cobijo político.

Lo consiguió sólo a medias. El actual presidente, exsocialista liberal clintoniano como él, no puso a uno de los suyos a competir contra el político francocatalán en su circunscripción, lo que le permitió repetir escaño en la Asamblea Nacional. Pero nada más.

Ahora su intento de resucitar políticamente en Cataluña ha causado honda sorpresa en el país de cuya república y de cuya escuela pública ha alardeado siempre. También en el encuentro que mantuvo con varios periodistas españoles, entre los que me encontraba, en la Casa de Francia de Madrid, en su etapa de primer ministro. Un encuentro, por cierto, que se prolongó casi una hora más de lo previsto pese a que alguien aguardaba afuera a ser recibido: Pedro Sánchez.

Valls es un político culto, bregado, preparado y sin demasiados escrúpulos. Si tendrá o no tirón entre los barceloneses, lo descubriremos la noche electoral.

De momento ha roto la monotonía del 'procés'. No siendo todavía nada a veces parece el candidato a batir y no la alcaldesa Ada Colau u otro candidato. Y ha logrado algo insólito: que tres de sus rivales estén sopesando poner como cabeza de lista a un socialista o a un exsocialista: Ernest Maragall por ERC, Ferrán Mascarell por el PDeCAT, además de Jaume Collboni por el debilitado PSC-PSOE.

Monsieur Valls ya es pasado político. Bienvenido senyor/señor Valls.