Dos barajas

Dos barajas
Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

La visita de Quim Torra a Euskadi ha dejado, más que noticias, sensaciones. También en Cataluña, donde el director del diario 'La Vanguardia' llamaba la atención ayer sobre la decisión del PNV de gobernar «sin estresar la vida de sus conciudadanos» frente a la huida hacia delante emprendida por el president y su 'alter ego' en Waterloo. Por eso, se lamentaba, Euskadi va «como un trueno» mientras en Cataluña se avecina «tormenta». Es un hecho que en determinados círculos políticos de Madrid y Barcelona se aplaude sin ambages el nacionalismo cívico, pactista y moderado que encarna un Iñigo Urkullu decidido a seguir representando ese papel. Tanto es así, que rompió su propia regla no escrita de no exponerse en comparecencias públicas e incluso la de 'vender' supuestos logros alcanzados en ese tipo de 'cumbres', en realidad meras escenificaciones de cortesía institucional. Todo para que quedara claro que la vía catalana no es la suya y que ha tratado, sin éxito, de convencer a Torra, Puigdemont y compañía de que por las buenas se consigue más.

Fue un empeño personal del lehendakari, igual que lo fue su discurso desmitificador de los atajos hacia la tierra prometida ante la diáspora argentina, un colectivo siempre dispuesto a dejarse embriagar por el tarro de las esencias. Tanta pedagogía de la exigible pluralidad en los acuerdos que afectan a la espina dorsal del país para que, a las primeras de cambio, el PNV se ratificara, ayer, en las bases, de inequívoco aroma identitario, consensuadas solo con EH Bildu para la reforma del Estatuto.

Es innegable el tufo electoral que desprendía el debate en el Parlamento. Y que Podemos incluyó asertos literales del lehendakari en su enmienda para tratar de buscar las vueltas al PNV y dejarle en evidencia. La cuestión es que lo consiguió porque Urkullu se vio obligado a votar en contra de sus propias proclamas a favor de la transversalidad. El PNV y el Gobierno vasco salvaron la papeleta recordando que Podemos estuvo en un tris de estampar su firma en las bases y dejando claro que no piensan «entrar a su juego» porque solo busca «meter el dedo en el ojo» en lugar de fomentar un debate «constructivo». Pero es evidente que, en plena precampaña de las municipales, forales y europeas, a los rivales del PNV les interesa abrirle vías de agua y al PNV seguir jugando con dos barajas, la moderada y la fetén, para que le siga funcionando la pesca de arrastre en todos los caladeros.

Por eso ha endosado el debate de autogobierno a la comisión de expertos hasta después de las urnas. Por eso, por más que pueda ser genuina la envidia que dicen sentir de los catalanes, Egibar, Olano y el resto de la cúpula del PNV de Gipuzkoa aplauden a Torra mientras se abraza con Otegi y siguen gobernando con el PSE. Para taponar posibles fugas de votos sin renunciar a la más cómoda fórmula de poder, que jeltzales y socialistas intentarán reeditar en todas las instituciones. Si no, al tiempo. La estrategia, no obstante, tiene sus riesgos. Sobre todo porque, en algún momento, el PNV tendrá que destapar sus verdaderas cartas y jugar la partida.

 

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