«Mi aita era una lápida en el cementerio»

El lehendakari ha presidido el acto protagonizado por cinco hijas de víctimas del terrorismo. / Efe

Cinco hijas de víctimas protagonizan el acto del Gobierno vasco por el Día de la Memoria, en el que Urkullu ha abogado por «no compensar ni minimizar» ninguna violencia

LORENA GIL

Cinco mujeres. Cinco hijas de «víctimas del terrorismo y la violencia que cuentan con reconocimiento legal» han protagonizado este mediodía el acto que el Gobierno vasco, con el lehendakari a la cabeza, ha celebrado en el Palacio Miramar de San Sebastián con motivo del Día de la Memoria. Las cinco con «el mismo sufrimiento». «De la noche a la mañana tu vida cambia y tu familia se rompe», ha compartido Ainara Olaciregui, cuyo padre, Eugenio Olaciregui, trabajaba en una tienda de bicicletas cuando ETA lo asesinó en 1997. Ella tenía diez años. Cinco pequeñas -la menor de todas tenía cinco meses cuanto le arrebataron a su padre- que han conversado entre ellas sobre el «silencio, el olvido y la convivencia» en presencia de multitud de representantes políticos y arropadas por decenas de víctimas.

«Mi aita era una lápida en un cementerio». La frase es de Jaione San Sebastián. Su padre, Alfredo San Sebastián, falleció a los 24 años por el disparo a corta distancia de un guardia de paisano en junio de 1975. «Yo tenía una vida, tenía unas amigas… Pero cuando le mataron, ya nunca volvió a ser igual», ha compartido Sandra Carrasco, hija del que fuera concejal socialista de Mondragón Isaías Carrasco, asesinado por ETA en 2008. «¿Cómo vivieron aquel momento, cómo reaccionó la sociedad?», le ha preguntado el moderador. Todas coinciden. «Vacío y silencio». Gente que «miró hacia otro lado». «Estando el la cabina del peaje me han llegado a preguntar: ¿Tú eres a la que han hecho la putada? Pero cuando les dices que sí, no hay nada. No te dicen nada», ha revelado Carrasco. Las cinco han lamentado la «falta de empatía» e incluso, como ha añadido Naiara Zamarreño, hija del edil del PP de Rentería Manuel Zamarreño, haber llegado a sentirse «una apestada». «Recuerdo el miedo de mi madre. Dormíamos en la misma cama y debajo había diferentes armas. Cuchillos...», ha compartido Maider García, hija de la última víctima mortal de los GAL, Juan Carlos García Goena.

Ellas, al igual que sus familias, «tiraron para adelante» como pudieron. «La gente que estaba en el funeral desapareció al día siguiente. Vas caminando por tu pueblo y te sientes sola. Nadie te anima», ha lamentado Zamarreño. La violencia les obligó a hacerse «fuertes». Pero también, tuvieron claro que no les iba a hacer «perder la humanidad», ha destacado Jaione San Sebastián.

¿Han cambiado las cosas con el pasado de los años? «Sí, pero hay mucho por hacer», ha subrayado Naiara Zamarreño. «Una amiga me dijo el otro día: 'Ahora se puede hablar del tema'. Y yo digo: 'Hablemos'», ha añadido. «Yo echo de menos un reconocimiento público», subraya Maider García, víctima de los GAL. Las cinco han defendido la necesidad de que cada uno se ponga en el lugar del otro. «Hay que sentarse, hablar, debatir sobre lo que ha pasado, porque quizás eso es lo que no hemos podido hacer antes nosotras», ha señalado Ainara Olaciregui.

«Nos han quitado mucho, pero también tenemos mucho por ganar aún». «Hace unos años -ha relatado la hija de Eugenio Olaciregui, asesinado por ETA- nos escribió una carta un amigo que jugaba al fútbol con mi aita. Quiso pedirnos perdón por no haber llamado. Nos dijo que lo sintió y que fue injusto. Por eso tengo claro que nunca es tarde para coger el teléfono», ha apostillado.

Tres criterios éticos

El homenaje, organizado por Gogora, ha estado presidido por el lehendakari, Iñigo Urkullu, así como por la plana mayor de su Gobierno. Han acudido también la presidenta del Parlamento vasco, Bakartxo Tejeria; el delegado del Gobierno central en Euskadi, Jesús Loza; el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano; el alcalde de San Sebastián, Eneko Goia; así como los presidentes de las Juntas Generales de Bizkaia, Ana Otadui, y de Álava, Pedro Elosegui, y el presidente de Eudel, Imanol Landa, y el director del Memorial por las Víctimas del Terrorismo, Florencio Domínguez, entre otros. También se han sumado a la cita representantes de todos los partidos, salvo del PP.

El broche al acto lo ha puesto el lehendakari. Urkullu ha procedido a la lectura de varios extractos del comunicado consensuado en el seno del instituto Gogora. El escrito, de título 'Luces y Sombras', reconoce que Euskadi «llegó tarde a la causa de las víctimas» y pone en valor la respuesta que, sobre todo a partir de los noventa, dio la sociedad frente a la violencia. «Víctimas de atentados, de chantaje, de extorsión y de la socialización del sufrimiento. Hacemos autocrítica», ha dicho.

Urkullu también ha querido añadir a su discurso una palabras suyas. «Hay tres criterios éticos que pueden unirnos: no diluir, no legitimar, no excluir», ha enumerado. Ha rechazado en este sentido, y en plena polémica por las críticas a la unidad didáctica sobre ETA, que el Gobierno llevará a los institutos, cualquier «compensación o minimización de cualquier forma de terrorismo o violencia». «Escuchar los testimonios de Naiara, Ainara, Sandra, Maider y Jaione nos pone en relación con la realidad. Con una realidad incontestable. Fue injusto e injustificable», ha sentenciado el lehendakari.

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