El abrazo del oso

EH Bildu eleva a 'histórico' su acuerdo con el PNV para reformar el Estatuto y torpedear una marcha atrás jeltzale

Arnaldo Otegi y Maddalen Iriarte en el BEC./EFE
Arnaldo Otegi y Maddalen Iriarte en el BEC. / EFE
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Era un regalo político lo suficientemente jugoso como para no dejarlo escapar. Y a la izquierda abertzale, cualquier cosa menos falta de perspicacia, le faltó tiempo para comparecer ayer con toda la pompa y el boato, tildar de 'histórico' el pacto alcanzado con el PNV en la ponencia (grupo de trabajo) de autogobierno del Parlamento para reformar el Estatuto de Gernika y engordar el autogobierno vasco hasta los mismos bordes de la independencia. Objetivo: dificultar una eventual marcha atrás jeltzale.

Arnaldo Otegi y Maddalen Iriarte, portavoces de EH Bildu, fueron los encargados de escenificar el abrazo del oso al PNV. Ya saben, esa aparente demostración de afecto que lo que encierra de verdad es una fenomenal trampa.

Los representantes de la izquierda abertzale tradicional no escatimaron calificativos a la hora de poner en valor el primer gran acuerdo «entre las dos grandes familias abertzales del país en los últimos 40 años». Un pacto que, aseguraron, es «mucho más» que un simple texto jurídico y político». Un compromiso que, entienden, supone «un buen precedente para que la política en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa se sustente sobre otros ejes, anteponiendo las necesidades de la ciudadanía y desarrollando estas premisas desde la soberanía y el derecho a decidir».

El PNV sigue sin clarificar qué pretendía al renunciar a buscar un acuerdo transversal entre nacionalistas y no nacionalistas en el Parlamento de Vitoria para reformar el Estatuto de Gernika. O lo que es lo mismo, por qué ha abrazado un texto soberanista de máximos sin ninguna posibilidad de que prospere en Madrid. Una actitud que ha sorprendido incluso a reconocidos intelectuales que se encuentran muy próximos al lehendakari Urkullu.

Algunos lanzamos hace unos meses la hipótesis de que Sabin Etxea había llegado a la conclusión de que el escenario político español no invitaba a pensar que fuera a ser posible lograr avances significativos para el autogobierno vasco. Ello unido al desafío soberanista catalán habría llevado a la dirección peneuvista a pensar que lo mejor era situarse en posiciones abertzales de máximos en el Parlamento, que del pragmatismo ya se ocupa el Gobierno Urkullu en el día a día.

Sea o no así, lo cierto es que los jeltzales han ido tan lejos que no va a resultarles tarea nada sencilla reposicionarse en los próximos meses. Como algunas fuentes sostienen quieren hacer.

Si intentan bajar el diapasón para acercarse a Podemos o el PSE, EH Bildu ya les avisó ayer de que tratará de echarles al electorado más abertzale encima. Si pretenden llegar hasta las elecciones municipales y forales de mayo de 2018 jugando con todas las barajas -con Urkullu en el papel de moderado y el partido blandiendo la bandera del esencialismo soberanista foralista- ello podría terminar por afectar a la credibilidad del discurso peneuvista, por más que tal cosa no haya ocurrido hasta ahora.

Es lo que tiene que un partido quiera agrupar a la vez a autonomistas y a separatistas. Mientras los vientos de la política nacional estaban en calma la situación era tolerable. El desafío rupturista catalán lo ha complicado todo. Y es que difícilmente se puede estar contra el unilateralismo los días laborables desde las instituciones y abrazar la ruptura sábados y domingos en caminos y carreteras. No si se quiere ser creíble.

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