Visto para sentencia el juicio del 'caso Cabacas'

La familia de Cabacas achaca su muerte a una campaña de la Ertzaintza «contra los borrokas»

Jone Goirizelaia, con los familiares de Iñigo Cabacas. /Efe
Jone Goirizelaia, con los familiares de Iñigo Cabacas. / Efe

La Fiscalía pide la absolución de los seis encausados y hace hincapié en las numerosas contradicciones que se han producido en los relatos de los testigos

David S. Olabarri
DAVID S. OLABARRI

Visto para sentencia. Casi un mes después, el juicio por la muerte de Iñigo Cabacas concluyó este viernes con la presentación de los informes definitivos de todas las partes personadas: la acusación particular, la Fiscalía y los tres abogados de la defensa. La letrada Jone Goirizelaia, que representa a la familia de la víctima, ha insistido en reclamar 4 años de prisión para cada uno de los seis ertzainas encausados (tres mandos intermedios y tres escopeteros) por el mortal pelotazo de goma del 5 de abril de 2012. A su juicio, se les debe condenar a todos porque actuaron de manera «conjunta». Es decir «unos ordenaron y otros dispararon» siendo conscientes de que no había «distancia suficiente» y sin realizar «advertencia previa». Dispararon contra las personas que, como Iñigo, ha insistido, estaban allí «sin hacer nada» y sin participar en «ningún incidente».

El resto de las partes, incluida la Fiscalía, ha solicitado la absolución de los agentes al entender que no existe ni una sola prueba contra ellos. La representante del Ministerio Público ha argumentado que, después de más de 60 pruebas testificales y otras periciales, «no se ha podido determinar al autor material» del disparo. Ni siquiera se ha podido llegar a conocer, ha añadido, lo que realmente pasó en el callejón por la gran cantidad de testimonios contradictorios. De hecho, tampoco se han podido acreditar «otras formas de autoría» (en referencia a la orden de cargar) que se ajusten al delito de homicidio por «imprudencia grave» del que están acusados. Algo que, ha puntualizado, no excluye la responsabilidad «patrimonial» en la que podría haber incurrido la administración por el «mal funcionamiento» de sus servicios.

Durante su exposición, de dos horas y media, la abogada de la familia ha introducido un elemento nuevo en el juicio. Después de doce sesiones de la vista oral, Goirizelaia se ha referido al «contexto» en el que se produjo esta carga y que, a su juicio, es clave para entender por qué la Ertzaintza disparo de forma «desproporcionada» contra el callejón en el que estaba la Herriko Taberna. Según ha dicho, esta actuación policial tiene relación en gran medida con la política de «tolerancia cero» contra los «borrokas» que impulsó el consejero de Interior de aquella época, el socialista Rodolfo Ares. La Ertzaintza, ha dicho, seguía actuando «igual» en sus actuaciones antidisturbios a pesar de que ETA hacia ya unos meses que había decidido dejar de matar. De hecho, ha recalcado que en las grabaciones de aquel día se puede observar que la Herriko se convierte en una «obsesión» para el jefe de operaciones que estaba aquel día en la comisaría de Bilbao, el conocido como 'Ugarteko'.

La acusación particular ha insistido en que en estas sesiones ha salido a la luz un «modus operandi caótico». Y se ha referido a las numerosas deficiencias que se produjeron aquellos días: desde el descontrol en el bunker donde se guardan las armas a la falta de una investigación interna. La letrada, de hecho, ha dedicado más tiempo a criticar la actuación de la Ertzaintza a nivel general que a analizar lo que hizo cada uno de los agentes procesados aquel día. Sólo ha situado a uno de ellos (el 15.248) en un lugar compatible con el que se encontraba el funcionario que disparó la pelota mortal. Pero, en general, ha subrayado que se trató de una actuación «conjunta» en la que, de una u otra forma, todos tuvieron responsabilidad.

En todo caso, la también diputada de EH Bildu ha subrayado la necesidad de que se condene a los acusados para que no quede la sensación de que la Policía tiene «patente de corso» y que sus actuaciones están amparadas por un manto de «impunidad». Al principio y al final de su intervención se ha referido a Manu y Fina, los padres de Iñigo, y ha destacado el «coraje» que han mostrado en su lucha «por la memoria de su hijo». Durante estos días, ha dicho, se ha visto la «sonrisa» de Iñigo en la sala a través de los testimonios de los testigos. Y ha concluido pidiendo al tribunal que dicte una sentencia que haga que los padres «sigan creyendo» en la Justicia.

El informe de la Fiscalía

El informe de la Fiscalía se ha centrado sobre todo en aspectos jurídicos. En este sentido, ha llamado la atención sobre las numerosas contradicciones que se han producido en los relatos de los testigos (civiles y ertzainas) y en los cambios de testimonios que han protagonizado algunas de las personas que han pasado por la Audiencia de Bizkaia. Además, ha cuestionado afirmaciones como las defendidas por algunos de los testigos de la acusación particular que manifestaron que los ertzainas lanzaban pelotas como si estuviesen «fusilando» a la gente que estaba en el callejón o «tirando al plato». Si eso hubiese sido así, ha subrayado, no se estaría juzgado un homicidio, sino un «gran número» de muertes. Y ha manifestado que con esas escopetas era imposible disparar con precisión.

La fiscal también ha cuestionado las versiones defendidas por los compañeros de los ertzainas procesados ya que sólo dos agentes han reconocido que dispararon pelotas y se sabe que fueron muchos más los que apretaron el gatillo. También ha rechazado la responsabilidad de los mandos intermedios porque, según ha argumentado, no se ha podido determinar un «nexo de causalidad» entre la orden de disparar y el pelotazo concreto que recibió Cabacas. Entre otras razones, porque la pelota pudo salir de cualquiera de las 6 furgonetas que actuaron, y no sólo de las 3 en las que iban los ertzainas procesados. Además, ha vuelto a defender que no todas las cargas fueron «desproporcionadas» ni se realizaron al margen de los «protocolos» y que se realizaron para cortar los «graves incidentes» que se estaban produciendo.

«Estos ertzainas están acusados por decir la verdad»

«Estos ertzainas no son asesinos. Tampoco son incompetentes ni imprudentes. Están sentados en el banquillo porque desde el inicio dijeron la verdad. Y lo hicieron con un sentido de la responsabilidad profesional que se ha echado de menos» entre otros de sus compañeros que han testificado en la vista oral. Esta frase la ha pronunciado la abogada Estefanía Rojo, que representa a cuatro de los agentes encausados, pero podría servir para resumir parte de los alegatos finales que han pronunciado los otros dos letrados de las defensas. Todos ellos han insistido en una idea: la muerte de Iñigo Cabacas fue un «hecho injusto y demoledor», que «nunca debería haber sucedido». Pero no se puede cometer «otra injusticia condenando a quien no tuvo ninguna responsabilidad», ha subrayado el letrado Jon Kepa Huertas.

Estefanía Rojo ha insistido en que en este juicio no se trataba de juzgar a la Ertzaintza «en general», sino de probar las responsabilidades directas de los encausados. En este sentido, ha recalcado que una de las principales conclusiones que se pueden extraer es que en aquel callejón dispararon muchos más ertzainas de los que están procesados. Y recordado los cambios de testimonios de algunos testigos respecto a la fase de instrucción para, según ha deslizado, «amoldarse» a las tesis de la acusación particular, con la que se ha mostrado especialmente crítica por «falsear datos». La abogada ha subrayado que fue el lanzamiento de objetos desde el callejón lo que provocó la carga policial. Huertas, que defiende a uno de los suboficiales imputados, ha criticado también el intento de politizar el caso de la abogada de la familia y ha mantenido que la vista no debe ser una «causa general contra la Ertzaintza».

Iñaki Irizar, que representa al oficial con más galones sobre el terreno aquel día, ha insistido en que este procedimiento no debe consistir en «buscar una víctima propiciatoria. Hacer justicia no tiene por qué significar condenar». «Aquí no hubo delito, lo cual no quiere decir que no hubiera pecado», ha afirmado, antes de insistir en que «nadie sabía» que las pelotas de goma pudiesen causar muertos. Y ha añadido una anécdota que le contó su cliente respecto a su hijo adolescente. «Que me llame cipayo lo admito, pero me costaría mucho tener que admitir que me llamase asesino», ha dicho.

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