Secretos enterrados

Las tumbas abiertas en Quintana-María se encuentra en un otero que domina el entorno/
Las tumbas abiertas en Quintana-María se encuentra en un otero que domina el entorno

Tumbas excavadas en la piedra revelan el pasado en la comarca burgalesa colindante con Bizkaia y Álava

ELENA SIERRA

Puedes ir tranquilamente paseando por los caminos y encontrar, de repente, unas tumbas excavadas en la roca. No ocurre exactamente así, claro, porque las necrópolis suelen estar señalizadas como parte importante del patrimonio que son -uno que desvela los métodos de enterramiento y por tanto de los ritos y las creencias de los vecinos de una comarca en época muy, muy lejana-. Pero sigue habiendo algo de 'de repente' y de sorpresa, pese a las señales y las rutas establecidas, en eso de toparse con las formas de los cuerpos humanos esculpidas hace tanto tiempo en la roca. Sobre todo porque, a diferencia de lo que ocurre con otros elementos del patrimonio, y debido a que se hallan en el medio de los bosques, en montañas de piedra y hasta en campos de cultivo, las antiguas necrópolis no suelen estar ni valladas ni protegidas de las inclemencias del tiempo. Y pum, ahí aparecen, mudas y vacías, con tanta historia en sus huecos y, aun así y en muchos casos, con tantas lagunas en lo que se sabe de ellas.

Muy cerca del País Vasco, tan cerca que son muchos los vascos que tienen por allí segunda residencia y sus raíces, hay dos ejemplos muy diferentes de necrópolis en unos pocos kilómetros. Una está en un alto, más allá de un bosque, y es una plataforma rocosa sembrada de viejísimas tumbas. Otra, en un prado, o más bien en una superficie de piedra que sobresale de un campo. La primera es la de Quintana-María, a poco más de cinco kilómetros de Trespaderne. La segunda, la de Cigüenza, muy cerca de Villarcayo.

40 enterramientos

A la de San Clemente, en Quintana-María, se puede acceder andando desde esta localidad. Se deja el coche a la entrada del pueblo, se sube hasta la iglesia y desde allí se toma una pista de la que, en unos minutos, se puede salir hacia la derecha para ir atravesando un bosquecillo. Son cinco minutos de silencio hasta llegar a un peñón calizo, el que recibe el nombre de San Clemente por una ermita que hubo en algún momento. De la peña llama la atención todo: cómo se eleva, el color, la tranquilidad del enclave, las vistas sobre el río y el valle. El silencio se ve a veces interrumpido por los ruidos que llegan desde un circuito de motos o de coches cercano al que se le desea que pase a mejor vida pronto -qué se le va a hacer-.

Y ahí están, arriba, los 40 enterramientos altomedievales, datados en el siglo X. No son muy grandes, por mucho que todo indique que fueron excavados para cuerpos de adultos; y hay unos cuantos pequeñitos, infantiles. Algunos conservan aun restos del encaje para la tapa. Son profundos. El lugar no podía estar mejor elegido. Se puede rodear el peñasco, descender y volver a subir pegado a la piedra. Hay por allí más recovecos que seguro que en otros momentos de la Historia han tenido su utilidad.

Para ver la necrópolis de San Andrés, conocida popularmente como Las Sepulturas, hay que pasar Villarcayo y adentrarse en Cigüenza. Del núcleo, junto a la iglesia parroquial, parte un caminillo que lleva a los campos de cultivo. No será ni un kilómetro, pero si aprieta el calor parece que los metros se multiplican y se multiplican -y eso que es todo llano-. En algún momento, a la derecha, aparece una explanada de roca en el centro de un terreno. Aquí lo que llama la atención es que muchas de estas varias decenas de tumbas antropomorfas fueron hechas para acoger cuerpos muy pequeños. Las excavaciones para estudiar estos restos se realizaron hace solo cinco años, y siguen guardando los secretos sobre su origen.

Esto ocurre en muchos pueblos de Burgos. Será por necrópolis, podrían decir. Cierto. Sin salir de esta comarca, en Cillaperlata, cerca de Trespaderne, hay otra; en Peña Horrero, en Fresnedo, una más; y en Villacomparada de Rueda, Villarcayo, en el alto de la Era del Moro, otra pequeñita.

Recomendaciones

La Tabla. Este local de Cigüenza, a 1,5 kilómetros de Villarcayo, cierra los lunes, pero en agosto abre todos los días para ofrecer menús con muchos platos. El de fin de semana, por ejemplo, incluye nueve primeros y siete segundos (alubias, ensaladas, morcilla de la tierra para empezar y carnes a la brasa o pescados para seguir, sin olvidarse de los pimientos rellenos o las manitas) por 21 euros. Los menús para dos de chuletón o cochinillo cuestan entre 55 y 60 €. 947131594. latabla.net