Oviedo, ciudad dinámica, hospitalaria y con una exquisita gastronomía

Oviedo, ciudad dinámica, hospitalaria y con una exquisita gastronomía

La capital del Principado de Asturias mezcla exuberante naturaleza con numerosos ejemplos de bello arte prerrománico

ÁLVARO ROMERO

La preciosa ciudad de Oviedo se sitúa en el corazón de Asturias, en pleno centro, siendo la capital del Principado y la segunda urbe más poblada, tras Gijón. Es una de las áreas metropolitanas más importantes de la región tanto a nivel cultural como comercial, resultado de toda la carga histórica que arrastra y que ha servido para ir construyendo la personalidad tan marcada que tiene a día de hoy. Aúna naturaleza, arte prerrománico, fiesta, gastronomía y además alberga los prestigiosos Premios Princesa, internacionalmente conocidos.

Foco de cristiandad

Desde su nacimiento, en el siglo VIII, Oviedo conserva un importante legado monástico pues su origen se remonta a la fundación de un monasterio que rendía culto a San Vicente. Regia y jacobea fue la referencia cristiana más importante de la Península Ibérica durante la Baja Edad Media. Se estaba gestando una urbe que marcaría un antes y un después en la historia de España al ostentar el honor de ser la capital del primer reino cristiano de la Península Ibérica.

«Muy noble, muy leal, benemérita, invicta, heroica y buena», estos son solo algunos de los títulos que ha ido acumulando a través de los siglos. Allí todo se asocia con la épica, las leyendas, las gestas y también con el Camino de Santiago, pues fue la primera referencia histórica de esta famosa ruta de peregrinación, cuyo fundador, Alfonso II fue también rey asturiano.

Herencia histórica

Caminando por el centro antiguo se aprecian las bonitas huellas que la época medieval dejó entre sus calles. Un trazado limpio y cuidado que invita a ser recorrido a pie, en una ciudad donde las distancias son cortas y los rincones parecen competir por ser el más bello e inesperado.

Recorriendo el propio casco histórico se llega a la Catedral de El Salvador, el edificio religioso más importante de la ciudad, que preside la Plaza de la Catedral. De estilo gótico, su torre puso la guinda en el siglo XVI a una construcción monumental. La Cámara Santa es quizá su sala más importante pues allí se guardan el Arca Santa, la Cruz de los Ángeles y la Cruz de la Victoria, símbolos que aparecen en el escudo de Oviedo y en el del Principado de Asturias.

Muy cerca de allí se levantan la Iglesia de San Tirso, el Museo de Bellas Artes o el Museo Arqueológico, estos últimos alojados en los antiguos Palacio de Velarde y convento de San Vicente, respectivamente. Para completar la visita es posible evadirse en el Campo San Francisco, pulmón verde del centro urbano; conocer el mercado de Fontán o la curiosa fuente prerrománica de Foncalada.

La riqueza del prerrománico asturiano

El prerrománico asturiano, patrimonio exclusivo de la región, fue pieza clave en el desarrollo de los estilos románico y gótico. Algunas de las construcciones más importantes son Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo y San Julián de los Prados, todas Monumento Nacional. Estos templos fueron declarados, también, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Todo ello a pocos metros del mar y la montaña, pues la ciudad yace flanqueada por parajes de una riqueza natural incalculable y repleta de lugares para realizar actividades de todo tipo, desde deportes de aventura hasta rutas de senderismo para disfrutar en familia.

Tierra de buen yantar

La calle Gascona, llena de bares y restaurantes es el paraíso de la sidra, producto típico de la comarca. Allí vecinos y turistas se dan cita para degustar la gastronomía tradicional de la zona, caracterizada por la calidad de sus productos, el sabor y la contundencia de los platos.

Los negocios hosteleros trabajan a la perfección recetas que han pasado de generación en generación hasta la actualidad, como son las conocidas fabes asturianas, el cachopo, los guisos pescados y carnes estofadas, además de postres exquisitos, casi todos con base láctea. Destacan las tartas de queso, el arroz con leche o los tradicionales frixuelos.

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