Un elefante en el hayedo

Orzonaga se alza entre colinas boscosas y conserva buenos ejemplos de arquitectura rural./E. S.
Orzonaga se alza entre colinas boscosas y conserva buenos ejemplos de arquitectura rural. / E. S.

Una naturaleza desbordante celebra todas las estaciones del año en el antiguo enclave minero

ELENA SIERRA

Por los pueblos de León hay muchas leyendas, y como suele ocurrir, cuanto más al norte y más boscoso y fresco sea el territorio, mejor para imaginar seres extraños danzando por los caminos. En Orzonaga, en la montaña leonesa, un día vieron un elefante paseando entre los árboles. Dicen. Un elefante que se escapó de un circo que había acampado cerca un día de tormenta y ventarrón, y que un niño que cuidaba vacas por los montes se encontró de bruces poco después. Dicen. Hace casi cien años que le compusieron la coplilla que se canta aun por las fiestas populares. Y ahí ha quedado para el recuerdo la cacería que se organizó en su momento para dar con un paquidermo de tres metros de trompa en el hayedo. Es decir, en el faedo. No es el más conocido de la zona, este bosque de hayas de Orzonaga, pero solo por la leyenda y la copla –y la cacería de pega que desde hace unos años organizan los vecinos en julio–, ya merece la pena la visita.

No será un elefante el que se esconda entre las hayas altísimas, no tan viejas la mayoría de ellas como para que sus troncos se hayan retorcido transformándose en personajes de fábula. Probablemente será un corzo. Y alguna vaca, claro. O liebres. Tampoco habrá que esperar a llegar hasta el faedo para toparse con los animales. Pueden sorprender en cualquier campa al poco rato de haber salido de las calles (la principal y algunas cuestas) de un pueblecito minúsculo que duerme entre montañas y presume de recia arquitectura popular.

Orzonaga. León

Cómo llegar.
Cómo llegar La localidad, un barrio de Matallana del Torío, se encuentra a 30 kilómetros al norte de León.
Web.
www.aytomatallanadetorio.es.

Nada más llegar Orzonaga –que está en un rincón al final de un desvió de la carretera que discurre entre Matallana de Torío y Vegacervera, donde empiezan las hoces, y a unos 30 kilómetros de la capital–, hay una señal con varios cartelitos: hacia la derecha, cruzando el pueblo, el camino sencillo. Hacia la izquierda, cruzando el río, está la senda difícil, que se dirige hacia un paraje llamado La Mata del Té. Es un decir, lo de difícil. La verdad es que es un recorrido apto para casi todos los públicos. Una primera pendiente es el mayor obstáculo. Pero siempre existe la promesa de ver un corzo en una pradera. De escuchar el río, los árboles mecidos por el viento, seguir el rastro de algún animalillo.

Solo cuando se llega al final de esta primera cuesta es posible volver a ver el pueblo, abajo, en su rincón. Todo lo demás son pequeñas cumbres. Hay un caminito que baja hasta el pueblo del valle de al lado, ya en la cuenca del Bernesga. Aquello que se ve a lo lejos es Llombera. Como Orzonaga, es un lugar de pasado minero, como el cercano Pola de Gordón y tantos otros. Por aquí iban y venían los mineros con sus aperos. Y sus coplas, la del elefante incluida.

Hasta la mina

Si se sube un poco más, se llega por entre robles a una llanura que se llama Collado Cimero, donde hay un refugio y una fuente. Hay buenas vistas de los valles del entorno. Y al poco rato, al final de un camino cómodo, se planta uno en el faedo. Ahora los pasos bajan entre hojarasca, dejando a izquierda y a derecha altísimos ejemplares de haya. Unas van subiendo la ladera, otras van dejándose caer hacia el río, que desde el centro del bosque no se ve, ni se oye. Por un momento se sale del hayedo, para volver a entrar en un minuto.

Y enseguida se ha acabado la experiencia pero hay que estar atento a la siguiente: primero las vacas haciendo equilibrios en un terreno de peñas, un cencerro que suena detrás de un espino, y más adelante, cuando el camino ya ha hecho un finta y va bajando lentamente de vuelta a Orzonaga, los restos de la mina. Un cargadero, la boca de la mina La Rebollona, un paisaje de piedra hecha pedazos en la ladera izquierda y de bosquecillo y río en la derecha. El pueblo espera, hecho de piedra también, a que los caminantes vuelvan de un recorrido que no llega en total a los nueve kilómetros. Una de las placitas se ha adornado con animales de madera de colores y latas recicladas, y allí reciben desde una familia de osos hasta un pavo real... y hay que buscar, entre ellos, al elefantito.

Recomendaciones

En el Barrio de la Estación de Matallana de Torío está el lugar de tapeo más cercano. En El Arriero (Avda. de La Constitución 52,54), se puede encontrar casi de todo: hamburguesas y bocatas, raciones de croquetas y tablas de embutido, cecina y chorizo de León incluidos, vinos y cervezas. Desde al lado de la estación sale, además, otra ruta sencilla que lleva a la vieja mina Bardaya.