El arquitecto inspirado de Castro Urdiales

Retrato de Leonardo Rucabado./
Retrato de Leonardo Rucabado.

Audioguías y folletos ayudan a sumergirse en la obra del castreño Leonardo Rucabado, que llenó su villa de edificios monumentales

IRATXE LÓPEZ

Algo de Quijotes hemos de ser los contados ilusos que caminamos por estas aventuras nacionales de la andante caballería arquitectónica». Con estas palabras meditaba sobre su labor el arquitecto Leonardo Rucabado (1875-1918) cuatro años antes de su fallecimiento. Se cumplen ahora cien desde la pérdida de este ingeniero industrial y artista, hijo de Castro Urdiales, que adoraba la localidad cántabra donde amaneció a la vida. La de su infancia, cuando asomado a la ventana de casa veía en la plaza del ayuntamiento el ir y venir de los marineros. Una ruta audioguiada propone al turista conocer sus obras en el municipio, atendiendo a la mirada de este autor presente por doquier entre sus calles. Los audios están disponibles en la web, donde además puede descargarse el folleto informativo con el plano y un cuaderno para que los niños dibujen mientras disfrutan de cada parada (también pueden recogerse en papel en la Oficina de Turismo).

En la primera, junto al ayuntamiento, la grabación recuerda como el Castro marinero evolucionaría hacia uno industrial, el de ferrocarriles, minería y barcos de vapor, mientras el pequeño Leonardo iba educándose gracias a la posición acomodada de su familia. Tras realizar estudios superiores en Barcelona regresó a la villa y comenzó a trabajar bajo la batuta del arquitecto bilbaíno Severino de Achúcarro. También daba clases en la Escuela de Ingenieros de Bilbao. Independizado del maestro desde 1906, sus trabajos volaron solos.

La ruta de Rucabado | Castro Urdiales

Cuándo
: visita audioguiada, todos los días del año.
Visita guiada
: sábados 10, 17 y 24 de noviembre y domingos 11, 18 y 25 de noviembre a las 12.00 h. (incluye visita a la exposición 'Leonardo Rucabado Gómez, arquitecto, 1857-1918')
Información
: oficina de Turismo (Avenida de la Constitución s/n)
Teléfono
942871512
Web
turismocastrourdiales.net
Audioguías
rucabado.castro-urdiales.net

Viajó por toda Cantabria para observar y dibujar, para entender la arquitectura montañesa regional que más tarde mezclaría con la modernidad. Polemizó junto a sus compañeros sobre la esencia de la arquitectura española mientras ganaba premios como el de la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1917. Su prestigio crecía al firmar edificios como la casa Tomás Allende de Madrid, la hoy llamada Casa Arróspide en Bilbao o la Biblioteca de Menéndez Pelayo en Santander. Hasta que la epidemia de gripe truncó su carrera.

Aires góticos

Aunque buena parte de su obra desapareció tras los cambios urbanísticos, aún es posible apreciar edificios como el que aguarda en la Casa de Los Chelines, frente al Consistorio. Encargada por el indiano José Acebal Acebal, Achúcarro diseñó el edificio cuyas obras dirigiría Rucabado. La remodelación afectaba a inmuebles vecinos por lo que tuvo problemas. Fue entonces cuando un nuevo y suntuoso proyecto convirtió a esta casa en lo que es, respetando los soportales de la correría. Cuatro plantas y decoración floral, ventanas y balcones de rejería modernista caracterizan este Bien de Interés Cultural, repleto de influencias góticas.

Palacio Sotileza, los Chelines y la casa de Ana Salvarrey.

Unos pasos más allá, en la calle Melitón Pérez del Camino 2, se halla el Edificio González. Otro indiano, el futuro alcalde de la villa Vicente González, cuya fortuna creció en Montevideo, encargó su construcción al arquitecto cántabro. Problemas urbanísiticos alargaron la obra hasta 1910. El edificio debía aportar comodidades modernas, por ello incluía algo poco común en la época: sistema de agua caliente y fría. La decoración, influenciada por el esteticismo de la Secesión vienesa que Leonardo adoraba, incluye sin embargo un portal con ornamentaciones de tradición griega. Columnas de hierro sustituyeron a las de madera, actualizando aún más el conjunto.

Un toque modernista

La Casa de Ana Salvarrey aguarda en la Avenida de la Constitución. La familia dueña del lugar obtuvo su dinero también en Argentina. Salvarrey poseía una antiguo edificio en el ahora llamado Parque de Amestoy. El omnipresente Achúcarro diseñó el proyecto que Rucabado dirigió como maestro de obra. De claros rasgos modernistas, la reminiscencia barcelonesa resulta innegable. La esquina achaflanada cuenta con preciosos miradores acristalados terminados en un fantasioso tejado.

Diferente aspecto guarda la Casa de Isidra del Cerro, en la calle Jardines, 1. Financiada, cómo no, por capital indiano y proyectada de nuevo por Achúcarro con Leonardo como maestro de obras, su gran tamaño destacó sobre el resto, característica muy celebrada por la prensa. La inspiración para este inmueble, Bien de Interés Cultural, hay que buscarla en el clasicismo francés. Nada que ver con la siguiente parada, el Chalé de Sotileza, proyecto en solitario del autor que se alza en el Paseo Ocharan Mazas 28.

Ideado como vivienda para la familia de su esposa, Emma del Sel, que había regresado de Argentina, recibió ese nombre por su afición a las novelas de José María de Pereda. Responde al modelo de edificio montañés, rompiéndolo gracias a la gran torre con mirador y techumbre de amplios aleros. Allí fue atendido el ministro Santiago Alba tras su accidente de tráfico en 1918. Para visitar al enfermo pasaron por su cuarto Alfonso XIII y el presidente Antonio Maura. Después, el protagonista de la visita guiada descansaría en el mismo lugar al enfermar de gripe.

La visita acaba en los jardines Las Glorietas, en el Paseo Menéndez Pelayo 31. Luis Artiñano encargó el cierre con verja de su propiedad pero Rucabado hizo mucho más al añadir en 1916 jardines, miradores, fuentes, estanque y escaleras al estilo del renacimiento italiano. Solo dos años después, en 1918, Rucabado cayó enfermo para morir, finalmente, el 15 de noviembre a los 43 años.

Paseo por el camposanto

Enclavado en el cementerio de La Ballena, el panteón Del Sel fue proyectado por Rucabado para la familia de su esposa e impone su espectacularidad como un claro ejemplo de revivalismo egipcio modernista. Allí descansa para siempre el arquitecto, junto a obras solicitadas por la burguesía de Castro y vizcaína al propio Rucabado y a otros grandes autores como Emilio de la Torriente, Eladio Laredo, Severino de Achúcarro o el Premio Nacional de Escultura Gregorio Helzel.