Naturaleza en estado puro, los parques naturales más bellos de Europa

Capadocia. /
Capadocia.

El continente alberga parajes protegidos fascinantes, paisajes de ensueño y contrastes sorprendentes que enriquecen el entorno

ÁLVARO ROMERO

El viejo continente puede presumir de albergar una riqueza natural única en el mundo, sin embargo esa es la faceta más desconocida de una Europa que llega al grueso de los turistas internacionales a través de sus grandes ciudades y capitales. Urbes que demuestran toda la importancia histórica y cultural, además de la arquitectura y el arte, reflejo de las etapas que han ido aconteciendo a lo largo de los siglos.

Todos aquellos viajeros que deciden adentrarse en zonas naturales encuentran a lo largo y ancho del territorio europeo parajes realmente fascinantes, paisajes de ensueño y contrastes sorprendentes. Grandes zonas protegidas bajo la denominación de parque natural que sirven de hogar a una amplia variedad de fauna y flora. A todo ello contribuyen los característicos valores geográficos y geológicos, además de la disparidad climatológica que alberga el continente. Estos son algunos de los parques naturales más bellos de Europa:

Croacia

Parque Natural de Plitvice

El Parque Natural de Plitvice, situado en la región de Lica (Croacia), fue declarado Parque Nacional y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es, sin duda, el más bello del país y uno de los más bonitos de Europa. Cuenta con 16 pequeños lagos conectados entre sí por cascadas que se formaron gracias a la roca caliza de los suelos. A su preciosismo estético contribuyen también espesos bosques, multitud de cuevas, fuentes y verdes prados repletos de flores silvestres.

A toda la riqueza floral de une fauna protegida con especies como el oso, que corretean a sus anchas. Cualquier época del año es acertada para conocer el enclave, recorrer sus senderos y disfrutar de los lagos de agua turquesa. En primavera y verano los bosques se muestran frondosos, los prados verdes y las flores comienzan a abrir, mientras en otoño el parque se llena de color y en invierno predomina el blanco de la nieve y las cascadas se congelan dejando una estampa sin igual.

Turquía

Parque Natural de Goreme

El Parque Natural de Goreme se ubica en la singular región de Capadocia, en el centro de Turquía. Su belleza no pasa desapercibida, tanto es así que la UNESCO le denominó Patrimonio de la Humanidad. Se trata de un lugar repleto de magia y misterio que hace millones de años fue una importante zona volcánica. Ese pasado de lava y fuego junto con la erosión de la naturaleza han dado forma a caprichosas y fascinantes figuras geológicas.

Algunas de esas estructuras apodadas entre los locales como «chimeneas de las hadas», haciendo honor a sus formas. Excavadas en la roca aparecen también monasterios, iglesias y casas, muchas de ellas aún habitadas. El Parque Nacional lo componen varios valles que regalan hermosos colores en la salida y puesta del sol. Además es posible contemplar la zona desde la altura montando en globo aerostático, una de las actividades más demandadas por los turistas.

Finlandia

Parque Natural de Oulanka

El Parque Natural de Oulanka encuentra su espacio en el noroeste de Finlandia, limitando con Rusia y repartido entre las regiones de Ostrobotnia del Norte y la famosa Laponia. Si hay algún elemento que domina la zona ese es el agua, amo y señor de un parque natural donde también se extienden espesos bosques de pinos. Presenta un ecosistema fluvial sin precedentes y para esquivar dichos ríos se construyeron puentes colgantes que permiten disfrutar de toda la riqueza natural que allí se concentra.

Una compleja red de senderos se reparte por Oulanka conduciendo hasta los puntos más hermosos. Saltos de agua, miradores y enclaves donde contemplar la peculiar fauna y flora de la comarca. Supone un paraíso para los amantes de la fotografía, la naturaleza y los deportes de aventura, es posible practicar desde escalada hasta descensos en canoa. Además, cada estación allí es una sensación nueva.

Islandia

Parque Natural de Vatnajökull

Localizado en la bella Islandia, el Parque Natural de Vatnajökull pone en valor toda la riqueza natural del país insular. Está considerado como uno de los territorios protegidos más grandes del continente europeo con alrededor de 12.000 metros cuadrados de terreno, el 12% de la isla. Pocas regiones del mundo presentan tal interacción entre glaciares, cascotes de hielo dinámicos, energía geotérmica y frecuente actividad volcánica subglacial, con sus consecuentes riadas. De ahí la peculiaridad de este maravilloso enclave.

Hielo y fuego como parte fundamental de una zona protegida donde es posible observar la cultura y la historia de las comunidades asentadas alrededor del glaciar, las cuales, a lo largo de los siglos, han aprendido a vivir con él, y aprovechar la riqueza del entorno. Un parque didáctico en cuyos centros de interpretación se puede conocer el comportamiento de la naturaleza que engloba.