Ruta literaria por Reinosa y Alto Campoo: tras los pasos de Marcelo

El castillo de Argüeso, de carácter defensivo, se ubica sobre un cerro desde donde custodiaba el camino que unía la costa con Castilla./
El castillo de Argüeso, de carácter defensivo, se ubica sobre un cerro desde donde custodiaba el camino que unía la costa con Castilla.

José María Pereda dibuja los paisajes, las tradiciones y el patrimonio monumental de esta despoblada comarca cántabra

IRATXE LÓPEZ

Marcelo era un tipo de ciudad, uno de esos jóvenes abogados madrileños que nada tienen que ver con el campo. De los que se sienten como pez en el agua dentro del acuario de seguridad que proporciona la urbe pero se ahogan en las corrientes naturales. Así se intuye tras el dibujo que perfiló el escritor José María de Pereda (1833-1906) en el libro 'Peñas arriba', con palabras certeras y vocablos precisos que narraban la aventura vital de este personaje invitado por su tío Celso a visitar la tierra de sus ancestros. La obra cuenta su historia, la del hombre que disfruta entre fiestas, espectáculos y viajes exóticos, que ha saboreado la sofisticación de la capital y decide hacer las maletas, sin demasiado convencimiento, hacia la aldea montañesa de Tablanca (la actual Tudanca) para contentar a su pariente.

Ruta literaria por Cantabria

Distancia
: 22 kilómetros, ida y vuelta
Dificultad
: media
Accesibilidad
: existe un carril lateral en la carretera acondicionado para hacer este camino a pie, que se abandona para visitar el castillo de Argüeso (2 km.) y la torre de Proaño (2 km.)
Duración
: coche o autobús: 2 h. Bicicleta: 4 h. (con paradas de media hora). Dificultad media. A pie: 7 horas (con paradas de media hora).

Este reportaje cuenta el camino que emprende a través de Campoo, ruta que le ayuda a descubrir este remoto y, hasta entonces, insignificante rincón del planeta para él, compendio de tradición y sencillez. Enclave en el que aldea y armonía entre hombre y naturaleza se hermanan, dando forma a un todo de nuevas experiencias.

Gentes sencillas

El recorrido parte desde Reinosa, que recibió el título de ciudad de Alfonso XIII en 1927. Mientras Marcelo deambula por las abruptas montañas de la zona, por sus sierras y barrancos, descubre parajes y un viaje interior hacia la esencia real de la vida. Tal vez la transformación no sea tan poderosa en el aventurero que se anime a emprenderla ahora pero sí serán sus vistas igual de impresionantes, o casi, a las observadas por el protagonista de esta novela publicada en 1895.

«Puestos en marcha todos, (…) vímonos en campo libre, si libre puede llamarse lo que está circuido de barreras. De las cumbres de las más elevadas se desprendían jirones de la niebla que las envolvía, y remedaban húmedos vellones puestos a secar en las puntas de las rocas y sobre la espesura de aquellas seculares y casi inaccesibles arboledas, con el aire serrano que soplaba sin cesar, y tan fresco, que me obligaba a levantar hasta las orejas el cuello de mi recio impermeable».

Con estas palabras expresa Pereda a través de Marcelo su llegada a la ciudad, primer punto de la ruta, dotado con uno de los mejores ejemplos del barroco en Cantabria, la iglesia de San Sebastián (siglo XVIII). Allí las tradiciones se han mantenido, ayudadas por el aislamiento que proporcionan este especial territorio y sus condiciones meteorológicas. Nuestro ficticio guía descubre, ocultas en estos valles gentes sencillas que responden a un orden antiguo, a costumbres ancestrales y ritos de la tierra.

Parroquia de San Sebastián de Reinosa./ Sané. A continuación, centro de interpretación del románico en Villacantid./ María Cano. Finalmente, ventana del castillo de Argüeso.

«Siguiendo camino encarados al Oeste, llevábamos continuamente a la izquierda, aguas arriba, el cauce del río, con sus frescas y verdes orillas y rozagantes bóvedas y doseles de mimbreras, alisos y zarzamora». Continúa su senda el joven, a orillas del agua en dirección a Nestares, en Campoo de Enmedio. Su iglesia de La Lomba y la románica de Villacantid destacan en el municipio, pero el dueño de todas las miradas es sin duda el nacimiento del río, en Fontibre.

Nace el río

De este rincón repleto de chopos, robles y hayas surge el río más largo de España. «[…] en el centro de un reducido anfiteatro de cerros pelados en sus cimas, se veían surgir reborbollando los copiosos manantiales del famoso río que, después de formar breve remanso como para orientarse en el terreno y adquirir alientos entre los taludes de su propia cuna, escapa de allí, a todo correr, a escondidas de la luz siempre que puede, como todo el que obra mal, para salir pronto de su tierra nativa (…)», puede leerse en la novela.

Recomendaciones

Las Cigüeñas de Ormas. A un kilómetro de Espinilla, variedad y calidad en el menú, dentro de un local acogedor, decorado con gusto. Los clientes recomiendan los garbanzos con callos, el cabrito estofado y el venado. También cuentan con posada para alojarse. (Calle el Coterón, Ormas. Cantabria. 942779623. posadaormas.com.

Tras el embeleso de su belleza existe la posibilidad de enrolarte en una visita alternativa, fuera de ruta, hasta el castillo de Argüeso, construido entre los siglos XIII y XV. Aunque Marcelo solo lo vio a lo lejos, vale la pena recorrer los dos kilómetros que lo separan. Rodeado por una muralla en lo alto del cerro de San Vicente, perteneció a los Mendoza y a la Casa del Infantado y hoy en día puede visitarse tras su restauración. «[…] y entonces columbré sobre un cerro, encajonado en el fondo de un amplio seno de montes, un castillo roquero que, aunque ruinoso y cargado de yedra, conservaba las principales líneas de su sencilla y elegante arquitectura».

Pastizales

Llega la hora de marchar hacia Espinilla, señora en la planicie de la vega formada por el Híjar. A 950 metros de altitud, tierras repletas de siega y pastizales visten sus alrededores. «Andando, andando, siempre arrimado a las estribaciones de la derecha, fueron enrareciéndose los estribos de la izquierda, y dejándose ver, por los frecuentes y anchos boquerones, llanuras de suelo verde salpicadas de pueblecillos entre espesas arboledas».

Movimiento de nuevo hacia Proaño y su Torre del Sordo, para admirar la contundencia de este edificio privado. «No era esta casa tan ostentosa como la de los Pomares de Promisiones; pero sí tan 'bien nacida', y desde luego más rancia de linaje. Buena huerta y grandes cercados en las inmediaciones de la corralada. Lo más notable de todo ello fue para mí la torre, de la que daban dos fachadas al corral, en una de las cuales, y no en su centro, estaba la puerta de ingreso a ella, baja y angosta y reforzada con enormes clavos y grandes barrotes de hierro mohoso». Sí es posible, sin embargo, entrar en el museo etnográfco del pueblo, que dispone de innumerables objetos utilizados durante la época en la que se desarrolla la novela (reserva de visita en el 942753012).

De remate

Si quedan fuerzas, la ruta puede finalizar en Brañavieja, donde espera la estación de esquí Alto Campoo. Desde ese punto se domina la extensión de Campoo. Otra alternativa pasa por subir hasta el alto de Palombera por donde siguió el viaje de Marcelo hacia Tablanca. «[...] era verdaderamente hermosa aquella planicie que se perdía de vista hacia el Sur, circundada de altos montes de graciosas líneas y de calientes tonos, y adornada de cuantos accesorios pintorescos puede imaginar un artista aficionado a aquel género de cuadros: praderas verdes, manchas terrosas, esbeltos montículos, cauces retorcidos con orillas de arbolado, pueblecillos diseminados en todas direcciones».

 

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