Cima perdida al oeste de La Bureba

Rutas de montaña: Capulera (1.052 m.)

Rutas de montaña: Capulera (1.052 m.)

Capulera es una altura destacada, pero olvidada, que se eleva sobre los encinares de la sierra de San Torcaz

Iñigo Muñoyerro
IÑIGO MUÑOYERRO

Destacada en medio de la llanura burebana, colindante con la comarca de Las Torcas, se eleva la Sierra de San Torcaz. Son montañas antiguas, de relieves suaves y redondeados, que aparecen cubiertas por un espeso encinar. Una vez arriba constataremos que los vallejos y navas del altiplano están ocupados por cultivos de cereal.

El macizo está coronadó por una serie de cimas entre las que destacan San Torcaz, la más conocida por elevarse sobre el visitado monasterio de Santa Casilda. La otra es El Pelado, en las tierras de Rodilla. Hay otras muchas, alguna relevante por altura y ubicación, que sin embargo apenas reciben visitas montañeras. Una de ellas es Capulera o La Capulara, que muestra su enorme vértice geodésico encima de Quintanaurría, en el extremo occidental de la sierra.

A pesar de este olvido, Capulera es bien conocida entre los labradores de Quintanaurria, un pueblo pequeño y disperso que vive del monocultivo del cereal. Como muchos otros, fue importante. Un documento fechado en 1124 dice: «En el nombre de Dios. Yo, Urraca Alfonso, de acuerdo con mis hijos e hijas donamos al monasterio de San Salvador de Oña, al abad Pedro y a todos los monjes que allí sirven a Dios toda la herencia que poseemos en Quintanaurria y Zuñeda a cambio por la hacienda que nos disteis a nosotros en Céspedes y en Pajares».

HITOS

Capulera:
1.052 m. UTM: 30T X.462237 Y.4709845
Cómo llegar:
Briviesca. CL-632 a Poza de la Saa. Cruce de Aguilera (izd) BU-V-5104 a Quintanaurría.
Cartografía:
Burgos (19-10) (200) IGN 1:50.000Frisaba la edad

INFORMACIÓN MIDE

Horario:
2h.30' (1h.25' de ascensión).:
Distancia:
9,7 km.
Desnivel positivo:
330 m.
Severidad del medio:
1
Dificultad orientación:
2
Dificultad del terreno:
3
Esfuerzo necesario:
2

El camino de subida es fácil de localizar. La carretera sigue a Carcedo de Bureba, capital del municipio. Junto a la última casa del pueblo sube (izd.) una pista de tierra y grava. Suele estar embarrada. No hay señal o marca. Atraviesa una zona de corrales y se dirige hacia el flanco de la sierra que aparece protegida por una muralla de toba, indicador de termalismo. Al poco (0h.05') un sendero a la izquierda lleva hacia la Cueva de los Moros, que visitaremos en la bajada. Tampoco hay letrero.

La pista se endurece y gana altura con rapidez. Atravesamos una zona desforestada donde proliferan los enebros, las escobas y los brezos. Traza varias curvas y se interna en un estrecho vallejo donde los robles y las encinas colonizan las laderas. Es un paraje tranquilo y de gran belleza por donde cruzan corzos y jabalíes. Tras un corto llanea salimos al altiplano (1h.05'). Cultivos de cereal hasta donde se pierde la vista. En medio de las piezas, una nave sirve de referencia.

Continuamos por la derecha, hacia unas cimas ocultas por el carrascal. La pista se vuelve a bifurcar. Por la derecha se interna en el bosque y desciende a Rublacedo. Vamos (izd.) durante un corto trecho hasta una zona adehesada (1h.15'). Una vez allí nos internamos sin sendero en el encinar cerrado de enebro. Sendas de animales nos llevan hacia el punto más alto (1h.25').

Está coronado por un vértice geodésico de tres metros de altura que emerge en medio de la vegetación. Desde arriba (hay escalerilla) se tiene una vista excepcional de La Bureba, Sierra de la Demanda, montes de Oña y cimas de Espinosa de los Monteros. Con un día despejado incluso se divisa Burgos. También constatamos que a un kilómetro hay otra cima de altura similar sin camino de acceso. En Quintana es conocida como Valtablado.

Si hay piernas y ganas podemos aprovechar para caminar hacia el minúsculo Ahedo de Bureba (tres casas, perros y mugre) para visitar las ruinas de la ermita románica de San Martín (siglo XII). Queda (o quedaba) la portada hundida entre la vegetación. Supone 5 kilómetros adicionales.

Volvemos a Quintana por la ruta de subida. Antes de llegar al pueblo podemos aventurarnos en la Cueva de los Moros. Es una estrecha surgencia en medio de la pared de toba, que se puede visitar en temporada seca. Un labrador nos contó que hay que entrar a gatas y que el interior es espectacular. Para valientes.

Ni en Quintana ni en los pueblos de los alrededores hay bar ni nada parecido. Sólo perros y una buena fuente. Por algo estamos en la tierra de la embotelladora de aguas Santolín.