Ruta literaria por Cartagena con la primera académica

El dique de La Curra, con su faro verde en la bocana del puerto, es uno de los mejores recuerdos de la juventud de la escritora./
El dique de La Curra, con su faro verde en la bocana del puerto, es uno de los mejores recuerdos de la juventud de la escritora.

Carmen Conde, la primera mujer en acceder a la Academia, fue maestra, poetisa y dramaturga y dedicó a su Cartagena natal textos que recuerdan el gran legado de la ciudad

IRATXE LÓPEZ

Fue la primera mujer en ocupar un sillón de la Real Academia Española. Tras concederle este honor, el 28 enero de 1979, Carmen Conde (1907-1996) demostró su dominio en las letras sobre su asiento en la letra K. Tenía 71 años. En 1967, había ganado el Premio Nacional de Poesía, distinción que no se prodiga entre las féminas. Poetisa, prosista, dramaturga y ensayista, Conde se reivindicó también como una excelente maestra. Voz esencial en la Generación del 27, su lucha a favor de la educación le hizo fundar la Universidad Popular en su ciudad natal, Cartagena. A esa localidad nos remite el reportaje, a calles marcadas por la historia y la brisa mediterránea, siguiendo las huellas de esta excelente escritora.

Cartagena (Murcia)

Oficina de Turismo
Plaza del Ayuntamiento, 1. 968128955.
Web
turismo.cartagena.es .

Amaneció al mundo un 15 de agosto de 1907, en una época en la que la minería aportaba riqueza a una ciudad inclinada hacia la industria y el comercio. Hasta que un revés económico familiar, cuando contaba siete años, le llevó a Melilla. De allí retornaría en 1920 a una Cartagena en crisis. Con ese panorama era preciso aportar a las arcas domésticas y en 1923 se presentó a unas oposiciones a calquista de planos en la Sociedad Española de Construcción Naval Álvaro de Bazán. Años después, la ciudad se convertiría en uno de los últimos municipios españoles en rendirse a los nacionales. Entonces debió mudarse a Madrid, aunque los recuerdos quedaron en su memoria.

La escultura de la escritora se sitúa frente a la iglesia del Carmen.
La escultura de la escritora se sitúa frente a la iglesia del Carmen.

Para seguir sus pasos existe una ruta literaria por el casco antiguo de la Cartagena que evocó en sus escritos. Arranca en el Parque de Artillería, frente al que discurren la calle Serreta y su prolongación, Caridad, donde residió entre 1931 y 1932. «Vivíamos en una calle estrecha, larguísima, que por un extremo rozaba los límites de la vieja ciudad (…). Mi ciudad es puerto de mar, un buen puerto, cuya fama y seguridad han corrido no sólo leguas, sino por libros». Hacia la derecha habrá que seguir la fachada lateral del cuartel, superar los puestos de flores de la Plaza Juan XXIII y acceder a la calle Canales, cuna de las 'cartageneras', un palo del flamenco nacido a finales del XIX en una taberna en la que se reunían Rojo el Alpargatero, Chilares y otros para cantar, «en las noches de la luna (...) con sus sillas y guitarras».

Derecha nuevamente hasta la calle de la Palma, donde vino al mundo y vivió de pequeña, «así llamada porque poseía una altísima palmera. Por mi padre –cuyo padre lo era– vengo de gallegos de Orense; y por mi madre, de murcianos y lorquinos, ¡gente mora y apasionada esta!». Llegados a la plaza de Alcolea, construida en el primer tercio del XVIII, es momento de recordar las lonjas de contrataciones de frutas y verduras. Pasado un callejón se accede a la calle del Carmen, repleta de edificios modernistas.

El Palacio Consistorial se diseñó de acuerdo a una estética afrancesada.
El Palacio Consistorial se diseñó de acuerdo a una estética afrancesada.

En la Casa Dorda, obra del Víctor Beltrí, residía la familia que ayudó a Carmen a conseguir una beca para estudiar Magisterio. Casi al final espera la iglesia del Carmen, donde fue bautizada. Enfrente se encuentra la escultura de esta Hija Predilecta de Cartagena, al lado se alza la Casa Pedreño, renacentista con ornamentos modernistas, y a la izquierda, Santa Florentina, de la que Carmen tomó el seudónimo que emplearía en los 40, Florentina del Mar.

Hora de seguir por Puerta de Murcia. En el número 5 compartió hogar con su esposo, el poeta Antonio Oliver. Parada ante el Gran Hotel, que recuerda la proa de un barco. En sus salones se reunía la alta burguesía y allí estuvo el Ateneo que acogió actos de la Universidad Popular, charlas de Margarita Nelken, María de Maeztu y Antonio Ros. En la calle Jara se instalaría aquella Universidad Popular. En la del Aire construyeron la iglesia de Santa María de Gracia, escenario de la Semana Santa. Frente al templo, la ecléctica Real Sociedad Económica de Amigos del País, sede de citas literarias. A la izquierda, la calle San Miguel, que acogió el Asilo de San Miguel, colegio de la Carmen niña. Por Medieras, salida hacia la calle Mayor. Y derecha otra vez para admirar el Casino, palacio del marqués de Casa Tilly hasta que en 1897 fue reformado en estilo modernista.

El Gran Hotel asemeja la proa de un barco.
El Gran Hotel asemeja la proa de un barco. / TURISMO DE CARTAGENA

«Caminaba airosa, delgadísima (unos 45 kilos de peso) y era tan soñadora en todo momento, que a veces no veía por donde pisaba. Debía de hacerlo con salero cuando hubo quien tiró al suelo su sombrero para que yo lo pisara cuando pasaba ante el Casino de la Calle Mayor». Avanzados unos metros se reconoce la Casa Cervantes, erigida en 1900 con la fortuna minera de Serafín Cervantes. La plaza del Ayuntamiento, con su Palacio Consistorial, obra de Tomás Rico Valarino y Francisco de Paula Oliver Rolandi, suegro de Carmen Conde. El muelle de Alfonso XII después. Detrás, la iglesia Santa María la Vieja o catedral antigua y la Muralla del Mar. «Siguiendo el largo espigón del faro de San Pedro, veían al fondo, en la curva en que la dejaban la dársena y el faro de Curras, la ciudad bulliciosa y jaranera que por entonces era Cartagena».

A la derecha del punto donde nos encontramos, se alzaba la Sociedad Española de Construcción Naval Álvaro de Bazán, donde trabajó cinco años. «Ahora ve por la ventana la solemne entrada de un barco al puerto. Sobre la mesa se va extendiendo, desperezándose, el papel de finísima tela azulada. Abajo siguen las máquinas del taller de modelos, pero ya no las oye, tan acostumbrada está a su ruido monótono». En la Sala de Calco escribió los poemas de su primer libro, 'Brocal', publicado en 1929.

Animación en la plaza de los Héroes de Cavite.
Animación en la plaza de los Héroes de Cavite.

Es éste momento de mirar con calma. Los diques de La Curra, con su faro verde, y Navidad, con el rojo. «Del faro rojo al faro verde. Del faro verde, al faro rojo. ¡He abierto la madrugada, caminando de faro a faro!». Y Santa Lucía. Es éste el punto para la despedida, donde las añoranzas explosionan en escritos. Para las palabras pensadas lejos de la ciudad que amó y debió cambiar por Madrid.

«Pasó. Mas, nunca el paseo de mis perdidos pasos, volví a pisar. Cuando llego al muelle, lo miro de lejos y sé que en vano buscaría a la criatura que fui cuando caminaba hacia una juventud inesperadamente yugulada por la guerra. ¿Para qué buscar las huellas de aquellos pasos que al fin rociaron con sangre?».

Fuera de la ciudad

Salir de Cartagena para hermanarse con la naturaleza es sencillo gracias al Espacio Natural Sierra de La Muela, Cabo Tiñoso y Roldán. En el litoral, al oeste de la ciudad, el Cabezo de Roldán se distingue como una sierra de interés ecológico, geomorfológico y cultural. Su belleza podría haber inspirado suaves palabras. «Acércate. Junto a la noche te espero. Fuentes profundas y frías avivan mi corriente». El turista encontrará especies exclusivas y otras compartidas con el norte de África. La sabina mora o el ciprés de Cartagena, el cornical y la siempreviva de Cartagena. Eso en cuanto a vegetación. De la fauna destacan rapaces como el águila perdicera o el halcón peregrino. Mamíferos como la gineta, el erizo moruno o la musarañita. Reptiles como la lagartija colirroja o el lagarto ocelado. Este espacio ha sido designado Zona de Especial Protección para las Aves ZEPA por la presencia del halcón peregrino y del búho real. Debido a su cercanía a la ciudad, los vecinos de Cartagena adoran el Monte Roldán para la práctica de senderismo, ciclismo y las carreras de montaña.