A pedales entre rampas, mar e historia
Ruta corta pero intensa al faro de Gorliz, donde en sus acantilados se conservan galerías subterráneas y hasta un antiguocañón
En ocasiones no hace falta recorrer grandes distancias para vivir una aventura. La ruta del faro de Gorliz es un ejemplo. Son son dos kilómetros, ... pero concentran todo lo que un ciclista amante de la naturaleza puede pedir: paisajes costeros espectaculares y un toque de historia escondido entre acantilados. El punto de partida comienza en el arenal de Gorliz, donde está el acceso al faro. Una pista asfaltada con muy poca pendiente nos da la bienvenida. Según avanzamos, a mitad de subida, hay prados salpicados de caballos. Con algo de suerte, incluso se puede ver algún corzo entre los árboles. Todo un señuelo para olvidarse de la dureza de la pendiente, que supera ya el 10%. Poco a poco el terreno se abre y a la izquierda se divisa la playa de Gorliz con Plentzia al fondo. Siguiendo la pista que serpentea entre pastos, aparece a los lejos el objetivo del recorrido: el faro, aún distante, pero ya visible. Inaugurado en 1990, se alza sobre el Cabo Billano.
-
Distancia 2 Km.
-
Altitud máxima 130 m.
-
Desnivel 100 m.
-
Pendiente media 15%
Está situado a 161 metros sobre el nivel del mar, por lo que lo convierte en el faro más alto de Euskadi. Como curiosidad, su nombre no coincide con el del cabo, ya que el 'Cabo Villano' ya existía en Galicia. Por eso se optó por bautizarlo con el nombre del pueblo. La pendiente cada vez será más dura, con rampas sostenidas al 15%. Además, la carretera comienza a tener ciertos socavones que es mejor evitar. Al pedalear a tan baja velocidad, no es un problema.
Tras un esfuerzo relativamente duro, llegamos al faro, donde hay unas vistas panorámicas sobre el mar. Además, en ese acantilado hay un pedazo de historia escondido entre sus rocas. Durante los años 40, Francisco Franco mandó construir varios búnkeres y puestos de tiro ante el temor de un ataque aliado. Aunque nunca se usaron, aún se conservan galerías subterráneas que conectan tres de estos puestos, e incluso puede verse uno de los antiguos cañones. Para visitarlos, hay que descender por un pequeño sendero a los pies del faro. Conviene hacerlo con precaución y con linterna, especialmente si se va con niños, pero la experiencia merece la pena: caminar entre túneles y fortificaciones convertirá la excursión en una auténtica aventura.
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión