Los fiordos leoneses

El viaducto cruza el pantano de Riaño, situado entre bosques y montañas rocosas./Elena Sierra
El viaducto cruza el pantano de Riaño, situado entre bosques y montañas rocosas. / Elena Sierra

Un paseo en barco por el embalse de Riaño sume a los asistentes en el recuerdo de un pasado anegado en aras del progreso

Elena Sierra
ELENA SIERRA

Los más famosos son los noruegos, pero tiempo al tiempo: los fiordos leoneses están mucho más cerca y son mucho menos visitados, las vistas son preciosas y encima seguro que se come mucho mejor en Riaño y su entorno, y este no es un tema menor. El caso es que desde hace un tiempo se puede realizar una excursión en barquito por el famoso –tristemente famoso– pantano de Riaño para conocer la historia del lugar de boca de quienes mejor lo conocen, alucinar con el paisaje e intentar avistar alguno de los muchos animales que viven tranquilamente en sus orillas y los montes que lo circundan. El barco, que comienza sus rutas a las once de la mañana –cada paseo dura una hora aproximadamente y cuesta diez euros para adultos, cinco para menores de 9 años–, es un trimarán con una cubierta acristalada que permite hacer fotos a diestra y siniestra.

El capitán se encarga de repasar la historia de los distintos asentamientos que hubo en el valle no sin falta de gracia. Y eso que el pantano sigue haciéndole daño a mucha gente: el agua lo inundó todo hace algo más de 30 años, el año pasado se cumplieron, por lo que aquí sigue todo muy vivo. Los alrededor de 400 vecinos del nuevo Riaño, que se refleja en la superficie desde el alto, son una décima parte de los más de 4.000 que tuvo el pueblo viejo. Y bajo las aguas permanecen otros seis pueblos; seis completos, porque hay otro par que consiguieron salvar una parte de sí mismos.

El actual Riaño y el anterior son los más conocidos, pero la historia se remonta mucho más atrás. Como se explica a medida que el barquito se aleja del pantalán, hubo un primer asentamiento en un vallecito verde bastante alejado, en la orilla derecha, hace 2.000 años. Y ya en la Edad Media, en lo que hoy es una isla cubierta de vegetación pero que en su día fue una montañita desde la que era fácil controlar quién iba y venía por la cuenca del Esla –el padre Esla aporta el agua, y el Duero se lleva la fama, dicen por estas tierras–, y distinguir si era amigo o enemigo antes de que se acercara demasiado.

Ciervos en la orilla

Para llegar hasta este extremo en el que ya no hay edificios a la vista, y cuyas tierras forman parte de la reserva de caza, hay que pasar por debajo del viaducto. Impresiona. A los vecinos del viejo Riaño, cuando aun no se había cerrado la presa, lo que les debía de provocar era terror. Convivieron una temporada con él, bajo él, antes de que el agua se lo llevara casi todo. Trasladaron un par de iglesias piedra a piedra a la parte nueva antes de que ocurriera. Si se tiene suerte, y ninguna moto acuática ha pasado antes que el barquito por el lugar, es posible ver corzos, venados o ciervos saltando por las peñas, y águilas, buitres y patos sobrevolándolo. Las que siempre están son las laderas cubiertas de hayas, los picos como el Yordas, el Gilbo, la Peña Las Pintas, el Cueto Cabrón y la Sierra de Hormas, los glaciares, el silencio de los valles cubiertos de agua.

Los picos se reflejan en las aguas del pantano.
Los picos se reflejan en las aguas del pantano.

Aquí estaba Anciles, dirá el capitán, y no se podrá dejar de pensar que la situación del pueblo era espectacular. Esto fue hace miles de años el fondo del mar, y lo que vemos es una formación coralina sembrada de fósiles, dirá también. Otro dato de interés: por ahí habrá bisonte europeo, ese animal desaparecido hace siglos de la Península que ha sido reintroducido con éxito gracias a una población que sobrevivía en Polonia.

Acabada la visita, merece la pena pagar los 2,50 euros de la entrada de la piscina, que está a dos minutos a pie del embarcadero. El chapuzón es con vistas. Habrá pocas como ésta.

Riaño (León)

Dónde
Riaño se encuentra a 100 kilómetros al noreste de la ciudad de León.
Cuándo
De martes tarde a domingo. 10 €, cinco para menores de 9 años.
Información y reservas
De martes a domingo (10.30 a 14.00 y de 16.30 a 19.30 horas en el teléfono 608572926.

Recomendaciones

En el hostal-restaurante Tanis (Plaza Redonda, s/n, )987740694), en la parte baja del pueblo, cerca de la piscina y el embarcadero, se puede dormir y comer por precios más que asequibles. En la carta, platos típicos y buena carne. Como ocurre en la parte alta, al lado de la plaza de la iglesia y bajo los soportales, es decir, a tres minutos cuesta o escalera arriba, en el Sainz (Avenida Valcayo 14, )987740663), que también es albergue. Al lado, en el número 12, la cafetería del florido Hotel Presa ()987740637) acompaña los cafés con unas rosquillas de las de toda la vida.

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