Lanestosa, una aldea para perderse

Los picachos rocosos delimitan el valle de Lanestosa, donde abundan los bosques./
Los picachos rocosos delimitan el valle de Lanestosa, donde abundan los bosques.

El pueblo menos extenso de Bizkaia, con 300 vecinos, exhibe el poderío de sus casonas y un casco urbano bien cuidado, fruto de los privilegios obtenidos como vía de paso esencial entre Cantabria y la meseta

IRATXE LÓPEZ

Pequeñito pero matón. Así es Lanestosa, el municipio menos extenso de Bizkaia, solo 1,2 kilómetros cuadrados, que linda con su hermano mayor, Karrantza, el más grande de la provincia (casi 138). Menos de trescientos habitantes pueblan sus casas, ubicadas en el extremo más occidental de las Encartaciones. Hogares con balconadas repletas de flores, enclavados en un estrecho valle rodeado de montañas que parte en dos el río Calera. A pesar de su menuda apariencia, Lanestosa fue una de las primeras villas de Bizkaia y las estrechas callejuelas de piedra, diseñadas en viales rectos, mantienen aquel regusto a pasado. Igual que los palacios nacidos en pleno siglo XVII y XVIII.

Dicen los historiadores que allá por el XI atravesaba la comarca una calzada real que unía la meseta castellana con la costa. Advertido de esta privilegiada situación estratégica, el 6 de junio de 1287 Don Lope Díaz de Haro III decide fundar la villa dentro de sus dominios. Quería reglamentar las vías naturales que unían Castilla y zonas costeras, con el propósito de consolidar poblaciones que facilitaran el tránsito entre el interior y el Cantábrico.

Santuario de la Bien Aparecida.
Santuario de la Bien Aparecida.

Al título le acompañaban varios privilegios. Primero, un régimen jurídico especial para los pobladores, pues separaba la villa de las autoridades comunes del Señorío y facilitaba el desarrollo de actividades económicas al dar libertad para comprar y vender lo que desearan. Otras ventajas fueron la exención de ciertas cargas, cero responsabilidad común de la población ante homicidios y las obligatoriedad de que quienes representaran a la villa fueran vecinos. Lo curioso es que, a pesar de los beneficios comerciales, la localidad permaneció fiel a su medio principal de subsistencia, las labores agrarias.

Un pueblo de tres calles

Por atípica la distinguían, guardiana de sus tradiciones. También su desarrollo urbano fue respondón. En los planos de entonces aparecen muchos espacios vacíos pues los habitantes se obstinaban en mantener huertos y almacenes. Tres calles componían el lugar: Real-Correo, Arena-Huertas y Mirabueno, paralelas entre sí y con respecto al río. Cortadas por otro par del que la más importante desembocaba en el puente nuevo sobre el río Calera, que discurre frente a la iglesia de San Pedro.

Plaza Makua, en el centro de la localidad.
Plaza Makua, en el centro de la localidad.

Unos siglos más tarde, desde el 26 de septiembre de 1556, Lanestosa formó parte también de la ruta que Carlos V emprendió desde Laredo, tras 40 años de reinado, hacia su retiro en el monasterio de Yuste. La primera parte de este postrero viaje remontó la cuenca del Asón siguiendo el camino entre Laredo y Burgos, a través del puerto de los Tornos. Para completarla, el monarca pasó una noche en la Casa Colina. Pero no solo ese edificio destaca como emblemático. El listado se completa con la iglesia renacentista de San Pedro (XVI), la Plaza Nueva, las casas de la Plaza Vieja conocidas como Casas de Labranza, el Palacio Codina, el Palacio de Bringas, la Casa Trapaga, las antiguas escuelas y los lavaderos, entre otras construcciones. Sin faltar, por supuesto, las de indianos.

Emigrar a América era una decisión común en la zona y Cuba, México, Argentina, Guatemala y Filipinas se convirtieron en destinos buscados. Volver con las alforjas llenas formaba parte del pan de cada día durante la segunda mitad del siglo XIX. De aquellas lejanas tierras traían los regresados capital y extravagancias, inquietudes culturales e interés por el progreso, además de coches llamativos y trajes imposibles que asombraban a los que se quedaron en sus casas.

Dos vecinos caminan por una calle empedrada.
Dos vecinos caminan por una calle empedrada. / Fernando Gómez

Casas distinguidas

Los indianos impulsaron iniciativas para mejorar las condiciones locales, fundaron escuelas, apoyaron proyectos de infraestructura, obras de caridad… Destacó la familia Sainz Sainz, propietaria de La Casona. Aunque son muchos los nombres que distinguen otras casas: la de Vizcaya, de José María Valerdi Murua, de Antonio Echevarría Ortiz, de Pedro Martínez González y de Francisco Martínez Zalacain. Los nuevos ricos impulsaron además obras religiosas como la donación a la iglesia de San Pedro de un retablo neogótico llegado hasta nuestros días y la concesión de ayudas a los lugareños.

Entre todas estas iniciativas, tal vez la más curiosa fue la construcción del desaparecido teatro de la villa. En diciembre de 1927 se constituyó la sociedad anónima Teatro de Lanestosa, con 25.000 pesetas de capital repartido en 250 acciones. Un destello de cultura dentro de aquel entorno agrario.

LANESTOSA

Cómo llegar
Lanestosa se encuentra a 6 kilómetros de Ramales, población cántabra situada a 25 kilómetros de Laredo, y a 16 de Karrantza.
Paseo
1,30 h. Los edificios se ven desde el exterior, excepto la iglesia.
Precio
6 €
Grupo mínimo
10 personas (grupos a partir 20 personas, 4 euros/persona).
Reservas
Leykatur 616498621
Web
www.lanestosa.net

En bici de montaña

Los amantes de la bici de montaña pueden quemar pierna cubriendo la ruta que parte de Lanestosa hasta el Santuario de la Bien Aparecida, patrona de Cantabria. Fácil no es, por eso quienes piensen que completarla supone demasiado esfuerzo tienen la opción de bajar en coche hasta Ramales y comenzar allí, ahorrándose al regreso la subida al Alto de Volaiz. Las vistas de la ruta lo curan todo pero hay que ser conscientes de lo que aguarda. Si sales de Lanestosa has de descender por la general hasta Ramales. Antes de bajar el puerto, un cartel indica la cueva de Covalanas… igual apetece contemplar arte rupestre, previa reserva cuevas.culturadecantabria.com.

A la salida de Ramales espera el desvío a mano izquierda, indica: Valle 5, Arredondo 12 (se trata de la carretera CA-261). Un puente sobre el Asón marca el kilómetro 7. Recién pasada una casa, surge a la derecha una pista asfaltada de gran pendiente que se adentra en la ladera. Empieza lo duro, rampas con porcentajes superiores al 18%. Superado el trecho, en el kilómetro 8,6, la cuesta se suaviza al coincidir con una cabaña de piedra a la izquierda. El camino es de tierra, dificultad añadida.

Un bosque de eucalipto acompaña la marcha hasta recobrar las grandes pendientes. En el kilómetro 10,250 es momento para elegir la pista a mano izquierda (no la confundas con otra 250 metros más arriba, cerrada con alambrada). Lejos de ser perfecta, probará tus habilidades. El kilómetro 12 marca la llegada a un cruce de caminos. A la derecha, antenas con entrada cerrada por alambrada. De frente, pista en peor estado, no vale. Izquierda, señalada como coto privado de caza, la que lleva a la Alcomba. Presta atención en el kilómetro 13,250. Tras dejar atrás a la derecha una pista, saldrás a la carretera. Debes girar a tu diestra para ir al pueblo. Verás a lo lejos La Aparecida.

Cincuenta metros más abajo del kilómetro 13,650, en la misma localidad, toma la primera desviación izquierda. En el kilómetro 16,300 hay un cartel que indica fin de propiedad particular. Gira a la derecha para zambullirte en zona boscosa, de las que sales a la carretera en el kilómetro 17,700.

Distancia: 44 km. Altitud mínima 6 m. y máxima 568 m. Desnivel acumulado: subiendo 1.037 m., bajando 1.296 m. Grado dificultad: Difícil. Tiempo 3,5 h.