Mungia, un cuento de señores y piratas

Vista del palacio fortificado de Torrebillela./Pedro Urresti
Vista del palacio fortificado de Torrebillela. / Pedro Urresti

Un corsario que pierde la cabeza por su fe, una fuente conflictiva y otros detalles alegran un recorrido diferente por la localidad vizcaína

IRATXE LÓPEZ

La localidad vizcaína de Mungia es la cuna de Matxin, mercenario nacido a principios del siglo XVI que el pirata Barbarroja quiso fichar entre sus filas. Amparado por la patente de corso de la corona, el 27 septiembre de 1538 venció a 80 barcos del temible corsario, quien acabaría capturándolo tiempo después para ofrecerle trabajo. «¡No!», fue la respuesta del mungiarra que se negaba a repudiar su fe. Ofendido, Barbarroja ordenó decapitarlo, por eso en nuestra tierra los actos de rebeldía toman el nombre de matxinadas.

Pórtico de la iglesia de San Pedro.
Pórtico de la iglesia de San Pedro. / Turismo de Mungia

Es una de las historias que escucharás participando en la visita a esta localidad vizcaína. La ruta se desarrolla por tu cuenta, gracias a un recorrido con audios disponible en la web local. Aporta anécdotas como la de la fuente Alkartasuna, fuente de la concordia que muestra dos manos unidas en relieve y la inscripción «Biak bat eta biena»(los dos uno y de los dos). Procedente del año 1883, fue entonces cuando el ayuntamiento de la villa y la anteiglesia llegaron a un acuerdo para traer agua desde Gondramendi. El proyecto común acabó en pleito llevado hasta el Tribunal Supremo. La anteiglesia reclamaba que el ingenio no lucía en el linde exacto y que había costado más por ser de mármol. A pesar de las riñas, aseguran que en su entorno los acuerdos fluyen más fácilmente.

Mungia (Bizkaia)

Web
www.mungia.eus/es/ruta-turistica.

Nuevas curiosidades: la enorme aldaba del portal número dos, en la Plaza de los Fueros. Rústica y descomunal, debía escucharse por toda la casa. O el Palacio Agirre, actual Casa de Cultura, edificio en el que, para convocar a la suerte, se forjaron sendas cruces en los enrejados de las ventanas inferiores. Caminar por la calle Andra Mari equivale a descubrir sociedades gastronómicas, refugio en el que los hombres escapaban del matriarcado. El Anaitasuna fue el primer txoko local y su nacimiento coincidió con la guerra de la independencia del Congo, por eso fue conocido popularmente como 'Katanga'.

El monumental caserío Landetxo.
El monumental caserío Landetxo. / Pedro Urresti

Imposible no detenerse ante Torrebillela; su historia añade interés al edificio. En 1376 los labradores de la Merindad de Uribe solicitaron al Señor de Vizcaya la fundación de villas amuralladas donde encontrarse a salvo frente a las guerras de banderizos. Así nació Mungia, pero aquellos banderizos no esperaron mucho para asentarse intramuros. Los Villela eligieron un solar que dominaba el acceso sobre la calzada procedente de Bilbao.

Una cadena en la pared

Tras la torre aguarda su molino de agua y, cerca, la cadena en la pared de Katetxea recuerda que en este lugar se pagaban impuestos por las mercancías. Más adelante, la iglesia de San Pedro acoge las sepulturas de otros señores, los de Butron, la familia más poderosa de Mungialdea. Por la cercana calle Butron discurrían los alardes que este señor desarrollaba para atemorizar a los vecinos.

El busto de Lauaxeta, en la avenida de mismo nombre, recuerda a Esteban Urkiaga, uno de los poetas vascos más insignes. Orador del PNV y colaborador del Gobierno vasco, fue detenido mientras enseñaba la Gernika destruida por la Legión Cóndor y fusilado en 26 de junio de 1937. Torrebillela acoge una exposición permanente dedicada a él.

Las citas del itinerario son muchas. Continúan en diferentes puntos entre los que sería un error pasar por alto el Caserío Landetxo, primero declarado Bien Cultural en calidad de monumento. Ejemplo de arquitectura del roble en la Europa del siglo XVI, fue construido hacia 1510 como residencia de campesinos acomodados. Sería imperdonable perderse su visita, que tiene el interés añadido de acoger un parque temático sobre la mitología vasca.

Un hotel con encanto

El Palacio Urgoiti, perfecto para una escapada tranquila, fue construido por Miguel Vélez de Larrea a finales del siglo XVII y ha pertenecido siempre al linaje de los Adán de Yarza. Originariamente se encontraba en Galdakao y su reconstrucción en el actual enclave se llevó a cabo piedra a piedra. Ilustres visitantes como el Infante Carlos de Borbón descansaron entre sus muros. Habitaciones amplias de diseño clásico, decoradas para ofrecer un hotel boutique emblemático, esperan en un bucólico entorno natural. Cuenta con piscina climatizada todo el año, gimnasio, una acogedora casa de lectura, bistró con preciosa terraza para disfrutar de una copa o de comida desenfadada y el restaurante Harria, donde degustar cocina vasca tradicional con toques modernos. También dispone de campo de golf y salones para reunirse. (Arritugane s/n. Mungia (Bizkaia). 946746868. hotelpalaciourgoiti.com)

 

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