En busca de las fuentes del Nervión

El puente de Otazu es uno de los rincones más atractivos de la ruta./sandra espinosa
El puente de Otazu es uno de los rincones más atractivos de la ruta. / sandra espinosa

El paseo fluvial entre Llodio y Amurrio tiene ya ocho kilómetros de longitud y crece hacia Delika, donde se inicia el río

MARTA PECIÑA

El Nervión nace con un salto espectacular de casi 300 metros. Aunque el recorrido desde el monte de Santiago es uno de los más concurridos, ahora es posible buscar sus orígenes gracias al paseo fluvial que arranca en Llodio y que de momento llega hasta Amurrio siguiendo un tranquilo paseo, accesible y llano, apto para bicicletas y peatones de todas las edades y condición física. El recorrido se asoma continuamente a las riberas donde garzas reales, garduñas, patos y anfibios han encontrado un lugar idóneo para vivir. En días de temporal en el mar el río acoge a cormoranes y gaviotas que buscan refugio.

El paseo discurre paralelo a la línea férrea que une Bilbao con Orduña y es accesible desde todas las estaciones situadas entre Llodio y Amurrio: Areta, Llodio, Santa Cruz, Luaiondo, Salbio, Iparralde y Amurrio. Las bicicletas se pueden transportar en el tren, realizar el paseo entero o solo un tramo y regresar en el mismo medio de transporte.

El edificio de la estación de Llodio, situado en el centro, merece una ojeada. Se trata de uno de los apeaderos más bellos de toda la línea y fue encargado por el marqués de Urquijo, accionista de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte al arquitecto de la empresa, José Enrique Marrero Regalado, que la terminó en 1931 con un estilo pensado para las localidades madrileñas de Aranjuez o el Escorial. Antes de empezar a andar, el parque de Lamuza ofrece un refugio natural sembrado de bellos edificios en lo que fue la residencia de verano de los marqueses de Urquijo.

De vuelta a la estación, el río se convierte en un protagonista que habitualmente discurre tranquilo por la localidad alavesa. Incluso en el mismo centro es habitual ver garzas reales, que se han acostumbrado a la presencia humana. El paseo discurre paralelo al río y aguas arriba lleva al caminante por la zona industrial, donde no puede dejar de prestar atención al palacio Katuja, encajado entre pabellones, pero que se enseñorea frente al río con su fachada barroca. Completaba el conjunto un magnífico puente apuntado que fue derribado en 1995 para evitar inundaciones.

Saliendo del casco urbano, se hace patente la disposición lineal de los caseríos junto al paseo. No es casual, porque se trata del antiguo Camino Real que comunicaba Castilla con el puerto de Bilbao, el mismo recorrido que han hecho durante siglos los carros cargados de lana para embarcarla rumbo a Europa.

La frontera de Luiaondo

Una vez superada la zona urbana de Llodio, el primer puente del paseo se hace presente con su estructura metálica de color rojo y suelo de madera protegida con malla metálica para evitar resbalones en invierno, que se volverá a repetir a lo largo de todo el recorrido. Después de cruzarlo, el paseo discurre junto a la carretera antes de volver de nuevo a la margen derecha y entrar en Luiaondo, donde el puente de Otazu, del siglo XV, el más antiguo y quizás el más bello de los que cruzan el Nervión, recibe al paseante. Luiaondo, también se articula a lo largo del Nervión y del Camino Real, como corresponde a su origen como lugar de ‘repostaje’, donde se almacenaban mercancías en sus enormes casas, los carreteros podían descansar y cambiar sus caballerías para continuar el camino hacia Bilbao.

El paseo pasa junto al antiguo molino Quinto, que conserva al antiguo canal, casi desaparecido entre la maleza pero aún visible. Antes de salir de Luiaondo, hay que volver a la margen derecha del río por el puente de Zubibarri, tan apuntado como el de Otazu, para alcanzar la estación de tren. Desde allí, el paseo puede desviarse del río para llegar a la urbanización de la calle Padura y ver la cruz que recuerda al Árbol Malato. Trasladado aquí desde su ubicación original junto al Camino Real, se erigió en 1730. «Señalaba el lugar hasta el que los feudales debían defender al señor de Bizkaia sin cobrar por ello. A partir de aquí, podían cobrar más», explica el investigador Félix Mugurutza. Señala también que «junto al puente de la estación de Luiaondo se conservan los restos de un antiguo puente que daba acceso a una antigua ferrería, reconvertida más tarde en balneario y fábrica de harinas.

Un jardín inesperado

Una vez superado Luiaondo, el paseo alardea de ingeniería a la altura de Markijana con un puente que vuela sobre el río y junto a la carretera con sus 180 metros de longitud. Una vez sobrepasado, la ruta se sumerge en un pequeño jardín botánico. Son en realidad los ejemplares de un antiguo vivero situado en esta zona que quedó abandonado cuando se construyó la carretera, pero que ofrece gran riqueza vegetal.

El paseo se acerca a la empresa Tubos Reunidos y sortea el apeadero de Salbio, que da servicio a la empresa y sus trabajadores a las puertas de Amurrio. Llega a la localidad por el antiguo colegio de Los Alemanes, ya sin alumnos, cuya antigua piscina es ahora una alberca donde encuentran refugio plantas y animales acuáticos.

El recorrido acaba de estrenar su último tramo con la entrada en el casco urbano de Amurrio a través de un sendero que atraviesa zonas industriales y de caseríos y que permite acercarse hasta las instalaciones del Refor, un refugio de naturaleza y deporte que acogerá el inicio del siguiente tramo en busca de los orígenes del Nervión.