La costa vasca en barco

Los islotes de Gaztelugatxe y Aketxe, al fondo, se ofrecen a la vista de los excursionistas./
Los islotes de Gaztelugatxe y Aketxe, al fondo, se ofrecen a la vista de los excursionistas.

El litoral de Bizkaia y Gipuzkoa se muestra en todo su esplendor durante un viaje con paradas en Bermeo y SanSebastián y vistas a lugares icónicos como Gaztelugatxe, Izaro o Getaria

IRATXE LÓPEZ

El grupo aguarda en el puerto deportivo de Santurtzi. Pamelas, gorros de paja y viseras protegen la cabeza de un sol tan inclemente hoy como huidizo este verano. Todos guardan con celo en su mochila crema de sol pues la travesía es larga, casi seis horas de barco. Poco a poco, con el orden desordenado del colegial ansioso al que llevan de excursión, embarcan en la nave que Hegaluze ha preparado para la ocasión. Buscan el mejor sitio según anhelos propios: con sombra, buenas vistas… en proa, babor o estribor. El barco abandona la ría del Nervión para abrir sus horizontes al Cantábrico. A pesar de las buenas condiciones del mar la salida es movidita, con olas que levantan y dejan caer de golpe la embarcación.

«Que nadie se asuste, esto es típico en la zona, luego todo se calma», explican los responsables de llevar el viaje a buen puerto para que todo el mundo navegue tranquilo. Solo han hecho una promesa: ofrecer vistas impresionantes de la costa vasca. Y lo son desde el principio, sobre todo para quienes acostumbran a hacer partes de ese camino pero en tierra. El cambio de perspectiva es curioso. Disfrutar desde el agua lo que siempre has disfrutado en firme varía la intuición y la mirada. Los acantilados de Bizkaia se despeñan al mar con elegancia y altura, mostrando siglos de historia en sus rocas.

Las playas

Doblada ya Punta Galea, la primera playa que asoma su piel de arena es la de Azkorri. A ella siguen las de Sopela, salvaje y doméstica. Todavía no están llenas pero el sol de domingo augura overbooking de toallas y parasoles. El grupo se deja mecer, disfruta de la brisa que alivia los rayos ardientes. Las gaviotas acompañan la marcha, señoras de sus dominios. Sobrevuelan Barrika, que aparece antes de asomar la quilla a la bahía de Astondo. Hasta su pequeña cala, preñada ahora de visitantes, llegó el rodaje de 'Juego de Tronos'.

Las playas de Gorliz y Plentzia lucen abarrotadas mientras la tripulación recuerda la existencia de la bodega submarina Crusoe Treasure. «Bajo aquella boya amarilla descansa la primera bodega-arrecife artificial del mundo. Dicen que su caldo, nada barato, tiene un sabor especial y afrutado». Blanco, brillante como nunca, el faro de Gorliz saluda después desde su promontorio. A sus pies puede distinguirse el perfil de uno de los cañones instalados a lo largo de la costa próxima a El Abra, el acceso fluvial a Bilbao.

Emerge un dragón

Abajo impone su rocosa figura el islote de Villano. Accesible por un solo lugar, parece un dragón que haya comenzado a emerger. Mientras el pasaje revisa sus piedras el barco vira saliendo de rumbo. Catalejos atentos han divisado una balsa de pardelas baleares y trata de acercarse a ellas pero, poco acostumbradas a las visitas, emprenden el vuelo. Recuperada la dirección pasa por delante de los ojos Armintza, en cuyas lindes se realizan estudios sobre energías alternativas. El cadáver pétreo de la central de Lemoiz, como un fantasma de terribles consecuencias. O Bakio, rodeado de costas de pinar que antes debieron serlo de castaño y robledal.

«¡Llegamos a Rocadragón!», anuncian los acompañantes al divisar Gaztelugatxe, aludiendo por segunda vez a la famosa serie. Ni dothrakis ni inmaculados coronan sus 231 escalones. Lo hacen hordas de turistas, riada de peregrinos fanáticos del cine o las buenas vistas. Gentes que ascienden por la roca caliza hacia la ermita. La zona guarda más curiosidades. Bajo el agua descansa una efigie de la virgen desde 1963.

El barco se aproxima al peñón de Ogoño, que oculta Elantxobe.
El barco se aproxima al peñón de Ogoño, que oculta Elantxobe.

Navegar alrededor de este promontorio y de la vecina Aketxe, con sus árboles inclinados por los temporales, resulta emocionante. Es también hogar del paíño común y escenario elegido para fotos y selfies. Más instantáneas cliquean en el cabo Matxitxako, con sus dos faros, uno inactivo, el otro en marcha con una lámpara que anuncia la presencia de la costa hasta 35 millas mar adentro. Frente a él, la plataforma gasera Gaviota. Sobre ella pardelas y alcatraces en vuelo tranquilo.

Son tantas las visiones que se acumulan, aunque hay tiempo de sobra para acomodarlas sin perder ripio. Como la de la cinematográfica isla de Izaro, protagonista de la eterna pugna entre Bermeo y Mundaka por su posesión. Y, por fin, el merecido descanso, desembarco en el puerto bermeotarra custodiado por una lamia que se empecina, con mala idea, en atraer hacia las rocas a navegantes. Para que tripulación y grumetes puedan comer algo por su cuenta, recorrer las callejas del pueblo y tomarse una copa (más no, que el alcohol no previene mareos).

El barco ofrece vistas novedosas de los platós de la serie 'Juego de tronos' en Barrika y Zumaia

Reiniciada la travesía, el aspecto de la costa cambia. Resulta menos monumental y abrupta, más suave, repleta de tonos verdes que se funden con el azul turquesa. Existen varios destacados a partir de este punto. Mundaka y su ola adorada por los surfistas. La preciosa Reserva de Urdaibai, reposo de aves migratorias, de playas excelentes como la de Laida. Fuera de ella, con la concurrencia tratando de evitar salpicaduras que saltan del Cantábrico a cubierta provocando el griterío, camino regado por salitre y risas hacia el peñón de Ogoño: 298 metros de roca caliza usados como nido de cormoranes. Cerca, el pequeño puerto de Elantxobe, al que accede el barco para molestar, con permiso, disculpen, a los bañistas que saludan desde cristalinas aguas, sorprendidos por la visita.

Singulares formas del acantilado entre Zumaia y Deba.
Singulares formas del acantilado entre Zumaia y Deba. / Lusa

Poco queda para decir adiós a la costa vizcaína. Falta divisar la iglesia de Natxitua. El monte Otoio sobre Lekeitio. El puerto de Ea, escondido entre rocas. El faro de Santa Catalina, primero visitable de Euskadi. Y Lekeitio, nueva incursión a puerto sin desembarco, con el objetivo de observar de cerca el barco 'Kalamua', preparado como otros para la campaña del bonito. Alrededor, igual que delfines curiosos, una lluvia de canoas derrama colorido sobre el agua. De regreso a mar abierta, la voz de un tripulante sorprende al público adormecido tras la comida y el vaivén-nana de las olas.

Piscifactorías y viñedos

«A la izquierda las boyas de color amarillo marcan el lugar exacto en el que se encuentran algunas piscifactorías». Las cabezas giran pesadas hacia el lugar, regresan después lentamente a su posición natural para este día: los ojos clavados en la costa, el pelo mecido por el viento y el gesto de gustosa placidez. Con regusto salado en la cara y el alma cruza el barco la muga entre Bizkaia y Gipuzkoa, dejando atrás el puerto pesquero de Ondarroa.

En el tramo guipuzcoano aparecen los viñedos de txakoli en las empinadas laderas. Tras divisar Mutriku y Deba, la enciclopedia del mundo grabada en la roca del Flysch impone sus maravillosos pliegues hasta Zumaia, donde los bañistas llenan la playa de Itzurun, repleta hace unos meses por cámaras que transformaron el lugar en el puerto de Rocadragón. «Los dothrakis llegados a la costa eran en realidad remeros locales», comentan jocosos los organizadores. El público ríe también, trasladando su imaginación al episodio adecuado de la saga. «Sí, ése en el que Tyron…».

Un pesquero echa sus redes ante el ratón de Getaria.
Un pesquero echa sus redes ante el ratón de Getaria. / Etxeberria

También hijo de sueños imposibles, el ratón de Getaria saluda a la concurrencia. Yates y veleros rodean la anatomía rocosa de este roedor que invita a pasar a puerto. Allí el pasaje descubre el barco 'Santa Lucía', utilizado en 'Ocho apellidos vascos'. Es la última anécdota antes de arribar a Donostia, ciudad anunciada con el monte Igeldo y la isla Santa Clara. «¡Qué bonito es este barrio de Bilbao!» saluda con guasa uno de los miembros de la tripulación mientras sandalias y piernas abandonan la nao para mezclarse al resto de turistas en el asfalto. Antes de disfrutar de dos horas por la ciudad, previas al regreso a casa… sobre ruedas esta vez.

Barco Hegaluze (Santurtzi)

Dónde
De Santurtzi a Donostia con paradas en Bermeo (1 hora) y Donostia (2 horas).
Cuándo
2 de septiembre y 7 de octubre, domingos a las 10.00 horas (según condiciones climatológicas).
Duración
10 horas.
Precio
Adultos: 85 €, niños: 50 €.
Reservas
666791021.
Web
www.hegaluze.com
Recomendaciones
No hay servicio de catering, llevar comida y bebida.

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