Alta montaña, bosques y agua

Dos caballos descansan en uno de los prados altos del espacio natural asturiano./Iñigo Muñoyerro
Dos caballos descansan en uno de los prados altos del espacio natural asturiano. / Iñigo Muñoyerro

La Reserva de la Biosfera asturiana reúne hayedos, prados, cimas, precipicios imposibles y arroyos, un paisaje que se puede recorrer por senderos de diversa dificultad

IÑIGO MUÑOYERRO

Redes es un extenso territorio siempre verde, poco poblado, con una naturaleza de contrastes donde en pocas horas podemos pasar de la alta montaña de La Rapainal, Tiatordos o Cantu del Osu con morrenas y lagunas de origen glaciar, a los bosques y pastizales de la media montaña o a las vegas de los ríos, el principal de los cuales es el Nalón, que han formado el Parque. Entre los picos y el llano están los desfiladeros. La popular ruta del río Alba o la exigente y complicada ruta de Los Arrudos son algunos de los destinos de las familias amantes del senderismo, pero el epicentro mágico del Parque es Brañagallones, donde nació Redes.

Es una vega a 1.215 metros de altitud aislada por precipicios y lapiaces kársticos sobre el pueblo de Bezanes. Envuelve estos prados y cabañas un extenso hayedo, el árbol del Parque. Porque además de ser 'La tierra del agua' también es la 'tierra del árbol'. El 40% del parque es bosque, principalmente de hayas, pero también de robles, abedules, fresnos y encinas. En las vegas hay álamos y chopos y solitarios tejos, el árbol sagrado de los pueblos de la cornisa cantábrica.

Entre montañas, bosques y ríos la fauna cantábrica encuentra su acomodo. El rey era el urogallo (el gallón de bosque), pero su población ha caído en picado. Abundan el ciervo y el rebeco y campa por sus anchas el lobo, terror de ovejas, potros y terneros. El oso viene de paso e incluso veranea en los puertos de Tarna y Señales. En el cielo mandan los buitres, las águilas y los alimoches y en los bosques caza el búho real.

Quedan para el final los pueblos. Redes ha conservado lo mejor de la arquitectura rural asturiana. En cada aldea, en cada rincón, nos sorprenden las casas de piedra y madera con balcones alargados y floridos, las cristaleras orientadas al sur y escaleras de piedra. Las casonas de los indianos. Los hórreos que aquí aún cumplen con su función de granero. Las iglesias y ermitas y los edificios civiles como las viejas escuelas que esperan la llegada de los alumnos, los puentes y las calzadas, alguna de ellas de tiempo de los romanos.

RUTA DEL ALBA (ASTURIAS)

Características
16 km. 4 horas sin contar paradas.
Dificultad
media.
Cómo llegar
AS-117 al puerto de Tarna. Desvío a Soto por la SC-2.
Datos prácticos
Centro de interpretación en Campo de Caso. 985608022.
Webs
parquenaturalderedes.com y taxusmedioambiente.com.

La ruta más popular

Arrancamos la excursión por la Ruta del Alba, la más popular del parque por la espectacularidad de su desfiladero, la belleza de sus cascadas, la riqueza de su vegetación y la comodidad del recorrido, llano y asfaltado. Frecuentada a lo largo de todo el año, algunos fines de semana es un desfile. La Ruta (PR AS-62) era llamada las Foces de Llaimo por los pastores y arrieros que iban a Aller. Comienza en Soto de Agues, un pueblo que conserva su pasado rural pero ahora tiene al turismo como actividad principal. Destaca la arquitectura tradicional: casas con balcón corrido y balaustrada, hórreos, pajares con paredes de cebatu (varas de castaño trenzadas y rellenas de arcilla), una iglesia edificada en 1803 y dedicada a San Andrés y dos ermitas consagradas a San Antonio y Santa Ana.

La ruta comienza en el lavadero. Vamos por un ancho camino asfaltado restringido a vehículos agrarios y caminantes. Nos sorprenden las dimensiones y follaje de los castaños y nogales que nos flanquean. Pasada la piscifactoría, el sendero se interna en las estrechuras que ha tallado el río Alba, que baja cristalino en cualquier época del año. Avellanos, sauces, alisos y mimbres nos ocultan el cauce. Las laderas aparecen cubiertas de castaños, encinas y robles.

Al rato llegamos el paraje llamado el Campurru. Unas ruinas ocupan la ladera. Son los cargaderos de la mina Carmen que se explotaba en la loma de Pandanes, monte Llaímo arriba. Duro Felguera extrajo hierro de esta explotación desde el año 1922 hasta 1967. Media hora después de los cargaderos el desfiladero se abre en las brañas de La Vega, con cabañas, prados y vacas. Hay una fuente ferruginosa que mana todo el año. La riqueza forestal no deja de sorprendernos. Robles, hayas, avellanos, tilos, acebos, rosales, mostajos y cornicabras o terebintos trepan por las laderas.

La ruta nos lleva hasta el cruce del puente del Retortoriu. Hay un área de descanso con mesas y bancos de madera musgosos a la sombra de los grandes robles. El camino, siempre en ligera subida y asfaltado, es ahora una preciosa senda con el río Alba a la izquierda. Es la parte más bonita del recorrido. Las paredes de la garganta se cierran sobre el río, que baja en cascadas de hasta diez metros de altura y remolinos y se remansa en pozas, algunas profundas. Todo es verde y húmedo, a veces asfixiante, pues líquenes y musgos colonizan losas y rocas.

Arriba, dos caminantes recorren un tramo adaptado. Abajo a la izquierda, el sendero que conduce hacia Cruz de los Ríos. Abajo a la derecha, hórreo en uso en Soto de Agues. / Iñigo Muñoyerro

Una planta carnívora

Si prestamos atención podemos descubrir ejemplares de tirigaña o grasilla, una planta carnívora reconocible por los restos de insectos pegados a sus hojas. Tras cruzar dos puentes de medio punto (La Pontona, primero, y La Resquiebra) bien conservados, la ruta se acerca a su fin. Superamos una escalinata resbaladiza y peligrosa (ojo en el descenso), cruzamos bajo un voladizo entarimado con madera que sustituye a la vieja senda que se derrumbó y el desfiladero se abre. Volvemos a ver de nuevo el sol y el cielo. Hemos llegado a la Cruz de los Ríos, donde se juntan los arroyos que bajan de los picos La Forcada y Retriñón. Fin de la ruta.

Hay una cabaña que fue refugio de pastores y en verano es bar improvisado. El resto del año está cerrada. Camino arriba hay prados y un precioso hayedo que pocos visitan. Volvemos por el camino de subida. En las zonas húmedas debemos extremar las precauciones para evitar resbalones y costaladas. Tampoco es aconsejable meterse en el río. Camino abajo nos daremos cuenta el desnivel que hemos superado en la subida y de la monotonía de los últimos kilómetros asfaltados.

Antes o después de la ruta haremos alto en el pueblo de Les Llanes. Allí, a la orilla de la carretera está la Cueva Deboyu, una cavidad de origen kárstico de unos 200 metros de longitud horadada en la roca caliza.

Cascada del Taballón

Tarna es el último pueblo asturiano de la comarca antes del llegar al puerto del mismo nombre limítrofe con León. No es una aldea típica de la montaña asturiana, más bien todo lo contrario. El pueblo antiguo fue destruido en octubre de 1937 a consecuencia de la batalla que enfrentó a los batallones republicanos de Manuel Sánchez Noriega 'El Coritu' con la II Brigada navarra del coronel Muñoz Grandes. Los nacionales forzaron el frente y bajando por Redes entraron en la zona central de Asturias. La aldea fue reconstruida por el Servicio de Regiones Devastadas en los años 40. La ruta del Taballón (10 kilómetros por PR-AS 60) sale del puente del pueblo, donde encontraremos paneles del Parque indicando el recorrido. Una senda hormigonada entre muros de piedra y avellanos sube por un hayedo salpicado de castaños hasta una curva conocida como Terreros, una encrucijada de caminos con señales de PR en los árboles.

Por la izquierda trepa una senda muy pendiente que llega a los rebollos centenarios del Llano de Toro, mientras que el camino derecho se dirige a la cascada del Taballón. Es una pista ganadera a ratos hormigonada que llanea bajo la sombra de las hayas y nos lleva al Monte Sapero, refugio de ranas de montaña que crían en las turberas, jabalíes, lobos y en otro tiempo, urogallos. Cruzamos el arroyo de La Requexada por un puente de madera (el agua es tan limpia que se puede beber) para ganar la penumbra del hayedo, de troncos tan altos y tan juntos que reducen el sotobosque a hojarasca y poco más.

30 metros

Al rato llegamos a la fuente de los Arellales. Una mesa de madera con banco invita al almuerzo. La ruta se complica a partir de aquí , pues sigue un faldeo a media ladera que nos puede causar problemas con terreno embarrado. Subiremos y bajaremos hasta un claro desde donde se divisan la cumbre del Cuetu Negru. Ahora toca descender por una senda de ganado entre helechos, brezos y alguna argoma hasta el prado y la cabaña derrumbada de La Campona. Allí vemos la señal de PR que nos hace girar a la izquierda, y tras cruzar el arroyo del Mongallu, llegamos a la base de la cascada.

Es un salto de agua de unos 30 metros de altura y gran belleza que en los años lluviosos cae con estruendo desde las turberas de Cuetu Negru, sobre el hayedo que en esta época del año comienza a teñirse con los colores del otoño. Estamos en el nacimiento del arroyo Mongallu, afluente del Ablanosa que desemboca en el Nalón. Descendemos a la Campona, donde haremos un descanso, antes de regresar a Tarna por el itinerario de venida. Hasta el invierno pasado era posible completar un recorrido circular, pero una crecida del Nalón se llevó el puente y ocasionó un corrimiento de tierras que ha inutilizado el sendero. Y no parece que lo vayan a arreglar.

 

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