La abadía envenenada de Atxuri

El juego recrea el ambiente misterioso de un monasterio./
El juego recrea el ambiente misterioso de un monasterio.

El Museo de Arte Sacro acoge una sala de escape en la que los participantes deberán salvar a la congregación de una muerte segura

IRATXE LÓPEZ

Fray Damián acude a nuestra llamada. Unos segundos antes de encontrarnos con él hemos rebasado la plaza de La Encarnación que, con su aspecto más cercano a un pueblo que a la ciudad, parece huir de Bilbao dando un paso atrás en el tiempo. El monje está preocupado, se le nota en la cara. En la forma de atusarse el hábito y los gestos nerviosos mientras narra su historia al grupo de visitantes a 'La Abadía de Atxuri'. Se frota las manos. Habla entre susurros. Mira hacia todos lados, el miedo nubla la paz de sus ojos. Cobijado por un claustro en el que hoy luce el sol a pesar de las circunstancias, cuenta un relato rodeado de misterio que le asusta. Muchos hermanos han muerto vencidos por el veneno. El padre Amezaga, encargado de la herboristería, buscaba el antídoto para contener la epidemia pero ha corrido su misma suerte.

Sala de Escape (Bilbao)

Dónde
Plaza de la Encarnación, 9B.
Cuándo
Todo el año salvo Nochebuena, Navidad, Año Nuevo y Reyes.
Precio
60/100 €.
Duración
70 minutos.
Web
abadiadeatxuri.com .

«Creemos que entre nosotros hay alguien que nos está asesinando», pronuncia horrorizado fray Damián. Reclama nuestra atención con cierta prisa ante la inminencia del desastre, con un temblor en los labios y la desgracia latiendo en su garganta. «Debéis encontrar los tres elementos que componen la cura para componer el revulsivo o yo mismo moriré. Siento que el mal vive ya dentro de mí», asegura. La tarea no será fácil, tampoco imposible. Diferentes retos pondrán a prueba la perspicacia de los recién llegados, obstáculos a superar en este carrera contra el tiempo y contra la muerte.

La abadesa transmite al grupo las normas del recinto religioso, recurre de nuevo a su solidaridad, a la rapidez, esenciales en esta investigación. Ambos saben que desentrañar las rutinas del padre Amezaga servirá para completar la misión salvadora. «¡Rápido, pero sin correr. Tenéis setenta minutos!», advierte la monja. El convento es un espacio dedicado a Dios, a la contemplación y la serenidad. Por eso hay que ser cabales y silenciosos, aunque de vez en cuando la tensión provoque algún que otro grito.

Rincones secretos

Segundo piso. Los cuartos de la abadía aguardan, también rincones secretos que no aparecen en los planos, pasajes extraordinarios, desconocidos hasta entonces. Después de abandonar la luz del claustro el mundo se torna de pronto oscuro, plagado de ruidos extraños y advertencias. Diversas estancias aguardan nuestra llegada, puertas que se abren aquí y allá, escondidas tras lugares que jamás sospecharías. Los cerebros se devanan tratando de comprender las pistas que ha dejado el padre Amezaga.

Los ojos vigilan, buscan aquí y allá; manos ansiosas tocan cualquier elemento que desenmarañe esta historia. Nuestra capacidad de observación es esencial. El trabajo cooperativo también. La comunidad siempre ha sido la base de esta abadía. Por eso fray Damián revisa los pasos, acude en ayuda cuando es necesaria pues el espacio es amplio y debes recorrerlo al completo. Le va la vida en ello.

Lo esencial es buscar, husmear incluso entre las obras sacras que visten las galerías. Con cuidado, por supuesto, sin tocarlas, no hace falta. Y divertirse. La originalidad que plantea esta sala de escape radica en el espacio que la acoge. Resolver el cúmulo de acertijos dentro de la sala expositiva del Museo Diocesano de Arte Sacro –además de en cuartos ocultos que solo tú podrás visitar– es hacerlo en un escenario ya propicio al misterio. Por eso la ambientación resulta perfecta.

El juego, como el resto de salas de escape, está basado en la interactividad. Sus efectos especiales y la música utilizada crean una atmósfera esencial que permite al participante vivir el reto mientras toma contacto con las obras sacras expuestas. Si se quieren contemplar en profundidad, lo mejor es aprovechar el día y añadir a esta cita un rato extra en el museo, convertido ahora en espectáculo de la deducción. Contiene una colección de más de 2.300 piezas, de las que cerca de 500 están expuestas al público, y abarca del siglo XII al XX y proceden de iglesias, ermitas y conventos de Bizkaia.