Sobrevivir a la beta-espera

Sobrevivir a la beta-espera

Entre diez y quince días. Casi dos semanas. Más de 300 horas. Es el tiempo de espera recomendado para realizar el primer test de embarazo tras la FIV y, para muchas, es uno de los momentos más temidos

ROSARIO GONZÁLEZMadrid

Entre diez y quince días. Casi dos semanas. Más de 300 horas. Es el tiempo que se recomienda esperar a una mujer para realizar una prueba de embarazo desde que se realiza la punción en los tratamientos de fecundación in vitro (FIV) y para algunas de las mujeres es uno de los momentos más temidos . Este periodo de estrés e incertidumbre se conoce como beta-espera y toma el nombre de la hormona beta-hCG (gonadotropina coriónica humana). Esta hormona se empieza a segregar una vez que el embrión se ha implantado en el útero materno y es por eso por lo que se conoce como la hormona del embarazo, pues su presencia en un análisis puede permitir la confirmación del mismo.

En la búsqueda natural del embarazo, uno de los métodos tradicionales es esperar el primer retraso en la menstruación. En el caso de los tratamientos de FIV, lo habitual es buscar la presencia de la hormona a través de un test de sangre o de orina (o ambos). La recomendación general es esperar entre 10 y 15 días para obtener un análisis fiable y, en caso de duda, repetirlo pasadas 48 horas. ¿Por qué? Porque el valor que refleja la presencia de esta hormona va creciendo según van pasando los días y, concretamente, se duplica cada dos o tres días hasta el final del primer trimestre de embarazo.

¿Qué sucede si realizamos antes el test? La tentación es enorme, pero podría suceder que el nivel de la hormona no fuera lo suficientemente alto como para ser detectado, por lo que tendríamos un resultado poco fiable. De hecho, incluso pasados esos días sigue existiendo la posibilidad de obtener un falso positivo o un falso negativo.

¿Estoy embarazada?

¿Qué es un falso positivo? En los tratamientos de fertilidad es habitual administrar la hormona hCG para inducir a la ovulación, por lo que su presencia en sangre podría mantenerse y dar como resultado un falso positivo. En los casos en los que no ha habido un tratamiento de reproducción asistida, el falso positivo podría estar relacionado con ciertas patologías como un embarazo ectópico.

¿Y un falso negativo? En este caso, una prueba realizada antes de tiempo podría ofrecer una resultado negativo precisamente porque el bajo nivel de la hormona no permite que sea detectada aún por los test. De ahí que, cuando esto sucede, se suele indicar la repetición del test pasados unos días.

La prueba de embarazo se puede realizar en sangre o en orina aunque, en esta última, la sensibilidad es mucho menor. Como norma general, pasadas esas dos semanas de espera desde la punción el nivel de la beta-hCG debería rondar los 50 mUI/ml.

A la búsqueda de los síntomas

Una vez conocidos los detalles técnicos, y a la espera de realizar finalmente el test, la mayor tentación sigue siendo tratar de adivinar si una se ha quedado embarazada. Un periodo que las mujeres definen como muy estresante y en el que parece inevitable buscar síntomas, pasando a convertirse en "vigilantes" de su propio cuerpo para detectar factores asociados al embarazo, como los pechos hinchados, los mareos, el hambre, el estreñimiento, el dolor abdominal y los gases...

La realidad es que una mujer embarazada puede tener o no esos síntomas y, de tenerlos, no necesariamente se sentirían en una etapa tan temprana. Tampoco hay que olvidar que, además de ser síntomas de un embarazo, también lo son de la llegada de la menstruación o incluso podrían estar provocados por la progesterona administrada durante el tratamiento de fertilidad, por lo que por sí solos no podrían ser en ningún caso garantía de nada.

¿Qué hago durante la beta-espera?

La teoría es sencilla: Ser positiva, ser realista y fijar nuestra atención en otras cosas. En la práctica, muchas mujeres viven esta situación con un alto grado de estrés. La mejor recomendación a nivel emocional es tratar de gestionar la ansiedad de la mejor manera posible, no permitiendo que se convierta en el único tema de conversación y evitando la comprobación constante (acudir de forma compulsiva al baño para descartar un manchado o rastrear internet en busca de información relacionada). En definitiva, tratar de desconectar.

A nivel físico, la recomendación es mantener la normalidad del día a día aunque siguiendo algunas recomendaciones como realizar un reposo (relativo) durante las primeras 24 horas y continuar después con un ritmo de vida normal aunque tranquilo, evitando por ejemplo los esfuerzos físicos extremos. Todo ello combinado con una limentación variada y rica en fibra y una correcta hidratación.