«La primera noche con Paule fue una fiesta. ¡No paró de llorar!»

En casa de Hizkuntze ya son tres. Nos cuenta cómo ha sido la primera semana con la nueva y aumentada familia

«La primera noche con Paule fue una fiesta. ¡No paró de llorar!»
YVONNE ITURGAIZ
Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

«¿Cantamos victoria o no cantamos victoria aún?». Y pudieron, pudieron cantar victoria. Aunque fuera a las dos de la mañana, después de un buen rato de pasear arriba y abajo por el pasillo. A puntito de salir a la calle con el carrito a ver si con el traqueteo de la acera se calmaba... «La primera noche con Paule en casa fue una fiesta porque no paraba de llorar. Yo la ponía al pecho pero no sabía si lloraba por hambre, porque tenía un retortijón o por qué... Gritaba a pleno pulmón y yo pensando en los vecinos...». A las dos cedió el berrinche y la pequeña Paule les dio una tregua de dos horas a Hizkuntze y Aitor, los recién estrenados papás. «Es increíble cómo cunden ahora los ratos de sueño. El día que puedo permitirme una siesta de media hora me levanto como si hubiera dormido tres horas. Pensaba que iba a estar malhumorada por la falta de descanso, pero no. Paule siempre consigue sacarme una sonrisa y por muy desesperada que esté, que a veces lo estoy, no hay nada que me apetezca más que quedarme mirándola».

Lo cuenta Hizkuntze mientras acuna al bebé en el pecho, que la chiquilla se pasa el día «enchufada». «¿Que cuántas veces come? Pues no sé, ¿quince? ¡Por lo menos!». Pero no quiere hacer de su recién estrenada maternidad un relato edulcorado, «porque la maternidad no es idílica, no todo es bonito y feliz. Tienes momentos en los que estás desesperada y pasas por una montaña rusa de emociones durante el día: desvelo llanto, alegría, inseguridades. Ahora, ¿compensa? Muchísimo».

Ella, dice, se redescubre cada día como amatxu, y los temores se van disipando. «Cuando estaba embarazada me preguntaba si sería buena madre. No me veía con mucho instinto y tampoco creía que se me dieran especialmente bien los bebés, pero ahora creo que cuando nace un niño nace también una madre. Yo soy una mujer distinta a la que entró a dar a luz al hospital hace diez días». Y es que ya no es ella sola. Son ella y Paule, que ahora mismo la requiere día y noche. E Hizkuntze, como su pareja, lo hacen «lo mejor que se puede». «Aunque nos equivoquemos, que seguro que todos nos equivocamos».

Si hiciera caso de lo que escucha por la calle, pensaría que vive en continuo equívoco, porque al dolor de los puntos tras el parto, a la llantina de la pequeña -«todas las noche de ocho a once se pone a llorar y no sabes cómo consolarla»- se añaden los consejos que no ha pedido. Esto que cuenta ahora les resultará familiar a todas las madres primerizas.

YVONNE ITURGAIZ

«Pensé que iba a llevar mejor eso de que todo el mundo te diera consejos: 'Abrígala porque hace frío', 'quítale ropa porque hace calor'. Y también creí que iba a ser capaz de decir: 'dejadme en paz' si me cansaban, pero me doy cuenta de que no, de que no dices nada por temor a que la gente se enfade». Y ejemplos tiene para regalar: «El otro día estaba en la farmacia con la niña. Ella, en el carro berreando sin parar desde hacía un rato. Estaba pagando y cuando me doy la vuelta veo a tres señoras sobre el carrito, una tocándole la tripa, otra meneando el cochecito... y yo pensando: '¿Qué estáis haciendo?' Pero por no estallar, que encima tenía la cabeza como un tambor de escucharla llorar, no dije nada. 'Eso es porque tiene retortijones', 'Tienes que cogerla y llevarla en una mochila, porque yo tuve gemelos y funcionaba', decía otra... Y yo pensando: '¿Pero a ustedes alguien les ha pedido su opinión?'».

Así que ella se calla, aguanta y luego actúa como mejor le parece, «con el sentido común» como guía teórica. «Yo había imaginado la llegada con Paule a casa como un momento caótico. Creía que me iba a dar miedo todo, me preguntaba si iba a saber cómo cuidarla, cómo atenderla... Pero cuando abrimos la puerta me sentí segura, tranquila. Aitor, mi pareja, es bastante tranquilo. Y él me calma, creo que hacemos un buen equipo». Esa primera noche, confiesa Hizkuntze, ya echó abajo una de sus máximas. Porque si leyeron los capítulos anteriores recordarán que decía que «jamás» iba a meter la niña en su cama... Pues unas horas duró aquel propósito. «Yo había oído que era lo peor, que se acostumbran a ti. Me decía la gente: 'Ya verás que luego no te la quitas de encima'... Pero a las dos de la mañana de esa primera noche, cuando lloraba y lloraba sin consuelo, la metimos con nosotros hasta que se durmió por fin. Luego la pasamos al moisés, con cuidado, rezando para que no se despertara, jaja». Y no se despertó... hasta dos horas después. «Yo pensé: '¡La que nos espera!'. Pero no. De momento no es para tanto. Nos deja dormir cuatro horas al principio que a mí me saben a gloria y me ayudan a afrontar el día siguiente. Y luego ya pide pecho cada dos horas».

Está todavía cogiendo la rutina, que tiene poco más de una semana, pero estos primeros días Paule se está durmiendo a las diez de la noche. Y en cuanto cierra el ojito, sus padres también. «Ya no hay tiempo para ver series, se acabó esa vida». Además, caen rendidos porque a este primer sueño «largo» le suelen preceder un par de horas o tres de llanto. «Es lo que me está resultando más difícil... Al anochecer le da por llorar y no sabes por qué. Le das pecho, le sacas a la calle, le pones música, la tumbas en la hamaca... Cada día probamos una cosa pero ella sigue llorando y piensas: '¿cómo te puedo ayudar, hija?'. Pero lo he hablado con otras madres y con la pediatra y todo el mundo coincide en que es lo normal. La doctora me dijo: '¿Tú no estás cansada muchos días a las ocho de la tarde? Pues a los bebés les pasa exactamente lo mismo. Están cansados, a disgusto y su manera de manifestarlo es llorando».

Apetito debe tener, porque en siete días ya ha cogido 250 gramos y 'estirado' un centímetro (ya mide 53). Hizkuntze la alimenta exclusivamente con pecho, una de las decisiones, dice «más acertadas» que ha tomado. «Sé que la lactancia puede ser difícil pero yo he tenido suerte. Las primeras veces que agarraba el pezón fueron un poco dolorosas. Ahora es un placer». Es, además, el ratito para ellas, para las dos solas. Porque el resto del día no faltan visitas ni celebraciones. «El día que salimos del hospital era el cumpleaños de mi padre y fuimos a comer. La sacamos todos los días a pasear, nosotros o mi madre».

- Por cierto, ¿cómo está la amama?

- La amama está... La mañana que no quedamos me toca el timbre y me dice si puede subir solo para verla. Y le digo que sí, claro, pero le advierto: 'Está dormida, así que déjala dormir ¿eh?'. La saca a pasear en el carrito toda orgullosa y se para cada dos por tres con la vecina, con la amiga, con la conocida... En realidad toda da la familia está encantada. Es que la ven con esos papotes, con esa carita...

En estas Paule empieza a hacer muequitas... Como si supiera que tiene al público entregado. Que lo tiene, claro. «Nos reímos mucho con ella, con las caras que pone... Esto es increible, empezar a querer a otra persona, y quererla de esta manera...». Déjamos ya a Hizkuntze y a Paule, que sigan escribiendo su historia juntas. Pero esta vez ya en la intimidad de su casa.