A vueltas con la desigualdad

La eliminación de la desigualdad no debe ser el centro de nuestras preocupaciones como sociedad. Lo debe ser la erradicación de la pobreza

A vueltas con la desigualdad
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

La desigualdad centra una gran parte del debate social. Este espacio es demasiado pequeño para abordar el problema en toda su amplitud, pero es suficiente para esbozar cuestiones que habitualmente o se eluden o se desenfocan. Aquí van algunas.

1. No hay que demonizar la desigualdad. Mire a su alrededor, verá que todo es desigual, variado y diferente en la Naturaleza. Todos somos desiguales en altura, fortaleza y capacidad intelectual y lo somos en origen. La formación, la actitud y el esfuerzo pueden potenciar nuestras capacidades, pero nunca las igualará. Es más, la desigualdad es uno de los motores que empujan a la evolución. Evolucionamos porque las mutaciones genéticas aleatorias forman seres distintos entre los que la selección natural elige a los mejores, que no son ni los más fuertes, ni los más poderosos, sino los que mejor se adaptan a los cambios del entorno.

2. La eliminación de la desigualdad no debe ser el centro de nuestras preocupaciones como sociedad. Lo debe ser la erradicación de la pobreza y aquí es evidente que se ha avanzado muchísimo. Cada año se incorporan al bienestar cientos de millones de seres humanos de tal manera que ya mueren más personas por exceso de alimentos -el terrible síndrome metabólico-, que por falta de ellos.

Este es un camino sin final, una vez que los logros de la humanidad alejan constantemente la meta a alcanzar y elevan los requisitos mínimos para considerar eliminada la pobreza. Eso está muy bien y así hay que seguir.

Pero, ¿qué es mejor, la igualitaria China comunista de Mao o la terriblemente desigual sociedad actual, en la que cada día hay más bienestar y menos pobreza? ¿Es mejor la Venezuela de Maduro, en donde se han hecho enormes progresos hacia la igualdad en la miseria, que los gobiernos anteriores al chavismo con sus desigualdades y sus corruptelas?

La respuesta correcta es que ninguna de las dos alternativas son satisfactorias pero, si hay que elegir una... ¿Qué han elegido los millones de venezolanos que asaltan la frontera de Cúcuta? ¿Qué pretenden los que tratan de escalar el muro de Trump en Tijuana?, ¿qué pretendían los que saltaban el muro de Berlín o los que se lanzaban al mar en La Habana, camino de Florida? No ponían en riesgo su vida para conseguir una igualdad que ya disfrutaban, sino para huir de una pobreza que no soportaban.

3. Las informaciones que dan cuenta de la evolución de la igualdad equivocan con excesiva frecuencia la desigualdad en renta con la de la riqueza y evitan hablar de la desigualdad en el consumo que es la verdaderamente importante.

Amancio Ortega será un millón de veces más rico que yo, pero si yo tengo un coche él no puede tener un millón de coches y si me como un pollo, él no puede comerse un millón de pollos.

Además es un buen ejemplo de como la desigualdad de renta y/o riqueza puede mejorar la igualdad de consumo. Siguiendo con el ejemplo, el modelo de negocio de Amancio Ortega ha conseguido que muchas personas puedan tener un armario de ropa y un equipamiento de hogar mucho más amplio que el que tenían antes.

Piense en los vuelos 'low cost' y podrán llegar a la misma conclusión. La gente viaja mucho más gracias a los vuelos baratos sin importarle lo mucho o poco que ganen quienes los proporcionan.

A mí, de Amancio Ortega me gusta que dé trabajo a decenas de miles de familias y no me importa que, mientras tanto, él se haga groseramente rico. Ojalá hubiera 20 Amancios Ortegas más. Terminaríamos con el paro. Un precio barato para soportar el incremento de la desigualdad.

4. Luego está la desagradable constatación de que cuando hablamos de desigualdad siempre y sin excepción, hablamos de desigualdad en el resultado y nunca en la del esfuerzo para conseguirlo. Una vez que el trigo está en el granero se desatan múltiples voces que reclaman su reparto igualitario. Ya, pero ¿se reclamó lo mismo a la hora de sembrarlo, de abonarlo, de regarlo, de cuidarlo en el campo, de recogerlo, de almacenarlo? ¿Se corrieron antes los mismos riesgos que justifiquen ahora los mismos beneficios?

En el estado actual de la evolución humana, igualar el resultado final nos conduce a igualar el esfuerzo inicial y eso arruina cualquier desarrollo. Si al final voy a obtener lo mismo ¿para qué esforzarme más que los demás? Si a través de los impuestos igualamos el ingreso neto, la gente se igualará en el ingreso bruto. Mal asunto, perdemos todos.

5. Tampoco hay que confundir la salida con la meta. En la salida todos los esfuerzos son pocos para igualar las condiciones de partida. De ahí que nunca serán suficientes las dotaciones para becas, para facilitar el acceso a las aulas, para fomentar la continuación de los estudios, para emprender, etc., pero igualar la llegada a base de abollar la libertad y de eliminar el premio al esfuerzo es una actitud buenista que no nos lleva a ningún lugar.

6. Por eso, lo fundamental es encontrar el nivel mínimo de desigualdad que garantiza el esfuerzo y la eficiencia del sistema y hacerlo compatible con el nivel máximo de igualdad que garantiza el equilibrio social. Sin demagogias estériles y sin dejar tirado a nadie que necesite y se merezca la ayuda que solicita.

 

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