Del voluntarismo a la realidad

El bloqueo político al cumplirse 100 días de la investidura de Sánchez empieza a ser insostenible

Pedro Sánchez se convierte en el séptimo presidente de la democracia. /El Correo
Pedro Sánchez se convierte en el séptimo presidente de la democracia. / El Correo
EL CORREO

Los cien días transcurridos desde la investidura de Pedro Sánchez constituyen un buen ejemplo del largo trecho que separa la voluntad de resolver problemas y la capacidad real para hacerlo. A nadie puede extrañar que el brioso entusiasmo con el que el presidente accedió a La Moncloa haya chocado contra el muro de su precariedad parlamentaria hasta el extremo de que, apenas tres meses después, el futuro y la duración de la legislatura se antojan más que inciertos. La variopinta mayoría que derrocó a Rajoy en la moción de censura era la suma de intereses tan contrapuestos que, como ya ha quedado patente, fiar a ella la estabilidad del país representaba una temeridad condenada al fracaso. La llegada del PSOE al Gobierno le ha dado alas en las encuestas y ha rebajado el clima de crispación que caracterizó el último mandato del PP. Pero el bloqueo político que atenaza España es similar al de ese periodo e insostenible durante mucho tiempo. El atractivo equipo formado por el presidente ha visto lastrada su gestión por la falta de apoyos para aprobar algunos de los proyectos que debían dar cuerpo al cambio en el poder. La sintonía personal que han tejido Sánchez y Pablo Iglesias, sostenida en la contradictoria necesidad de colaborar y competir entre sí a la vez, aliviará la debilidad del Gobierno si se plasma en acuerdos. Pero, en todo caso, será insuficiente para formar una mayoría sólida sin el aval indispensable y cada vez más improbable de los independentistas catalanes, los mismos que se disponen a lanzar un nuevo desafío al Estado en un intento de forzar una ruptura al margen de la ley. La bienintencionada apuesta de Sánchez por explorar la vía del diálogo ha rebajado la confrontación pública con la Generalitat. Pero, en la práctica, se ha estrellado contra la obstinada huida hacia ninguna parte de Quim Torra y los suyos, que no aceptan otra alternativa que la secesión. El independentismo haría bien en valorar que difícilmente encontrará en La Moncloa a un interlocutor más proclive a mejorar el autogobierno de Cataluña hasta donde permita la legalidad. El PNV sí ha entendido la oportunidad que le ofrece la actual coyuntura. De ahí su predisposición a sumar fuerzas con Sánchez para que agote la legislatura. Carecerá de sentido estirarla más si los Presupuestos son tumbados por el PDeCAT y ERC, que condicionan su apoyo a un referéndum de autodeterminación de inviable encaje constitucional. En tal supuesto, el adelanto de las elecciones sería preferible a prolongar la parálisis.

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