Volar

Alguien se está forrando con este negocio, a costa de enlatarnos como sardinas humanas

Volar
Manuel Vilas
MANUEL VILAS

Cuando dentro de cien años estudien nuestras sociedades actuales se quedarán pasmados con nuestra forma de viajar en avión. Dirán de nosotros: «Iban voluntariamente apiñados en asientos minúsculos durante diez horas». Lo que más les llamará la atención es el hecho de que nos prestáramos a semejante humillación. Viajar hoy en avión es una tortura y algo insano. Dirán también: «Los que tenían dinero volaban en condiciones mucho más humanas».

Tendrán que explicar qué era el dinero, y por qué la posesión del dinero daba opción a vuelos transocéanicos en condiciones dignas. Lo gracioso de todo esto es que un billete de avión que vaya de Madrid a Nueva York, o a Buenos Aires o a Bogotá o a Tokyo, cuesta mucho dinero y pagas una fortuna por diez o doce o catorce horas de tortura. No puedes estirar las piernas. No puedes moverte de tu asiento. No puedes leer con cierta comodidad. Lo único que puedes hacer es ver los bodrios de películas de Hollywood que suelen tener en las minúsculas pantallitas de televisión. La comida suele ser denigrante. No depende de ninguna compañía en concreto, todas dan prácticamente lo mismo: pasta o pollo. Alguien se está forrando con este negocio, a costa de enlatarnos en esas naves de sardinas humanas.

¿Quién diseña esos aviones por dentro? La mayor obscenidad ocurre cuando se divide el pasaje entre los que van a primera clase y los que van a la llamada con cinismo 'economy class'. Procuran las compañías que los de segunda clase no vean el lujo reinante en la primera, y por eso el acceso al avión se produce justo en el descansillo que divide los dos mundos: el de los ricos y el de los pobres. No creo que haya mayor abominación política que esa segregación aeronáutica. No se basa en una elección libre. Se basa en un negocio repugnante, donde las compañías te señalan con el dedo de 'ciudadano pobre'.

Volar en segunda no respeta un estándar mínimo de dignidad humana. Es ruin y abyecto tratar a las personas como si no tuvieran piernas, brazos, pies y manos. Es ruin que te esclavicen como si fueses un cerdo camino del matadero. La mejor manera de entender el maltrato animal es meterte trece horas en un vuelo en segunda clase. He visto a ancianos salir en camilla de esos viajes. Recortan el espacio. Donde tendrían que caber cien personas ponen doscientas. Aducen que si no es así, no hay rentabilidad. Eso es mentira. Lo que quieren es hacerse multimillonarios. Y los gobiernos callan. Siempre callan. Pues al fin y al cabo los ministros y los presidentes de gobierno viajan en cómodos aviones de las fuerzas aéreas, como si fuesen dioses. Solo espero que llegue el día en que la gente se amotine. El día en que la segunda clase tome los asientos de 'priority'. El día en que los de segunda ya no seamos obedientes. El día en que digamos a las compañías aéreas que en segunda van a viajar ellos, los directivos de dichas compañías. Ese día se acerca.

 

Fotos

Vídeos