De viaje a quién sabe dónde

El PP dedica el fin de semana a 'agiornar' sus mensajes. El duelo entre Iglesias y Errejón amenaza con ser el principiodel fin de Podemos para inquietud en el PSOE. Y C's calla. Jamás la política fue tan volátil y el futuro tan imprevisible

De viaje a quién sabe dónde
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

La política española se ha subido definitivamente al autobús y no para de consumir kilómetros con destino a vaya usted a saber dónde. La situación general no era posiblemente tan volátil y el futuro tan imprevisible desde las primeras elecciones democráticas que se celebraron a la muerte del dictador Francisco Franco, cuyo desgraciado recuerdo sigue presente en nuestra vida pública.

El nuevo-viejo Partido Popular de Pablo Casado celebra todo este fin de semana cónclave para 'agiornar', para actualizar sus mensajes políticos, que no para revisar a fondo su oferta ideológica. Esa tarea quedará, si es que queda, para un próximo congreso.

Casado ha conseguido que le acompañen en la fiesta popular sus dos predecesores al frente del partido. Su idolatrado José María Aznar, reascendido a los cielos del partido por el 'casadismo', y un Mariano Rajoy cuya herencia, en cambio, ha sido rápidamente orillada por quienes ocupan los despachos principales en la sede de la calle Génova.

Eso sí, no habrá foto conjunta al mejor estilo norteamericano. Cada líder comparece en días diferentes. ¿Razón? Su pública y manifiesta animadversión, por más que Javier Maroto haya pretendido edulcorarlo asegurando que se ha perseguido rentabilizar de la mejor manera posible su presencia en el cónclave. Ya saben, cada día una foto en instagram y un tuit. También ha comparecido la exvicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, la rival a la que Casado batió en la batalla por el liderazgo conservador.

Casado ha podido personarse ante los suyos con el traje de ganador tras conseguir arrebatar al PSOE su feudo de Andalucía. Pero da la impresión de que la chaqueta le hace unas cuantas arrugas.

Tal vez sea por el batacazo que se dio el PP en la comunidad más poblada de España, por más que la elección como presidente del conservador Juan Manuel Moreno Bonilla, gracias al apoyo de Ciudadanos y de los ultraderechistas de Vox, haya tapado la pérdida de un tercio del electorado. O tal vez porque el PP con Aznar y con Rajoy fue durante años por sí mismo la alternativa de centroderecha a la izquierda, y ya no lo es.

Me temo que me lo van a tener que explicar unas cuantas veces si quieren que entienda que el PP se está levantando cuando la realidad es que hoy asume que va a necesitar en muchos lugares de las otras dos derechas, de Ciudadanos y de los ultras del alavés Santiago Abascal, para hacerse o conservar el poder, cosa que antes no sucedía. Sinceramente no sé dónde me pierdo.

Lo cierto es que Casado, Teodoro García Ejea, Maroto y compañía transmiten estar de subidón. Ya veremos si siguen igual tras las elecciones europeas, locales y autonómicas en las comunidades no históricas si, como auguran algunos sondeos, los populares se convierten en una fuerza extraparlamentaria en lugares como Navarra. Nada extraño si tu líder nacional proclama a los cuatro vientos que el euskera -la 'lingua navarorum' de que hablaban los romanos- es algo «ajeno» a la comunidad foral.

Las llaves

Cada día que pasa parece un poquito más claro que éxitos y desilusiones dependerán de que C's y Vox repitan o no su espectacular resultado andaluz. Amén de la política de alianzas de los de Albert Rivera. Si hay 'sorpasso' naranja en más de una comunidad o gran ayuntamiento, o pacto de los liberales con los socialistas, los sonrientes rostros que exhiben este fin de semana los jóvenes líderes populares se helarán.

Eso sí, es dudoso que si las derechas suman mayoría en Madrid los 'naranjitos' pacten con el PSOE. Y ello por más que los de Rivera fueron empujados a la política nacional desde importantes ámbitos para ser el complemento bien del PP o de los socialistas, y cerrar el paso a Podemos. Al estilo del papel que los liberales jugaron durante años en Alemania.

La tormenta entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón parece poner un poco más cerca ese triunfo de las derechas en la Comunidad de Madrid. El planteamiento de Errejón -no separarse ni un segundo de la alcaldesa Manuela Carmena- parecía absolutamente acertado para mejorar sus expectactivas electorales como candidato regional de Podemos. Hacerlo de espaldas y contra el criterio de la dirección, aunque a su vez no hubiera parado de ponerle chinas en el camino, es lo que le quita la razón.

Veremos cómo acaba esa guerra. Puede ser el principio del final de Podemos. Al menos como partido que hace nada aspiraba a sobrepasar al PSOE y luego a gobernar en coalición con ellos.

En tiempos menos convulsos que los actuales, en Ferraz estarían felices de ver cómo se desangra su alternativa por la izquierda. Hoy reina la inquietud en las filas socialistas hasta comprobar si esa batalla cainita convierte a la formación morada en otro PCE, en otra IU, y el PSOE recupera decenas de miles de votos perdidos. O si deja en casa, como en Andalucía, a cientos de miles de votantes progresistas y las derechas recuperan nuevos espacios de poder para hacer quién sabe qué políticas.

Porque esa es la otra gran interrogante. La verdaderamente importante. No tanto quién gobierna dónde sino para hacer qué. Eso difícilmente lo veremos en Andalucía antes de los comicios de mayo. Habrá que esperar hasta después. Siempre, claro está, que Vox salga desde ya por peteneras. Que no parece.