Urgencias electorales

Urgencias electorales
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Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Es posible que el denso clima preelectoral que se respira en la España de los bloques (ya saben, la de los balcones, la de las magdalenas y las que quedan por destaparse) no se esté notando tanto, de momento, en la escena vasca. No hay insultos, no vuelan los cuchillos. En Euskadi no existe ya la dicotomía frentista, sino un panorama fragmentado y plural, con un PNV fuerte, y una cultura interiorizada de acuerdos transversales que suele suavizar, especialmente desde que ETA desapareció para siempre de nuestras vidas, el tono del enfrentamiento dialéctico. No obstante, como suelen recordar nuestros políticos, no somos una isla ni un oasis y los partidos se mueven aquí, como en todas partes, por los impulsos que las urnas envían a sus maquinarias. O sea, con la calculadora en la mano. Y el peso de las urgencias electorales empieza a dejarse sentir.

Veamos. Hasta cuatro consejeros se sentaron ayer en la mesa del portavoz (él incluido) del Gobierno vasco, una fotografía poco usual. ¿La razón? Transmitir la idea de que, pese a su debilidad parlamentaria, el Ejecutivo no solo se mueve, sino que lo hace además en clave social. Paradójicamente, los dos partidos que comparten gobierno, aunque competidores frontales el 28-A, tuvieron su cuota de protagonismo. El PNV habló de prestaciones farmacéuticas. El PSE, de un programa para proteger a las personas en riesgo de desahucio. Ambos tienen claro que el grueso del electorado vasco al que ellos aspiran se mueve en el espectro del centroizquierda.

El que está todavía más a la izquierda se lo disputarán un Podemos que, al menos, ha sido capaz de cerrar sin demasiado ruido sus listas y una EH Bildu que no parece tener problemas para conservar su parroquia más fiel pero sí para crecer. Al votante desideologizado y cabreado es al que, curiosamente, puede aspirar a llegar en estas elecciones un PP vasco notablemente perjudicado por el discurso centralista y regresivo de Pablo Casado, que choca con su propio pasado reciente. Para conjurar el desaguisado, no resulta creíble erigirse en adalid de la moderación y la estabilidad cuando la estrategia de la dirección nacional les obliga incluso a cuestionar el Estatuto. Por eso, el partido ha abrazado el discurso que explota el hartazgo de parte de la sociedad con el modelo de la RGI o la llegada masiva de 'menas'. Es paradójico que Borja Sémper, en cambio, presente su candidatura a alcalde de San Sebastián sin siglas y con un vídeo en el que aparecen dos jóvenes del mismo sexo besándose. Cada uno elige sus armas para la contienda pero las costuras salen a la luz.

El problema para el PNV -y, de rebote, también para el PSE- es que el consejero de Salud, uno de los que ayer ocupaban asiento en la mesa del portavoz, puede acabar políticamente sacrificado por esas mismas urgencias que a todos acogotan. Jon Darpón siempre ha sido uno de los puntales del Gobierno y del lehendakari, que sigue creyendo en él. No obstante, Iñigo Urkullu también está haciendo la reflexión de si mantener al consejero en su puesto tras el fraude en la OPE de Osakidetza puede equiparar al PNV con esa política marrullera española de la que dicen huir. Es posible, que, en aras a esa rectitud 'a la vasca' de la que presume el PNV, Darpón dé un paso al lado. Euskadi está en campaña.