Unidad frente al terror

Las discrepancias en un sistema democrático, por profundas que sean, no pueden debilitar los cimientos de las grandes libertades

Varios agentes de los Mossos y peatones atienden a las víctimas del atropello de Las Ramblas, en Barcelona./EFE
Varios agentes de los Mossos y peatones atienden a las víctimas del atropello de Las Ramblas, en Barcelona. / EFE
ELCORREO

El próximo viernes se cumple un año del atentado terrorista en Cataluña, que el 17 de agosto causó 15 muertes al arrollar una furgoneta sin control a la muchedumbre en La Rambla de Barcelona y en la madrugada del 18 provocó en Cambrils una dramática segunda parte, al ser abatidos por los Mossos cinco terroristas que habían atropellado y acuchillado a seis personas, una de las cuales murió. El día del aniversario habrá en la plaza de Cataluña de Barcelona una concentración organizada por el Ayuntamiento, sin discursos de las autoridades para dar toda la relevancia a las víctimas y sus familiares. En Cambrils se inaugurará un memorial por la paz. Habrá, asimismo, un homenaje a Forn, conseller de Interior cuando los atentados y actualmente en prisión preventiva por el 1-O en la cárcel de Lledoners. Y el jefe de los Mossos que repelió la agresión, Trapero, también inculpado por el intento de secesión, ha pedido que no se utilice su imagen en estos actos. La unidad de los demócratas frente al terrorismo de cualquier signo -en esta ocasión es el islamismo radical y hasta no hace mucho era el de ETA- es la clave del arco del Estado de Derecho, que tiene en la violencia indiscriminada y fanática su principal enemigo.

Es, pues, lógico que las autoridades de las diferentes instituciones -municipal, autonómica y estatal- estén presentes en los actos simbólicos de repudio a esta lacra. Y el día 17 estarán en Cataluña, acompañando al pueblo catalán, el rey Felipe VI, jefe del Estado, y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, junto a los principales representantes de las instituciones catalanas. Sería una bajeza que alguno cayera en la tentación de aprovechar los actos que reivindican la paz y la convivencia para defender intereses políticos partidistas. Instituciones soberanistas como Ómnium Cultural y la Asamblea Nacional Catalana, cuyos líderes están incluso en prisión por su participación en el 1-O, han tenido el acierto de separar los reproches al Rey de la conmemoración de los atentados, y lo mismo ha hecho Sociedad Civil Catalana. Solo Torra, colgado de los hilos que lo guían desde Bruselas, mantiene la ambigüedad, aunque en ocasiones anteriores su rechazo a la Corona no ha sido obstáculo para que compareciera junto a ella cuando el protocolo lo exigía. En un sistema democrático como el nuestro, las discrepancias, por profundas que sean, no pueden debilitar los cimientos de las grandes libertades.

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