Tratado de límites

Cuando los dos que discuten se mienten no puede hablarse de engaño

Tratado de límites
EFE
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Cuando los dos que discuten se mienten no puede hablarse de engaño. Tanto Torra como Sánchez han preferido jugar como lo que son a jugar como caballeros. El presidente del Gobierno necesita investirse como alguien abierto a todas las posibilidades, incluso a las que están cerradas, y el nacionalismo catalán sigue creciendo. No sabemos si los que aplauden ovacionan a los que pitan, porque la ceremonia de la confusión no necesita sacerdotes. Al presidente Sánchez se le acusa de favorecer al independentismo, que no necesita que le hagan más favores en Cataluña. El fragmentado duelo entre Sánchez y Torra no tiene cariz de apuntar a un vencedor, porque ambos se nutren de derrotados, ya que sus presuntos derechos deben acoplarse a la Constitución.

¿Dónde ha quedado 'el diálogo sin cortapisas'? Los politólogos, que son más abundantes que los políticos, creen que la intransigencia nacionalista es la culpable. La llamada 'cuestión catalana' es la de todos los españoles.Creo que fue el emperador Tiberio el que dijo, cuando tenía un pie en la sepultura:«Si ejecuté bien la comedia de la vida, aplaudid». Mientras, el presidente Sánchez sugiere que él no ha tomado el poder sólo para gobernar, sino para quedarse, y nos recuerda otras aplicaciones del artículo 155, que tiene muchas, como los ungüentos. Habría que explorar las vía de acuerdo que no estén cerradas por los independentistas. Ya Puigdemont y Mas plantearon lo mismo, olvidando que sus presuntos derechos son anticonstitucionales. Lo que sí está claro es que el recorte de la desigualdad no ha llegado a los que 'disfrutan' de las rentas más bajas, que no es ningún disfrute, sino un sufrimiento muy parecido a la tortura.

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