TRAS LA TORMENTA

El nivel del agua llega hasta el debate municipal

Desbordamiento de la ria a su paso por Zorrozaurre./Ignacio Pérez
Desbordamiento de la ria a su paso por Zorrozaurre. / Ignacio Pérez
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Siempre he pensado que, en aras de una mayor exactitud, convendría revisar el refranero. Como hacerlo pormenorizadamente llevaría mucho trabajo, creo que podríamos arreglarnos añadiendo un simple «o no» al final de cada refrán. Por ejemplo: después de la tormenta, siempre viene la calma, o no.

Como ven, el refrán amplía así su alcance y eficacia. Porque tras la tormenta, en realidad, lo mismo llega la calma que su exacta antítesis: la oposición municipal. Es lo que acaba de pasar en Bilbao. Dos días de lluvias han inundado Zorrozaurre tres meses después de que la apertura del canal de Deusto hubiese transformado teóricamente la zona en un lugar mucho mejor preparado contra los desbordamientos. El beneficio hidráulico fue uno de los grandes argumentos utilizados por el gobierno para justificar la transformación de Zorrozaurre en una isla. Y las primeras lluvias han puesto eso en cuestión a cuatro meses de las elecciones municipales. Conclusión: además de algunos bajos inundados, lo que ha dejado el temporal tras de sí es un enorme argumento de campaña, uno que atañe además al proyecto estrella del Ayuntamiento.

Ayer, los grupos de la oposición dejaron claro que lo de la ría desbordándose en Zorrozaurre no es algo que vayan a pasar por alto. Aitziber Ibaibarriaga resumió diciendo que la denominada obra del siglo es «una chapuza». Carmen Muñoz decretó que, en lugar de Manhattan, Zorrozaurre parece Venecia, pero no por el turismo (aunque ayer leímos que ya vienen los japoneses vía Estambul), sino por el 'acqua alta'. Samir Lahdou optó por ese género siempre ofensivo y encantador que es la profecía a posteriori. «Cualquiera con cabeza lo veía venir».

Luis Eguiluz fue el más moderado en el tono, pero también quien señaló una de las claves más preocupantes de todo este asunto. «Si se ha apostado porque la gente vaya a vivir a Zorrozaurre», dijo, «hay que darles seguridad». Otra forma de verlo es que hay que darles confianza porque, a la hora de comprar un piso, ya tiene uno suficiente aventura con la hipoteca. La gente no suele incluir las crecidas del río en su proyecto de vida. Que en Zorrozaurre algo tan importante como la confianza pueda quedar al albur de la meteorología no parece buena idea. Habría que resolverlo teniendo claro que más vale prevenir que curar, o no.