La traición de Errejón

La jungla política es tan cruel entre los progresistas como entre los conservadores, como ha quedado demostrado en la crisis de Podemos

Íñigo Errejón./Ángel Díaz / EFE
Íñigo Errejón. / Ángel Díaz / EFE
Juan Carlos Viloria
JUAN CARLOS VILORIA

En política profesional la hipocresía y la traición son moneda de uso corriente. La historia desde César y Bruto, Felipe González y Rodolfo Llopis, Adolfo Suárez y Miguel Herrero de Miñón, Xabier Arzalluz y Carlos Garaikoetxea, está plagada de puñaladas por la espalda. Incluso se sostiene que la traición es un peldaño obligado para alcanzar el poder. Pero al público nunca deja de sorprenderle y conmocionarle el espectáculo de la sangre tibia corriendo por la espalda del líder después del abrazo fraterno del camarada. Impacta porque no queremos admitir que la moral de los que se dedican a la política no coincide con los códigos sociales y familiares de la calle. Y, porque, habitualmente los políticos están sobrevalorados en su perfil ético.

Así que la operación diseñada por Íñigo Errejón en la comunidad autónoma de Madrid contra su colega, amigo y jefe, Pablo Iglesias, nos ha devuelto a la realidad de la jungla política. Tan cruel o más entre los progresistas que entre los conservadores. Esta vez el Bambi se ha comido al león. El 'pagafantas' le ha chuleado al macho alfa. Porque la traición de Errejón desde su rostro inocente, cínicamente inocente de conspirador, ha alcanzado unas cotas de sadismo y ensañamiento inéditas en la política televisada en directo.

Las formas con que Errejón ha revestido el relato de su traición merecen un capítulo aparte en la frenética ciclogénesis de la política española de los últimos años. Maniatado el jefe en su ejemplar baja laboral cuidando la prole, Íñigo le comunica que ha decidido «hacerle un favor». Y como coincide que Podemos ha derrapado en las últimas elecciones andaluzas, él ha decidido, por su cuenta, para ayudar a la causa, dejar de encabezar la lista por la Comunidad de Madrid y pasarse a las filas de Manuela Carmena en Más Madrid.

Eso sí, todo por ayudar. No fue cosa de programa, ni de nuevos proyectos políticos. Solo cuestión de imagen, vino a decir. Todo comunicado en entrevistas milimetradas. Y, adoptando un papel de víctima que tuvo la virtud de sacar de sus casillas a Juan Carlos Monedero y Pablo Echenique. Que tampoco es tan difícil. Errejón, paradójicamente, actuó contra Pablo Iglesias en el momento en que el líder de Podemos estaba llevando a la práctica el 'errejonismo' pragmático. Es decir, el pacto con Pedro Sanchez.

El consorte de Irene Montero llegó a hacer incluso el trabajo sucio para el presidente del Gobierno mendigando por las cárceles de los dirigentes presos del 'procés' el apoyo de los independentistas a los Presupuestos Generales del Estado. En ese momento el bueno de Íñigo aprovechó para tomarse su plato frío. La operación fue tan perfecta, que Iglesias, que en el primer momento llamó traición a la traición, se vio tan acosado por la mala imagen en la opinión pública y entre los inscritos que se enmendó a sí mismo afirmando que Errejón será «un aliado».

Y en una jugada de alcance todavía por ver, hizo dimitir a su hombre de confianza, Espinar, para equilibrar el barco. Un mensaje bastante alambicado: Errejón dimite porque soy muy radical y Espinar dimite porque soy blando. «Hay puñales en las sonrisas de los hombres, cuanto más cercanos, más sangrientas».