Torrente ya no mola

Torrente ya no mola
OSKAR BELATEGUI

Cuenta Javier Gurruchaga que ya no canta en los conciertos 'Ellos las prefieren gordas'. Loquillo también hace mucho que ha eliminado de su repertorio 'La mataré', un tema que Sabino Méndez escribió en 1987 como denuncia del maltrato. La audiencia de Radio 3, la emisora progre de la época, así lo entendió y la eligió canción del año. Nadie se atreve hoy a tensar los límites de lo políticamente correcto. Quizá por eso el humor haya quedado reservado a la medianoche en un canal de pago con Buenafuente y David Broncano. Menos mal que nos quedan los especiales que Netflix produce con un sinfín de humoristas estadounidenses. Tan salvajes como Ron White, cuyos chistes difícilmente encontrarían acomodo en un canal español.

Si Faemino y Cansado, o más bien sus alter egos Arroyito y Pozuelón, aparecían en escena con un copazo de coñac, Ron White pimpla un whisky tras otro al tiempo que sostiene un puro que inunda de humo el escenario. Su nuevo show arranca con una frase referida al alivio que se experimenta en el váter y prosigue con andanadas contra sus exposas, las mujeres con burka y los paletos de Tejas. «He bebido tanto que al dorso de mi carné de conducir hay una lista de los órganos que necesito», suelta con voz de borracho pasándoselo en grande en Las Vegas.

White pertenece a la tradición de 'stand up comedians' o monologuistas a los que les trae al pairo la corrección política. De Bill Hicks a Ricky Gervais, la mordacidad hiriente incomoda en un país como el nuestro, donde el humor tiende a ser blanco para llegar a la mayor cantidad de público posible. Donde José Mota es el adalid del surrealismo llevado al costumbrismo. Pocos nombres del boom del Club de la Comedia, con los Joaquín Reyes y compañía, se apuntan al lado salvaje, a excepción de Ignatius Farray, que hace de las suyas en el programa de radio 'La vida moderna'. White se ríe hasta de su detención por posesión de marihuana hace unos años. Su pose machista y soez parece ya fuera de época en un tiempo donde Santiago Segura no podría volver a resucitar a su Torrente, otro espejo de lo peor de nuestras esencias que sería despachado como un dinosaurio que realiza una apología de lo que precisamente hace sátira.