Toque de lavanda

Plantas aromáticas combatirán el mal olor de la depuradora de Galindo

La depuradora Galindo./
La depuradora Galindo.
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Las plantas nunca fallan en términos decorativos. Colocas una en el interior de una habitación y ya parece otra cosa. Además de colorido, las plantas ofrecen una sensación de vida. Y, gracias a la liberación de oxígeno durante la función fotosintética, posibilitan directamente la vida en entornos de precaria ventilación y gran ignominia: pisos de estudiantes, habitaciones de informáticos, guaridas de guerrilleros fanatizados.

Algo de esto han debido de pensar en el Consorcio de Aguas. Van a combatir el mal olor que desprende la depuradora de Galindo con una ofensiva vegetal de primer orden. La idea consiste en llenar las cubiertas que van a instalarse sobre las piscinas de la depuradora con plantas aromáticas. Sobre esas cubiertas crecerá salvia, santolina y lavanda. Bajo la cubierta, ya sabemos lo que habrá. Lo mismo que hasta ahora: las aguas residuales producidas por un millón de vizcaínos. He ahí una materia necesariamente problemática en lo tocante a los olores.

El proyecto del Consorcio es caro y ambicioso. Va a probarse con una de las piscinas de la depuradora. Si la cosa funciona, se cubrirán del mismo modo las otras cinco balsas. Los beneficios que se persiguen no son solo olfativos, sino que también son visuales. Cuando la piscina esté cubierta y florida, desde la distancia se verá algo parecido a un campo de lavanda. Así lo explican en el Consorcio de Aguas y al alcalde de Sestao le ilusiona la idea. No parece temer que, con los nuevos campos de lavanda, surjan malentendidos entre Sestao y la Provenza. Parece un riesgo que puede afrontarse. Todo estará bien si los vecinos consiguen por fin respirar un aire más perfumado que corrompido.

Una vez resuelto el asunto por el lado de los humanos y los políticos, creo que solo queda ocuparnos de las plantas. Hace unos días, la revista 'The Atlantic' daba cuenta de las investigaciones de científicos israelíes sobre su capacidad de comunicación. No parece por ahora nada demasiado contrastado, pero los israelíes hablan de plantas que emiten sonidos para transmitir información. Como resulte que las plantas al final charlan y consigamos descifrar su lenguaje, me temo que vamos a comprobar cómo las que terminen creciendo precisamente sobre las aguas residuales del 40% del País Vasco -estando ahí Urdaibai- nos van a llamar de todo.

 

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