TOGA SALVAJE

Se reincorpora el juez suspendido por acumular cientos de sentencias sin dictar

TOGA SALVAJE
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Termina la vista del juicio del 'Procès' y no sabe uno qué podrá hacerse ahora en España para entretener las mañanas. ¿Trabajar? Han sido cuatro meses interesantes, especialmente para quienes no estamos familiarizados con los procesos judiciales. Detectándonos el entusiasmo, los amigos que frecuentan los juzgados nos han llamado a la calma: «No pienses que todos los juicios son así y que todos los jueces son Marchena».

¿Ah, no? Pues deberían. Ese hombre ha hecho un despliegue de calma, autoridad y precisión, manteniendo durante cuatro meses las formas en la sala entre la cortesía y la ironía, como una sobremesa en Downton Abbey. Le han salido a Marchena incluso clubes de fans. Y se entiende. Había que verle rogando a las defensas que no se apartasen del «núcleo fáctico temático» o pidiéndoles que adelantasen «como referencia inspiradora» el tiempo que iban a emplear para tal o cual cuestión. Cómo olvidar ese momento en que el abogado Homs le agradeció con retranca una sugerencia al tribunal y Marchena, que estudió en Deusto, pulsó el botoncito de su micrófono para resituar la situación en términos jerárquicos, pero sin abandonar la floritura: «Señor Homs, yo le digo que se lo sugiero para que usted me entienda, pero no es una sugerencia».

¿No es la «suavidad guiada por la prudencia» que le recomendaba Don Quijote a Sancho a la hora de juzgar pleitos? Su exacto reverso sería una actitud «prepotente, despótica, humillante, vejatoria y desconsiderada». Son adjetivos que encadenan quienes han trabajado con el juez que primero fue sancionado, y después apartado de la carrera, por acumular doscientas sentencias sin dictar y dejar el Juzgado de Instrucción número 1 de Barakaldo «en un clamoroso estado de desorden». Entre otras cosas. Bueno, pues igual vuelve.

Sucede que un juez utilice en público el verbo «empaquetar» y llame a los letrados con una campanilla no significa que no sepa muchísimo de leyes. Y nuestro juez ha llevado lo suyo hasta el Supremo y el Constitucional, ganándole por la mano al Consejo General del Poder Judicial y consiguiendo que se le reincorpore a la judicatura. Ahora mismo, espera destino. Cómo será la cosa que ya hay quien escucha su campanilla en los juzgados de Bizkaia. Tin, tin, tin. «Tememos que pueda regresar».

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