Solo por malversación

EDITORIAL

Cataluña y España harían bien en olvidarse de Puigdemont y volcarse en asentar un futuro común

Carles Puigdemont./EFE
Carles Puigdemont. / EFE
EL CORREO

La Audiencia de Schleswig-Holstein ha rechazado conceder la extradición de Carles Puigdemont por un presunto delito de rebelión, pero considera admisible su entrega por malversación. Según el tribunal alemán, los hechos descritos en el procesamiento del expresidente de la Generalitat no corresponden al delito de alta traición recogido en el Código Penal de aquel país, dado que no concurrieron los actos de violencia imprescindibles para tal consideración. Lo previsible es que la Fiscalía lleve a término la extradición por malversación de caudales públicos en ejecución de la euroorden. Pero a Puigdemont le queda la posibilidad de recurrir su entrega en amparo al Tribunal Constitucional alemán, lo que prolongaría su estancia en Berlín durante varios meses más. Tan abierto cuestionamiento judicial de que en Cataluña hubieran tenido lugar actos asimilables al delito de rebelión y análogos puede poner en entredicho la vigencia efectiva de la euroorden y del espacio Schengen, en una Unión atravesada de infinidad de contradicciones y desavenencias sobre la propia realización del Estado de Derecho.

Pero ni siquiera el revés que las resoluciones de un tribunal regional alemán ha supuesto para la autoridad del Supremo español debería conducir a las instituciones de nuestro país a denunciar a brochazos las fallas de la cooperación europea en materia de Justicia. La dignidad de la democracia española no puede resentirse a causa de discrepancias entre los criterios de nuestro Alto Tribunal y los de instancias jurisdiccionales del mismo o de un menor rango en otros países de la UE. El presidente Sánchez quiso terciar en la diatriba suscitada recordando que los responsables de los acontecimientos que rodearon el 1-O acabarán siendo juzgados en España. El expresidente Puigdemont y el presidente Torra saludaron la inadmisión del delito de rebelión por parte de la Corte de Schleswig-Holstein como un triunfo contra «la principal mentira», en referencia al delito de rebelión. Pero lo importante es que los nuevos responsables de la Generalitat no incurran en actuaciones que emulen la crónica independentista de septiembre y octubre de 2017. Las fintas procedimentales a las que pudiera recurrir el juez Pablo Llarena para afrontar una contrariedad prevista pierden relevancia. Lo que importa es que Cataluña y España se vayan olvidando de Puigdemont y se preocupen de asentar un futuro común.

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