Serpiente peligrosa

Lo de Hondarribia no era una víbora letal, sino una broma

Vista de Hondarribia desde una avioneta de Easoflyers./Easoflyers
Vista de Hondarribia desde una avioneta de Easoflyers. / Easoflyers
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

La idea general hacía pensar en la sinopsis de una de esas novelas prefabricadas con misterio y toque autóctono: una víbora de Gabón se esconde en el idílico paisaje de Jaizubia. Como suele pasar, todo era al final algo incluso peor: una broma.

Las versiones son algo confusas, pero el caso es que unas amigas se presentaron el miércoles en una comisaría de la Ertzaintza en Hondarribia enseñando una fotografía en el móvil: «Hemos visto este bicho mientras paseábamos por las marismas...»

La alerta se disparó al comprobar que el bicho de la foto era una víbora de Gabón. La serpiente más grande y venenosa del mundo. Puede llegar a pesar doce kilos. Puede llegar a matar a un elefante. «Tiene veneno como para matar a treinta personas», advertía ayer la prensa guipuzcoana, temiéndose qué podía llegar a hacer el animal cuando descubriese que en Hondarribia, por la razón que sea, no hay ni un solo elefante.

Los titulares de prensa no eran especialmente alarmistas. Solo se hacían eco de una alarma que ya estaba del todo extendida a golpe de 'whatsapp'. Mientras tanto, la zona se acordonaba, los expertos en serpientes de la Sociedad Aranzadi rastreaban la maleza y la Policía se temía que, si la cosa se ponía fea, no iba a ser fácil acertarle en la cabeza a un vipérido escurridizo. Al otro lado del cordón policial, unos carteles maravillosos: «Atención: serpiente peligrosa».

Fue ayer cuando la Ertzaintza descubrió que la foto no había sido tomada en Hondarribia. Se trataba de una broma, no se sabe si de consumo interno entre las amigas o si de ambas amigas hacia el mundo. En cualquier caso, la Ertzaintza comunicó ayer que a alguien se le va a imputar la comisión de un delito penal. Entre tres meses y un año de cárcel.

Se entiende que ese delito tiene que ver con el falso testimonio, la movilización de recursos ocasionada y la alarma que se ha generado. Estamos ante otro de esos casos en los que al legislador le ha faltado ambición. El Código Penal debería perseguir el simple hecho de gastar bromas, especialmente a partir de un mínimo grado de sofisticación: ese rollo 'Inocente, inocente'. Quienes disfrutan ejecutándolas se distinguen por un claro perfil perverso y antisocial. Que no digo yo que merezcan estar todos en la cárcel. Por supuesto que no. ¿Estamos locos? Lo que sí merecen es que la Policía los persiga un poco.