La seriedad de Tabarnia

La seriedad de Tabarnia
Iñaki Ezkerra
IÑAKI EZKERRA

No es un proyecto ideológico consolidado, pero tampoco una simple boutade: segregar, de la autonomía catalana, las comarcas metropolitanas de Tarragona y Barcelona que se han mostrado el 21-D más reacias a la segregación y que son las más prósperas, las que están pagando el pato nacionalista. Tabarnia es una reacción a la tabarra secesionista y sería la secesión de la secesión. Yo creo que esa colorista iniciativa surgida espontáneamente de la ciudadanía harta es un fenómeno que no se está enfocando de forma correcta en el debate político. Se habla de su consistencia o su inconsistencia, de su profundidad de calado o su frivolidad, de su viabilidad o su inviabilidad. Se contempla, en fin, con una lupa que no se ha utilizado en cuatro décadas para mirar a nuestros extravagantes nacionalismos periféricos. Y es que la cuestión no es si Tabarnia va en serio o no. La cuestión es que, si se toma en serio -como se ha tomado y aún se toma- al nacionalismo catalán después del numerito internacional que nos ha organizado, debe hacerse con Tabarnia otro tanto.

De momento, lo único que aquí se ha evidenciado como inviable es la secesión, la nación independiente, o sea el proyecto fundacional de los nacionalismos vasco y catalán, aletargado y despertado de manera recurrente, según las necesidades e intereses tácticos de estos, a lo largo de la etapa democrática. Y de ese hecho evidente, de esa inviabilidad sobre la que se ha pronunciado no ya solo al TC o el Gobierno sino todo quisqui, deben hacer acuse de recibo no ya solo los nacionalistas catalanes sino también los vascos aunque se comporten como si no pasara nada cuando sí pasa. Pasa que se les ha hundido su razón histórica de ser. Otra cosa es que sean expertos en hacer de la necesidad virtud y que estén logrando reforzar su ideología a base de distanciarse de su aplicación en el caso catalán, que no les quitaría la razón sino que se la daría según una extraña lógica que vende como un valor que no hagan lo mismo aunque defiendan lo mismo.

Hablamos mucho de la igualdad, pero esta empieza por el reconocimiento del derecho a la extravagancia en todos los ciudadanos, no solo en los nacionalistas. Soy consciente de que, al plantear así el asunto, les hago una concesión a estos últimos, pues no resulta obvio que sea extravagante cualquier iniciativa que tenga por objetivo cortarle al independentismo la mayonesa o la salsa rosa, como es la propuesta de un referéndum tabarnícola que, además, sería constitucional. De acuerdo. Quedémonos en una apología de mínimos: la seriedad de Tabarnia debe ser directamente proporcional a la que le concedemos al nacionalismo. Uno de los éxitos de este tanto en Cataluña como en el País Vasco es el de haberse sabido presentar como una realidad monolítica. Tabarnia, como Álava en su día para el Plan Ibarretxe, cuestiona esa ficción.

 

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