secretos de estado

Una escena de la serie./Telecinco
Una escena de la serie. / Telecinco
Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDA

El pasado miércoles la realidad nos presentaba una trepidante serie en la que el presidente del Gobierno veía cómo la legislatura se le escapaba de las manos por culpa de los mismos grupos parlamentarios que meses atrás lo habían aupado a ese cargo. Este argumento se desarrollaba con dos tramas más de fondo: por un lado, el juicio a varios representantes políticos acusados de rebelión, y por otro, el escándalo de un exministro recién salido de la cárcel en el centro de un entramado de sociedades con testaferros. La serie no perdía el ritmo en ningún momento, el guion daba giros notables constantemente y todos los actores destacaban en sus roles (hasta los más secundarios, como esa diputada canaria a la que no se le ocurrió nada mejor para menospreciar a la ministra de Hacienda que hacer de menos un barrio sevillano). No falló ningún ingrediente.

Ese mismo día por la noche Telecinco estrenó otra ficción política, a la que llamó 'Secretos de Estado' y que resultó bastante menos interesante que la anterior. Es verdad que hacer frente a la realidad es una empresa complicada en la actualidad, algo que solo pueden acometer las mentes más privilegiadas. Y los responsables del último título de la cadena de Mediaset no debieron de estar muy inspirados el día en que lo escribieron. Solo así se explica tal cantidad de tópicos, secuencias sin más función que la de hacer relleno, interpretaciones exageradas y conflictos incomprensibles y fuera de lugar.

'Secretos de estado' es una serie mala, pero, eso sí, con mecanismos (culebronescos) capaces de enganchar a un determinado espectro de público. De hecho, su primer capítulo logró ser líder de audiencia. Esto no es ninguna anomalía. Ficciones malas las tiene cualquier industria (la francesa, la inglesa e incluso la norteamericana). A ver si ahora nos vamos a creer que todo lo que se produce en el mundo son 'The Wire', 'The Americans' o 'El método Kominsky'. De eso nada. Series infumables se estrenan prácticamente cada día en cadenas en abierto y de pago, y conviven en armonía con otros trabajos sobresalientes. No pasa nada. No hagamos dramas.