Samir Amin y la desconexión

Samir Amin./E. C.
Samir Amin. / E. C.
DANIEL REBOREDO

El domingo 13 de agosto murió en París el último representante del grupo marxista de posguerra que tanto aportó a la teoría económica marxista y a la interpretación del capitalismo y las desigualdades tras la Segunda Guerra Mundial. Nos estamos refiriendo al egipcio Samir Amin, uno de los pensadores neomarxistas más influyentes de su generación que dedicó gran parte de su obra al estudio de la relación entre las potencias económicas mundiales y los países subdesarrollados y al análisis de un capitalismo al que siempre cuestionó y cuya supervivencia sin crecimiento vio imposible. En su tesis doctoral, titulada 'Los orígenes del subdesarrollo, la acumulación capitalista a escala mundial', atisbamos ya la agresividad que él mismo acentúa según se descompone y la desigualdad que ello genera. En ella se recoge también lo que fue una constante en su producción literaria, la relación centro-periferia, en cuyos estudios participaron también tres correligionarios ya fallecidos del mencionado grupo, Paul Baran (corrigiendo las viejas ideas de obstrucción total de la industrialización y situando la principal diferencia entre el centro y la periferia en la utilización del excedente), Paul Sweezy (definiendo los mecanismos de apropiación, señalando el estancamiento del capitalismo y anticipando el nuevo rol imperial de EE UU), y Ernest Mandel (desarrollando las teorías sobre las ondas largas del ciclo económico y estudiando la dinámica fluctuante del intercambio desigual). Todos investigaron en un período de reconstrucción pos-bélica y expansión capitalista, que amplió la brecha entre las economías avanzadas y las atrasadas.

El economista egipcio reflexionó sobre la naturaleza connatural de la acumulación, como consecuencia de la inmovilidad del trabajo ante la movilidad del capital y las mercancías; estudió las tasas de explotación superiores y las transferencias de plusvalía padecidas por la periferia; diferenció la polarización económica de la dependencia política y analizó el imperialismo colectivo gestionado bajo la protección norteamericana. La mayor parte de su obra la dedicó al análisis de las relaciones entre los países desarrollados y los subdesarrollados, las funciones de los estados en estos países y principalmente a los orígenes de esas diferencias, las cuales se encontrarían en las bases mismas del capitalismo y en una globalización acumuladora por naturaleza cuya lógica de expansión mundial produce en sí misma una desigualdad creciente entre los miembros del sistema y que, en el fondo, fue, y es, una coartada tras la que se oculta una ofensiva brutal del capital tras la caída de la URSS.

El fundador de la escuela de pensamiento 'Sistemas Mundiales' (junto con Emmanuel Walerstein, Giovanni Arrighi, Gunder Frank, etc.) planteó, en una de sus principales obras ('La desconexión', 1988) y como una de sus más arriesgadas propuestas, la tesis de la desconexión o lo que es lo mismo la necesidad de que los países subdesarrollados se desconectasen del sistema capitalista mundial, abandonando las cualidades, prácticas y valores del capitalismo.

El que fue uno de los intelectuales más importantes de la izquierda contemporánea plasmó todo su pensamiento en numerosas obras de las que cabe destacar, además de las ya citadas, 'La acumulación a escala mundial' (1970), 'El desarrollo desigual' (1973), 'Dinámica de la crisis global' (1987), 'Eurocentrismo' (1989), 'Los desafíos de la mundialización' (1997) y 'El capitalismo en la era de la globalización' (1998). El defensor de los estados parias del planeta acaba de desaparecer, pero la llama de su ideario político y filosófico será avivada por los continuadores de su obra.